Lorena Clare
Lorena que maravillosa bendición de Dios fue tu vida
Viviste amando a Dios, haciendo el bien, sembrando amor y cosechando sonrisas.
Yo soy muy privilegiado pues soy testigo y beneficiario principal de esa vida.
Hoy agradezco a Dios la bendición de que me hayas invitado al baile de tus quince años, de haberte visto meses después con el abrigo rojo en la Soda Bolivar que quedaba frente al Parque España, y de haber decidido esa noche que me iba a casar con vos.
¡Valió la pena ser perseverante dos años para que finalmente me aceptaras!
Por un poquito más de 63 años disfruté de tu imaginación, de tu creatividad, de tu sonrisa, de tu buen humor gracias a que nos casamos siendo güilillas.
Viví tu amor y dedicación a nuestros hijos, tus desvelos por cuidarlos, educarlos y curarlos.
Tu maravillosa atención a tus padres y hermanos, y la forma como dabas felicidad a Manuelito.
Tu enorme cariño por mis padres y por toda mi familia.
La linda relación con tus primas y amigas.
Tu permanente dedicación a atender necesidades y problemas de los demás.
Cuando nos tocó vivir con recursos muy limitados durante mis estudios en Berkeley hiciste de tripas corazón, nunca hubo una queja, y siempre estuviste dispuesta a sacrificarte para que viviéramos alegres y llenos de ilusiones cuidando y disfrutando a Miguel Alberto bebito.
Con tus habilidades físicas y tu gusto por los deportes desarrollaste habilidades de nuestros hijos y fuiste insustituible compañera en sus entretenimientos.
Siempre estabas pensando en los demás, en sus sentimientos, sus angustias, sus alegrías, sus necesidades.
Amando al prójimo construiste amor, admiración y respeto para vos.
Cuando te propuse que participáramos en la política estuviste dispuesta a sacrificar tu exitosa carrera deportiva en equitación, y renunciaste a tu meta de llegar a competir en las olimpiadas. Y ello a pesar de las presientes palabras de tu padre recordándonos los quebrantos de fortuna sufridos por familias que se aventuraron en carreras políticas.
No fuiste solo una maravillosa compañera en campañas y gobierno … desarrollaste tu propio proyecto.
Aprendiste palpando las vidas de familias reales con diversas necesitades, las limitaciones de las mujeres, los sufrimientos de niñas adolescentes embarazadas, los problemas de la gente no vidente, el maltrato a personas especiales, el abandono de ancianos, las dificultades de los enfermos, las enormes limitaciones a las posibilidades de acción política y laboral de las mujeres y la violencia que frecuentemente padecían.
Tu obra como Primera Dama fue extraordinaria porque supiste armar un maravilloso equipo -muy principalmente de mujeres- al servicio de tu sensibilidad, tu creatividad y empuje. Personas a quienes inspiraste tus propósitos de acción en favor de las personas con mayores dificultades.
Te lo reconoció el país otorgándote el título de Ciudadana de Honor y te lo reconocieron tirios y troyanos con sus manifestaciones de admiración y amor cuando partiste al cielo.
Cuando vivimos los días de sufrimiento y las angustias de persecuciones fuiste la mujer fuerte que a todos nos diste apoyo.
Tan grande como tu vida, tan poderoso como tu amor es el vacío que me deja tu partida.
Hace un mes desde esta columna en mi artículo “Amor de pareja en la vejez” comenté “que el amor es como las frutas: es más dulce cuando madura. El amor es aún más bello, comprensivo, profundo, reconfortante cuando es el amor acumulado durante toda una vida por una pareja que tiene la bendición de envejecer juntos” y celebré “las mieles del amor en la ancianidad”.
Hoy me toca aprender a vivir sin disfrutar de esas dulzuras.
Qué difícil aprender a vivir sin vos.
Pero sé que Dios me dará fuerza para vivir bien el tiempo que quede antes de volver a encontrarte. Dios me apoya con la fortaleza de tu fe y la belleza de recordate.
Gracias Lorena.