Sandra Pizk, La Sombra que Persiste

Este 30 de Julio en el bello edificio de Museo de Arte Costarricense, para los viejos como yo el antiguo Aeropuerto La Sabana, Sandra Fisk presentó su emotivo y muy documentado libro La Sombra que Persiste.

Gracias a la gentil invitación de la autora asistí a esa celebración que fue también un acto lleno de sentimientos a flor de piel, los sentimientos que despiertan, por una parte los indescriptibles horrores del holocausto y de la milenaria injustificada persecución que ha sufrido el pueblo judío, y por otra parte que afloran ante la bondad, la valentía y el heroísmo de las familias que tuvieron la decisión y la suerte de poder venir a enriquecer a Costa Rica con su traslado a estas tierras, huyendo de la persecución nazi.

La autora nos ilumina el objetivo de su creación literaria, humana e histórica. Nos dice que se propone: “dejar constancia de lo que fuimos y de lo que seguimos siendo: un pueblo que carga sus temores, pero también su esperanza y su resiliencia. Porque, a pesar de la tragedia y el odio que reaparece bajo nuevas máscaras, sigo creyendo que en la memoria hay fuerza y el silencio nunca es opción.”

Y bien que lo logra.

Lo logra en varios relatos que en el corazón de la autora y de los lectores, al menos en mi caso, se entrelazan de manera que se complementan e iluminan unos a otros.

Sandra con bella pluma logra lo que se propone: “Esta obra quiere ser también una voz que recuerde de dónde venimos. Porque el poder de la memoria —recordar, estudiar, cantar y transmitir— ha sido, generación tras generación, una forma de mantener la llama”

Esa memoria en el caso de la familia de Sandra es la heroica narración de los sufrimientos, la valentía, el espíritu de superación y las angustias de dos muy diferentes ramas de su familia. Una, las vivencias de una familia bien acomodada en la imperial Viena de las primeras décadas del siglo XX. Otra la de una familia en una pobre aldea rural de Polonia.

Pero ambas gravemente amenazadas por Hitler y su cruel, inhumana y abominable persecución al pueblo judío.

Las dos familias viven enormes dificultades, pero logran escapar de sus países y de la persecución nazi.

En medio de las enormes amenazas que cada vez eran ya más violentas violaciones a la vida, la libertad, la dignidad y la propiedad de las personas judías, se da la brutal indiferencia de otras naciones.

Por una parte, la política de apaciguamiento a Hitler de Gran Bretaña y Francia que autorizó en la Conferencia de Munich la invasión a Checoslovaquia.

Por otra parte, ante las amenazas ya evidentes al pueblo judío los países que deberían haberse abierto para recibirlos y ayudarlos a prevenir el holocausto les cerraron sus puertas.

Es demoledora la narración que nos presenta este libro de la Conferencia en 1938 en Évian-des bains, convocada por el Presidente F. D. Roosvelt de EEUU y realizada de manera de aparentar un interés por la suerte de las ya cruelmente perseguidas personas judías, pero en un contexto marcado por prioridades geopolíticas y cálculos nacionales que dejaron de lado el drama humano que se avecinaba, y específicamente dejaba de lado adoptar cuotas de ingreso a sus países de las personas perseguidas. Incluso nuestra querida Costa Rica participó en esa farsa.

A la par de la inhumana indiferencia ante una persecución tan descarnada y feroz, que incluso llegó a generar una resolución de una Comisión del Congreso costarricense para la expulsión de los migrantes polacos y austriacos, nos narra Sandra la bondad y el coraje de personas como el Cónsul Honorario de Costa Rica en Genova que les extendió las visas a su familia paterna, la hospitalidad de habitantes de Cartago a su familia materna y de Heredia a la de su padre, el interés de ayudarlos del empresario Stanley Lindo, la bonhomía de los policías rurales que llegan a convocarlos a una audiencia en el Congreso.

“La Sombra que Persiste” hace honor a su nombre y nos recuerda las crueles persecuciones que durante casi tres milenios han acompañado a su nación desde la deportación babilónica del siglo VI AC.

Sandra con belleza describe el peregrinar a lo largo de los siglos del pueblo judío: “El judaísmo aprendió a llevar la casa en la memoria, en las palabras, en las leyes de la Torá - texto sagrado que establece la ley y los fundamentos religiosos- en las plegarias diarias, en una pequeña sinagoga improvisada, en las velas del Shabat, encendidas cada viernes aunque el mundo alrededor fuese hostil. No tuvimos pirámides ni panteones, no levantamos obeliscos ni murallas. Nunca un ejército. Lo que nos sostuvo no fue la piedra, sino el libro; no fue la espada, sino la palabra.”

Me hizo una vez más recordar a mis amigos judíos más íntimos Jaime Daremblum y Samuel Guzowski en quienes reviví los sentimientos que la monjita de Sion Mer Yolan me inculcó desde mi niñez: Sentimientos de admiración por el pueblo escogido del Antiguo Testamento y de vergüenza por la injustificada persecución en su contra de mi propia religión y cultura.

Sandra relaciona esas persecuciones milenarias con el antisemitismo que se ha despertado en muchos lugares después del inconcebiblemente despiadado asesinato y secuestro de mujeres, niños y hombres israelís inocentes perpetrado, por Hamás el 7 de octubre de 2023.

Pero no puedo dejar de mencionar que en mi criterio la reacción del gobierno del Primer Ministro Netanyahu fue desproporcionada, y en ocasiones innecesariamente violenta contra la población civil, y que no considero atendibles las razones para la política expansiva y de violencia de su gobierno en Cisjordania.

Al final de esta valiosa obra Sandra Pizk nos hace reflexionar sobre nuestro tiempo y sobre nosotros:

“Vivimos en un mundo de indiferencia, donde el lenguaje se endurece y la empatía se vuelve escasa. Hoy, como nunca, es necesario dejar de lado las ideas preconcebidas y regresar a ese lugar íntimo donde todavía es posible distinguir entre la vida y la muerte; ese lugar donde nadie debería prometer el cielo a quien asesina en nombre del odio. Ese espacio —donde, más allá de preferencias ideológicas— comprendamos que existen límites, y que el valor de la vida es el límite que jamás debe cruzarse.”

Miguel Angel Rodríguez E.

Ex Presidente de Costa Rica
Ex Secretario General de la OEA
Economista, abogado, político.
Esposo, padre, abuelo.

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