Una larga tradición costarricense de cultura provida

Hoy 27 de julio es el Día Nacional “Vida Antes de Nacer”.

Al establecer esta festividad en 1999 mediante el Decreto Nº 28043-S junto al querido y recordado Ministro de Salud Rogelio Pardo qdDg no hicimos otra cosa sino dar continuidad a una larga tradición costarricense de respeto a la vida.

Tuvimos la bendición de nacer a la vida republicana sin necesidad de una lucha armada por la independencia, y la pobreza y el aislamiento de nuestra vida colonial nos dieron la inesperada ventaja de no tener fuerzas armadas importantes al final del dominio español y de no despertar, ni siquiera, el interés de las otras provincias de la Capitanía General de Guatemala. Eso nos libró de las luchas armadas entre los estados del norte de la que fue la República Federal de Centroamérica, con solo la breve interrupción provocada por la invasión del General Francisco Morazán.

Nuestro ejército creció desbordantemente para la Campaña Nacional y a pesar de las enormes pérdidas que sufrieron nuestros valientes antepasados en la guerra contra los filibusteros y sobre todo con el cólera, quedó con gran poder a consecuencia de su crecimiento numérico y la modernización de su armamento. Pero poco tiempo después los propios militares contribuyeron a disminuir su poderío y su influencia.

Después del golpe de estado de don Tomás Guardia en 1871 se dicta la carta magna costarricense de esa fecha. Tomás Guardia suspende su vigencia, pero el propio General Guardia, poco antes de su muerte el 26 de abril de 1882 restablece su vigencia y le introduce la reforma de su artículo 45 para establecer: La vida humana es inviolable en Costa Rica. Esta solemne declaración desde entonces y sin interrupción forma parte de nuestra normativa constitucional.

De esta forma Costa Rica se convierte en la tercera nación en la historia que elimina la pena de muerte, y además lo hace consagrando la inviolabilidad de la vida humana. Nos preceden Venezuela en 1864 y San Marino en 1865, y nos sigue Panamá en 1903.

Después del crecimiento del ejército durante el gobierno de Federico Tinoco, el ejército volvió a disminuir en número de efectivos y en recursos presupuestarios, hasta su eliminación en la constitución de 1949, con lo cual Costa Rica volvió a distinguirse en el campo de la defensa de la vida humana.

La Sala Constitucional ha señalado de manera reiterada que la inviolabilidad de la vida humana es un derecho y un deber que se aplica desde la concepción de la persona.

La primera determinación se dio con el voto Nº 2000-02306 del 15 de marzo de 2000 que determinó: "En cuanto ha sido concebida, una persona es una persona y estamos ante un ser vivo, con derecho a ser protegido por el ordenamiento jurídico". Señaló la Sala IV que la Constitución no permite hacer distinciones de rango según la etapa de desarrollo: el derecho a la vida debe protegerse con la misma fuerza tanto en el ser ya nacido como en el por nacer.

La Sala vinculó la Constitución con el artículo 4.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) el cual estipula que el derecho a la vida se protege, " a partir del momento de la concepción". Los magistrados concluyeron que la protección jurídica de la vida debe ser total e inflexible.

El decreto que determinó la celebración del Día Nacional “Vida antes de Nacer” se dio antes de esta determinación de la Sala Constitucional que vino a fortalecerlo, y entre sus fundamentos destacó la declaración constitucional del derecho inviolable a la vida y que el Código Civil en su artículo 31 indica que "La existencia de la persona física principia al nacer viva y se reputa nacida para todo lo que la favorezca desde 300 días antes de su nacimiento.”

Por eso nuestra legislación debe ser contraria al aborto voluntariamente provocado, lo cual ha sido así. Solo se exceptúa el aborto terapéutico cuando se realiza con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre, siempre que este peligro no haya podido ser evitado por otros medios médicos.

Dentro de esa tradición de respeto a la vida el asesinato era proporcionalmente bajo. Rara vez se daba en relación con la comisión de otro delito. Usualmente era el triste resultado de una riña por razones emocionales y, además, generalmente bajo la intoxicación del alcohol.

Desdichadamente las cosas han cambiado para mal. Durante la década de los años ochenta del siglo pasado la tasa de homicidios dolosos por cien mil habitantes se mantuvo entre 3,5 y 4,4 terminando en 1989 en 3,9. Esa era una tasa baja similar a las de Europa, Asia y Oceanía. Pero ya en la última década de ese siglo se pasa de 4,6 en 1990 a 6,4 en 1999. Ese último año se revertió la tendencia e inicia un leve descenso de los homicidios para llegar a 6,3 en 2002.

En ese momento, aún estábamos por debajo del promedio mundial de incidencia de homicidios. Después de 2003 la tasa de homicidios dolosos de nuestro país ha estado por encima del promedio mundial, según los datos del Banco Mundial. Ya para 2008, la situación había cambiado tan drásticamente que nos hallábamos con 11,6 homicidios dolosos por cada 100.000 habitantes. Por encima de 10 la OMS la considera una epidemia de violencia. ¡Esta tasa creció más de 84% en solo seis años!

Esa tasa subió hasta 12,4 en 2010, pero cayó en 2011, 2012 y 2013 para situarse en ese último año en 8,7. Desdichadamente luego ha vuelto a ascender desde 2014 y llegó a 12 de nuevo en 2022. Después experimentó un aumento brutal pasando a 17 en 2023, a 16,6 en 2024 y similar en 2025 cuando hubo solo 3 homicidios menos que el año anterior.

Pero esta dolorosa realidad lejos de hacernos disminuir nuestro aprecio por el don sagrado de la vida debe más bien incrementarlo. Y esa vida se debe proteger, reverenciar y respetar desde su concepción. No es despreciando la vida de los bebés no nacidos como vamos a recuperar en Costa Rica la inviolabilidad de la vida humana.

Por eso recuerdo ahora con gran alegría el decreto de mi administración que está vigente y que debemos cumplir celebrando la vida desde antes del nacimiento.

Miguel Angel Rodríguez E.

Ex Presidente de Costa Rica
Ex Secretario General de la OEA
Economista, abogado, político.
Esposo, padre, abuelo.

Anterior
Anterior

Sandra Pizk, La Sombra que Persiste

Siguiente
Siguiente

La nueva realidad geopolítica y la economía