Paz en la tierra a las personas de buena voluntad
A los sencillos pastores los ángeles anuncian el nacimiento del Niñito Dios. Glorifican a Dios y señalan el camino para la paz: la buena voluntad.
Buena voluntad es querer el bien del otro, es amar a todas las personas y a la misma creación.
En el coro angélico de Belén la proclama de paz a las personas de buena voluntad es precedida por la aclamación de Gloria a Dios. Gloria a Dios que es amor, Gloria a Dios que nace como un Niñito en Belén para demostrarnos su amor y para enseñarnos a amar.
Este 2026 nace en medio de guerras, asesinatos, violencia e injusticia.
Desdichadamente desde que Caín mató a su hermano esas circunstancias han prevalecido en nuestra historia.
Pero en nuestros días parece que retrocedemos de los avances que la humanidad vivió con posterioridad a la II Guerra Mundial.
Damos a Dios gracias por la tregua en Gaza que se da después de las crueldades de Hamás en su ataque del 7 de octubre de 2023 y de la guerra conducida por el extremismo de derecha de Israel, pero la invasión de Putin a Ucrania continúa y el mundo acelera la carrera armamentista.
Disminuye el apoyo a las naciones que viven en pobreza extrema y aumenta el gasto en los instrumentos de muerte y destrucción.
Mientras tanto el mundo es indiferente a la guerra que desde 2023 sufre Sudán. Allí se produce la confrontación entre dos ejércitos que ha causado más de 150.000 muertes, el desplazamiento de más de 9 millones de personas, masacres de grupos étnicos, crimines sexuales y otras violaciones de derechos fundamentales de la población civil y la destrucción de ciudades enteras.
Hay conflictos en Myanmar, en el Sahel, en la República Popular del Congo, en Yemen y en Haití la violencia crea un colapso institucional.
En América Latina la población sufre los dolores de una verdadera guerra por las acciones del crimen organizado, los jóvenes matan a otros jóvenes y las mafias se apoderan de territorios en los que sustituyen la acción del gobierno.
La pacífica y desarmada Costa Rica es el segundo país más violento de América Central, ¿quién lo podría haber imaginado hace 4 años?
En el mundo entero la solución real es el imperio de la buena voluntad, la civilización del amor.
Pero ese reino de la buena voluntad depende de la conversión de cada persona al bien, del cumplimiento que cada uno de nosotros demos al mandamiento de amarnos unos a otros como Dios nos ama, lo que significa amar incluso a nuestros enemigos.
Mientras se llega a ese estado ideal no hay otro remedio que la acción del estado para monopolizar la coacción, determinar las reglas de conducta justa de la cultura predominante sometida a los derechos fundamentales de todos y limitar la misma acción del estado mediante la institucionalidad del estado de derecho.
Y claro esta solución es imperfecta pues es creación de nuestra imperfección.
Por eso ante el incremento de la violencia y la pérdida de la paz debemos luchar permanentemente por mejorar nuestras instituciones para internacionalmente pacificar los conflictos y evitar las confrontaciones, y al interior de nuestro país debemos dominar la criminalidad y prevenir su génesis.
No son tareas sencillas, ni se obtienen resultados inmediatos. Pero al llegar el Año Nuevo en medio de la violencia internacional y de la criminalidad local, son estas las más urgentes tareas.