Pidamos a la Negrita que interceda por nuestra unión y paz

Para los cristianos la importancia de María, Madre de Dios Encarnado, es indiscutible. Los evangelios narran la Anunciación, la vida del Niño Jesús desarrollándose al amparo de la Virgen y de San José, creciendo Su religiosidad en el seno de la Sagrada Familia, la compañía de Su Madre al inicio de la vida pública en las bodas de Canaán, Su sufrimiento al pie de la Cruz, el depósito que hace nuestro Redentor de nosotros en la maternidad de María, Su presencia con los apóstoles para recibir la iluminación del Espíritu Santo.

Para los católicos la tradición, la liturgia y la doctrina de la Inmaculada Concepción y de la Asunción al Cielo de la Virgen solidifican nuestra devoción mariana, que se ve fortalecida por las apariciones de nuestra Madre Celestial y los hallazgos que nos manifiestan su presencia.

En América Latina la religiosidad popular está profundamente ligada a pedir la intercesión de la Madre de Dios ante su hijo Jesús para acercarnos a Dios. Pero además tiene aspectos culturales que determinan en mucho nuestra realidad.

El descubrimiento de América Latina se unió al renacimiento, al surgimiento de las ciencias positivas, a la difusión de la imprenta, a la reforma y a la contrarreforma para iniciar un cambio de época. Hechos de entonces en nuestro continente crearon debates que fortalecieron la convicción en la dignidad de todas las personas, sin limitaciones por raza, religión, o cultura. En esta realidad concreta se dan las apariciones de Guadalupe y el hallazgo de la Virgen de los Ángeles.

Los hechos de Guadalupe -que son hechos de América Latina- se dan en 1531, a los pocos años del inicio de la conquista de México por Hernán Cortés. Se dan cuando las armas y las enfermedades europeas han causado estragos en las poblaciones indígenas. Se dan en medio de las tribulaciones y atropellos que los conquistadores imponen a los conquistados.

Las apariciones de la Madre de Dios a San Juan Diego transforman el descubrimiento de América. Lo convierten en el encuentro de culturas, en la civilización del mestizaje que con pasajes cruentos y dolorosos causados por hombres y microbios contribuyó al cambio de época que originó la Edad Moderna.

Unos cien años después de las apariciones en las faldas del Monte Tepeyac en México una joven pobre que vivía segregada en La Puebla de los Pardos en las afueras de Cartago encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles.

Es un evento que resalta los mismos valores y encarna las mismas transformaciones que los hechos de Guadalupe. Solo que ahora se produce la expresión de amor de la Virgen María por TODOS sus hijos no en lo que era el centro más importante de la conquista española en 1531, sino en un rincón pobre y perdido del Imperio Español. La Virgen de Guadalupe es la patrona de América, nuestra amada Virgencita de los Ángeles es la Patrona de Costa Rica y es Protectora de América. La devoción filial a la Virgen como madre protectora forma parte esencial de nuestra cultura.

Cada 2 de agosto se reafirma este acondicionamiento de nuestra cultura.

La Reina de los Ángeles es la madre que nos une a todos en la celebración del mestizaje y de la diversidad, todos diferentes en nuestra personal y única historia, y todos hermanos iguales como hijos amados de Dios.

La devoción que en los 390 años transcurridos desde su aparición se ha desarrollado en Costa Rica muestra los mejores rasgos de las devociones populares católicas en América Latina. Es impresionante la multitud que peregrina a la Basílica de la Reina de los Ángeles en Cartago desde muy lejanos rincones del país y desde varios días antes del 2 de agosto, y claro, que se multiplica exponencialmente en la vigilia de la festividad. A mí me admira y llena de alegría como ha aumentado la devoción entre los peregrinos que rezan y cantan en su caminata, comparando las romerías de estas últimas décadas con las de mi juventud acompañando a papá.

Claro que ahora en mi familia nos toca invocar a la Virgencita de los Ángeles para que interceda por la salud de Lorena, pero a la par lo hago y pido a todos los costarricenses que pidamos a nuestra Negrita de los Ángeles que interceda ante su Divino Hijo para que haga brotar la paz y el amor en el corazón de todos los habitantes de esta amada patria, en estas horas en que nos agobian la criminalidad asesina y la violencia verbal.

La Negrita de los Ángeles nos une, nos enseña a amar y nos muestra el camino de la fraternidad acogiéndonos a todos bajo su maternal protección.

Miguel Angel Rodríguez E.

Ex Presidente de Costa Rica
Ex Secretario General de la OEA
Economista, abogado, político.
Esposo, padre, abuelo.

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