Urge impulsar la generación de buenos empleos
Costa Rica enfrenta el desafío de crear condiciones que permitan a su población mejorar sus niveles de vida y salir de la pobreza. Tras una educación de calidad que forme y capacite en las habilidades que demanda el siglo XXI, la creación de oportunidades de emprendimiento y empleo formal se convierte en la herramienta más poderosa para lograrlo.
Sufrimos elevados niveles de pobreza, y las familias de ingresos medios están muy insatisfechas con su nivel de bienestar. Además, el total de personas empleadas es menor al que se registraba antes de la pandemia.
Como si eso fuera poco, frente a un escenario internacional incierto y volátil en parte por los profundos y desestabilizadores cambios en la política de Estados Unidos resulta fundamental fortalecer nuestra base interna. Mejorar el acceso a una educación pertinente y ampliar la oferta de buenos empleos deben ser prioridades nacionales.
Sin embargo, esta urgencia no parece compartida por todos los actores políticos. Algunos sectores privilegian intereses inmediatos por encima de las reformas necesarias para impulsar el empleo formal, con mejores salarios y plenas garantías laborales.
Tal fue el caso de los diputados del Frente Amplio, del Partido Liberación Nacional (PLN), algunos legisladores independientes y el candidato presidencial del PLN, quienes se opusieron recientemente a dar prioridad legislativa a la discusión del proyecto de ley sobre la jornada 4×3.
¿En qué consiste la jornada 4×3?
Este modelo propone una organización laboral en la que se trabajen cuatro días por semana, con jornadas de doce horas, seguidos de tres días consecutivos de descanso. La propuesta responde a necesidades de sectores productivos modernos, como el de zonas francas, que requieren esquemas más flexibles sin sacrificar derechos laborales.
En muchos casos, se trata de industrias que operan en ambientes atmosféricos controlados, donde cada cambio de turno exige restablecer condiciones que elevan significativamente los costos si se utilizan tres turnos en lugar de dos.
Lejos de precarizar el trabajo, esta iniciativa podría abrir nuevas oportunidades de empleo formal, especialmente en sectores tecnológicos y de manufactura avanzada, con salarios más elevados que los de otros sectores donde el país tiene buen potencial de crecimiento.
Negarse a debatir reformas como esta cierra las puertas a miles de costarricenses que buscan un empleo digno y bien remunerado. Es hora de pensar en el largo plazo y en el bienestar de las familias trabajadoras, más allá de cálculos electorales.
Un proyecto con más de dos décadas de historia
La jornada 4×3 no es una idea nueva. Surgió en el proceso de Concertación Nacional de 1998, cuando convocamos a decenas de organizaciones de la sociedad civil a construir una visión de país consensuada.
Uno de los temas que mi gobierno planteó entonces fue la defensa de las libertades sindicales. Para resolver una injusticia histórica que, además, era causa de constantes condenas a Costa Rica en la OIT por facilitar el despido de trabajadores que promovían sindicatos, propusimos un procedimiento judicial sumarísimo que impidiera esas prácticas.
La reforma procesal laboral para proteger la libertad sindical fue presentada a la Asamblea Legislativa entre 2001 y 2002, junto con el proyecto que proponía habilitar la jornada 4×3.
La reforma sindical dio paso años más tarde a la aprobación del Código Procesal Laboral. En cambio, la jornada 4×3 sigue esperando.
Su necesidad quedó clara en aquella época con la llegada de empresas como Intel y Abbott, que operan bajo condiciones técnicas que requieren jornadas continuas y eficientes.
Hoy, más de dos décadas después, seguimos sin adoptar una reforma que se ha discutido durante 23 años. Es hora de dejar atrás el cálculo político y actuar en favor del interés nacional.
Impulsar empleos formales de calidad es una responsabilidad compartida. Los trabajadores costarricenses merecen más que debates estancados: merecen decisiones valientes y políticas públicas enfocadas en su bienestar.