Humildad democrática y visión de futuro para éxito de hoy
Vivimos el cambio de autoridades en el legislativo y en el ejecutivo.
Lejos de mi la pretensión de hacer recomendaciones, pero no me aguanto las ganas de comprtir algunas reflexiones a mis compatriotas sobre algunas precauciones que deberíamos tener los ciudadanos y ciudadanas.
Nuestros conocimientos son mucho más limitados de lo que creemos. Y como vivimos una época de un aceleramiento del desarrollo tecnológico que jamás hubiéramos ni siquiera podido imaginar, tendemos a hacer aún más grande la diferencia entre lo que sabemos y lo que creemos saber.
El conocimiento es limitado porque nuestra capacidad es limitada, y es además limitado porque nuestros instintos y comportamientos nos inducen a pensar y a actuar de maneras equivocadas.
Una de las mayores limitaciones de nuestra racionalidad es la dificultad de dar toda la importancia que para el resultado de nuestras acciones tienen sus efectos a mediano y a largo plazo.
Partimos muchas veces de considerar que la simultaneidad es causalidad, lo que a menudo no es el caso.
Una enorme cantidad de acciones solo producen sus resultados tiempo después. Si yo empiezo una dieta hoy no veré mañana sus resultados. Si yo aprendo a desempeñar una ocupación este año, es posible que las ventajas de esa acción solo las disfrutaré años después. Si yo formo parte de un sistema de pensiones solo recibiré sus beneficios cuando me retire del trabajo. Incluso en la vida social hay acciones cuyos resultados inmediatos son unos ahora temporalmente, pero luego son muy distintos y hasta opuestos cuando maduren todas sus consecuencias. Ludwig von Mises hace más de un siglo nos regaló un ejemplo clásico. Si fijo el precio de la leche más bajo que el de mercado inicialmente las familias pobres se favorecerán.
Podrán comprar leche más barata. Pero si las vacas de menor producción se vuelven no rentables, con el tiempo sus dueños las enviarán al matadero, la producción de leche escaseará. Las familias ricas tendrán leche, aunque tengan que ordeñar vacas en su casa, pero las pobres no la podrán comprar, aunque el precio sea más bajo. Simplemente no habrá suficiente.
Cuando se legisla, cuando se toman medidas para ejecutar políticas públicas, cuando se construyen obras públicas, la preferencia por lo inmediato propia de nuestra naturaleza se torna aún más determinante. Los gobernantes quieren disfrutar el fruto de sus acciones, sus nombramientos en democracia son por tiempos limitados, el horizonte de sus preferencias se acorta.
Por otra parte, no importa cuán convencidos estemos de cual va a ser el resultado de nuestras acciones, siempre cabe la posibilidad de que nos equivoquemos.
Nos podemos equivocar y podemos mal valorar las consecuencias finales de las acciones legislativas o ejecutivas.
Esa realidad debería hacernos más precavidos. Oír posiciones adversas. Estudiar mejor lo que la ciencia y la experiencia nos enseñan. Considerar no solo las consecuencias inmediatas sino las que se darán a largo plazo.
Reglas del sentido común que la humildad democrática nos debería empujar a observar. Es conveniente para nuestro país hacerlo, y resulta en mejor aprecio de nuestra actividad en el futuro.
Éxitos fugases se desvanecen pronto.