Un feliz reencuentro con la Orquesta Sinfónica Nacional, el Teatro Nacional y otros amigos
El pasado viernes 15 finalizó el juicio oral y público del caso de reaseguros. Esta fase procesal había empezado en agosto del año pasado, nada menos que 24 años después del inicio de las investigaciones sobre reaseguros que realizó el Ministerio Público en este caso.
No se si es un récord de Guinness, pero ciertamente es un caso extremo de duración de un proceso en Costa Rica, y en cualquier país más o menos civilizado. Y claro que estaba agotado tras un largo juicio en un interminable proceso y después de haber ejercido mi defensa material.
Estaba dispuesto a leer algo liviano, ver televisión y descansar.
Esa tarde me llamó mi amigo y gran abogado defensor Cristián Arguedas. No era para hablar del proceso. Fue para ofrecerme sus entradas del abono que tiene para llevar a sus hijos a disfrutar los conciertos de nuestra maravillosa Orquesta Sinfónica Nacional. Debido a otra actividad de su hija no iba a poder utilizarlos.
Claro que le dije que sí.
Por varios años Lorena y yo disfrutamos de esos conciertos. El viernes en que los había era un día muy especial para nosotros. Asistíamos acompañados de nuestra muy querida cuñada Linda Berrón, por lo que además de disfrutar de la velada musical, gozábamos de su linda compañía.
Por la enfermedad de Lorena ésta es la segunda temporada consecutiva en la cual no nos abonamos a esos magníficos conciertos.
No sabía cual era el programa para esa noche.
Linda y mi hermano, el Hermano Alvaro, me pudieron acompañar.
Claro que todo el evento estuvo revestido de profundo dolor y amarga nostalgia por la ausencia de Lorena. Mi amada esposa estuvo presente en cada nota de la orquesta, en el saludo a personas que por muchos meses no había vuelto a ver, en cada palabra de nuestras conversaciones. Pero su ausencia física fue abrumadora.
El concierto fue como si la Divina Providencia lo hubiese encargado especialmente para esa ocasión.
Las composiciones interpretadas fueron 4 obras de mi admirado amigo el extraordinario Maestro don Benjamín Gutiérrez y dos de su maestro el compositor argentino Alberto Ginastera, a quien debo confesar que no recordaba, o no conocía. La orquesta fue conducida por nuestro Maestro Eddie Mora y contamos con un magnífico solo de percusión del Maestro Bismarck Fernández.
Una sola nota de inconformidad. El muy insuficiente contenido del programa a disposición del público. Ni una palabra sobre don Benjamín ni sobre el Maestro argentino Ginastera. Sin indicación para el público de cuantos movimientos tiene cada obra, lo que es de gran beneficio para quien no la conoce o no la recuerda. Nada sobre las características musicales de cada composición para ilustrarnos y guiarnos a los ignorantes y ayudarnos a ir aprendiendo.
Disfruté muchísimo la oportunidad en un día tan especial de volver a estar sentado oyendo bella música en nuestro bello Teatro Nacional.
No estaba en los asientos de la butaca izquierda que por tantos años compartimos Lorena, Linda y yo. Estábamos de vuelta en la luneta donde habíamos disfrutado los conciertos en los primeros años de continuada asistencia.
El teatro estuvo muy concurrido. Eso me alegró muchísimo. Siempre me ha dolido ver la sala medio vacía, desperdiciando la oportunidad de que más personas, especialmente jóvenes, puedan disfrutar de las bondades de nuestra Orquesta Sinfónica, que, en mi ignorante, pero audaz criterio, entiendo es de un nivel muy elevada con relación a nuestra población y nivel de desarrollo económico.
No soy y no puedo pretender ser un conocedor de la música clásica. Tampoco lo era Lorena. Éramos simplemente capaces de disfrutarla. ¡Que duro hablar en tiempo pasado de mi esposa! Ella es presente y vida.
En el año 2000 tuve la gratísima oportunidad de entregar como Presidente al Maestro Benjamín Gutiérrez el Premio Magón, el mayor reconocimiento cultural que Costa Rica otorga. Don Benjamín es uno de los compositores, directores y pianistas más destacados de América Central.
Un premio muy merecido a quien ya había recibido todos los premios artísticos de su especialidad, y a quien nuestro país rinde merecido tributo por sus grandes creaciones.
Desde muchos años antes sentía una muy especial admiración y cariño por don Benjamín, y desde hace muchos años tengo enorme gratitud por el afecto que nuestro gran maestro me ha concedido.
De manera que encontrar que el concierto era celebración de su obra me conmovió mucho, como a Dios gracias lo pude externar a su querida señora esposa doña Vilma Contreras, pues el maestro Gutiérrez no pudo asistir a esa velada.
Fue una noche de dar gracias. Es hoy también día de agradecer.
A Dios por la vida, por Lorena, por la belleza y el arte, por la música. A los compositores e intérpretes por sus creaciones sinfónicas y por convertir las notas en belleza sonora. A nuestra Orquesta Sinfónica y a sus integrantes por su excelencia. A mis hermanos Alvaro y Linda por su compañía que me dio fortaleza para vivir sin Lorena esa experiencia. A Cristián por su amistad, su extraordinario profesionalismo y por las muy oportunas entradas.