Somos hermanos y navegamos en la misma lancha
En este mundo, los costarricenses vamos en una pequeña lancha.
Navegamos en un mar agitado por el cambio de época y todas las incertidumbres y el desarraigo que nos produce esta inmensa transformación de nuestra sociedad, de nuestros conocimientos, de nuestras posibilidades y costumbres.
En ese mismo mar navegan grandes trasatlánticos, submarinos atómicos, yates de lujo y otras lanchas, unas más grandes y otras más pequeñas que la nuestra.
Las demás embarcaciones afectan nuestro rumbo, nuestra velocidad y las propias condiciones de las aguas. Su impacto en las condiciones de la economía, de la paz, del comercio, nos afecta. Los torbellinos del cambio de época que nos golpean son más peligrosos por esos efectos de las naves de otros países.
Y nuestra lancha avanza hacia las elecciones de febrero.
Por muchos años hemos atravesado procesos electorales. En muchos de ellos el debate ha sido intenso y las rutas a seguir planteadas por los diferentes partidos, muy diferentes. Pero íbamos en el confort de nuestra lancha.
A veces enfrentábamos tempestades a causa de nuestras propias decisiones, y a veces las peligrosas tormentas nos las traía el mar o las acciones de otros navegantes.
Pero las podíamos sortear confiados en la estructura de nuestra lancha. Por ello, los tripulantes y capitanes de otros buques admiraban nuestro recorrido.
Hoy nos acercamos a los comicios del año entrante con un panorama más incierto y confrontativo. Y se pone en riesgo la misma navegabilidad de nuestra lancha. El capitán y los oficiales que nos conducen proponen hacer cambios radicales y muy peligrosos a nuestra lancha, que podrían hundirla.
Estas dificultades nos obligan a actuar con especial cautela, con sagacidad, con moderación, pero determinadamente.
Debemos navegar esta campaña política recogiendo las mejores enseñanzas de nuestra gloriosa historia.
Nuestra historia es gloriosa no por las guerras, el poderío económico, ni por aportes inmensos al conocimiento de la humanidad.
Nuestra historia es gloriosa porque desde la pobreza colonial logramos avanzar a construir una de las tres democracias plenas de América, una sociedad apreciada por su paz y búsqueda de justicia, una nación a la que se reconoce una trayectoria ambiental admirable y porque no hemos tenido complejos para intercambiar bienes y servicios con las naves más poderosas.
No hemos sido de las naves más veloces del mundo, pero hemos avanzado más que muchas similares y aun de mayor calado. Y durante estos más de 203 años de navegación hemos podido ir mejorando las condiciones de nuestra lanchita.
Cuando partimos, supimos fijar rumbo y construir una visión de futuro que ha sido nuestra brújula. Lo hicimos en medio de diferencias profundas, pero las superamos con la armonía de nuestra primera carta de navegación, la primera constitución, a la que apropiadamente llamamos Pacto de Concordia.
Enfrentamos tormentas y fuimos atacados, pero gracias a la unión de los tripulantes vencimos cuando se quiso abordar nuestra lancha por los filibusteros.
Con unión y visión fuimos educando a la tripulación, atendiendo sus enfermedades, procurando solidariamente apoyo a los que lo necesitaban. Y durante nuestro recorrido fuimos tratando de mejorar la navegabilidad de nuestra lancha.
Hemos cometido errores, y algunas de las estructuras de nuestra lancha deben ser reparadas. Eso es así, pero para hacerlo no podemos correr el riesgo de hundirnos. Debemos mejorar la estructura de la lancha, la resistencia de su casco, la potencia de sus motores, la precisión de su timón, sin afectar la navegabilidad. Debemos proceder manteniendo el procedimiento que ha sido exitoso hasta ahora: poniéndonos de acuerdo en el rumbo y avanzando en medio de las diferencias entre los tripulantes.
En esta campaña política pongámonos de acuerdo en cómo mejorar las fallas de nuestra lancha. Hagámoslo sin permitir que los enfrentamientos entre los navegantes y su enojo con sus defectos terminen hundiéndola.
Preservemos las raíces de unión que se generan desde la independencia y no permitamos que las diferentes visiones nos dividan y pongan en peligro las estructuras fundamentales de nuestra república.