Atención, nuestra economía demanda atención

En el debate nacional venimos centrados en problemas importantes que efectivamente ameritan la atención ciudadana: seguridad pública, la eficiencia y vigencia de nuestra institucionalidad democrática y el estado de derecho, la polarización y el duro antagonismo que vivimos, la situación de la CCSS, de las pensiones, de los programas sociales, de la educación pública, del transporte de personas y bienes.

Claro que hay preocupación por algunos temas económicos como el alto valor del colón y su impacto en la producción, el nivel de las tasas de interés y el bajo crecimiento de la producción tradicional agropecuaria, industrial, de servicios. Pero estas preocupaciones económicas han venido siendo superadas por el crecimiento de nuestra producción y la mejoría notable que se ha alcanzado en las finanzas públicas, por la estabilidad macroeconómica y por la disminución del riesgo país y el aumento del aprecio en el extranjero por nuestra gestión económica.

Pero se han unido diferentes circunstancias que nos deben mover a prestar mayor atención a nuestra economía.

Algunas circunstancias preocupantes sobre nuestra economía vienen de atrás y a ellas me referí recientemente en esta columna Disyuntivas en mi artículo “…… y no bajó la tasa de política monetaria” (www.rodriguez.cr) Entre esas circunstancias económicas preocupantes indiqué que en 18 de los últimos 25 meses a junio de este año la inflación ha sido negativa; la tasa de política monetaria se mantuvo alta sin disminuciones por 8 meses hasta la semana pasada; el tipo de cambio llegó a casi 700 colones a mediados de 2022 y bajo a un nivel similar al actual de unos 510 desde hace 15 meses; el crecimiento del PIB ha sido relativamente bueno de acuerdo con lo que ha ocurrido en nuestra región de Centroamérica y El Caribe, pero ha venido cayendo desde el 2023; no hemos creado empleo pues no hemos vuelto al nivel de personas ocupadas de febrero 2020 antes de la pandemia, tenemos 36.833 personas menos con ocupación a pesar de que la población de más de 15 años ha aumentado en 274.407; la llegada de turistas venía cayendo prácticamente todos los meses comparando con un año antes; y el el crecimiento se ha debido en gran parte al 14% o 15% del PIB que se genera en el régimen de comercio especial que ha venido creciendo doble dígito interanualmente, 12,3% a mayo, mientras el régimen definitivo crece a esa fecha 1,9%.

Son muchos elementos y claro que ya ameritaban atención. Pero el sector de comercio especial lucía muy prometedor.

Pero hoy hay signos que ameritan que prestemos atención especial.

En primer lugar, la inversión directa extranjera.

En 2024 tuvimos un muy buen año. Según datos de CEPAL la IDE en ese año fue de $5.298 millones con un crecimiento anual de 13% que se dirigió principalmente a manufacturas y en el reglón de dispositivos médicos. El crecimiento promedio de la IDE en América Latina y el Caribe fue de 7,2%.

Pero en el primer trimestre de este año según el BCCR la IDE cayó un 25,4%. Lo que es más, la IDE en regímenes especiales --que representó en 2023 y en 2024 más del 80% de la IDE total-- disminuyó un 47% y también disminuyeron la IDE en turismo y en el sector financiero que tienen menor impacto. La IDE que creció más fue la dirigida al régimen de comercio definitivo, y también aumentó la IDE en el sector inmobiliario.

PROCOMER achaca parte de las causas a que las empresas ubicadas en zona franca aumentaron el envío de remesas y préstamos a sus casas matrices.

También son causas posibles un efecto retardado del paso de la promoción de CINDE a PROCOMER, el aumento de la inseguridad, los altos costos internos agravados por el alto valor del colón, la escasez de personal calificado y claro la mayor incertidumbre en la economía mundial introducida por los aranceles, las negociaciones y los cambios que viene realizando el gobierno del Presidente Trump.

Claro que se trata de un trimestre y las cifras de IDE pueden ser muy variables a lo largo del año.

Pero esta disminución de la IDE sería muy impactante incluso si solo se mantuviera parcialmente durante el año.

Pero ahí no para la cosa.

La semana que acaba de pasar INTEL anunció que cierra su operación de ensamblaje y prueba de microchips en Costa Rica y que paulatinamente a lo largo de este año moverá esas tareas a Malasia y Vietnam. Estas son operaciones que INTEL había decidido reanudar en Costa Rica en 2020 y que inauguró en 2022. Intel señala que cierra y traslada esas operaciones por razones de mercado, de costos y de logística.

También Qorvo, que es una empresa de semiconductores, anunció el cierre de sus operaciones que traslada a Asia.

Es una empresa que mediante una firma que después se fusionó con otras, opera en nuestro país desde 1996.

La visité en los primeros meses de ejercicio de la presidencia. La empresa en su planta de la Zona Franca Metropolitana en Barreal de Heredia se dedicaba entonces a la prueba de calidad de tarjetas de microcircuitos integrados. Recuerdo el orgullo que sentí cuando sus ejecutivos me explicaron las ventajas de los operarios costarricenses frente a los que laboraban en dos plantas con operaciones similares en EEUU, una en Nueva York, y creo que la otra estaba en el Estado de Georgia. Los trabajadores de nuestro país podían detectar una cantidad considerablemente mayor de defectos en comparación a las plantas en EEUU. Y, además, en Costa Rica se podía resolver defectos que no podían ser resueltos en esas otras dos plantas.

La llegada de Intel a Costa Rica fue un enorme logro durante el gobierno del Presidente Figueres Olsen al que pude en algo contribuir, pues sus personeros estaban muy interesados en conocer la posición de la oposición que entonces yo dirigía con relación a muchos detalles de ese proceso.

Por el impacto en sus trabajadores y sus familias, y por esas condiciones del pasado, el cierre de esas operaciones de INTEL y de Qorvo me duele personalmente.

Pero mucho más me duele si esto y los otros elementos a los que me he referido pueden significar que se nos debilita el régimen especial de comercio que juega un papel tan importante para nuestro desarrollo económico y social.

Esta preocupación es aún mayor por condiciones externas.

El año pasado los costarricenses estábamos muy entusiasmados con la posibilidad que el “nearshoring” y “friendshoring” junto con la Ley de Chips y Ciencia (Ley Chips) de agosto de 2022 de EEUU y las buenas gestiones del gobierno del Presidente Rodrigo Chaves en ese campo nos permitieran atraer producción de semiconductores al país. (ver “Gran oportunidad y buenos avances” en www.rodriguez.cr). Para aprovechar esa gran oportunidad necesitábamos multiplicar la preparación y la cantidad de personal calificado y mejorar las condiciones de precio y volumen en la generación eléctrica. Para lo primero se nos ofrecían los recursos de esa Ley Chip y el apoyo de EEUU y de Arizona State University

Las cosas han cambiado y muy posiblemente cambien más en contra de esa posibilidad.

El Presidente Trump ha anunciado su deseo de poner fin a la Ley Chips de 2022. El plan fiscal y presupuestario aprobado en julio de 2025 a propuesta del Presidente Trump incluye un crédito tributario del 35 % para proyectos de construcción de fábricas de semiconductores que inicien antes de 2026 en EE. UU. NO propone incentivos fuera de su territorio.

Si la Ley Chips desaparece los proyectos y fondos asociados podrían también desaparecer, reduciendo el financiamiento para fortalecer la fuerza laboral especializada y debilitando la atracción de IDE en Costa Rica.

En este campo dependemos directamente de la Ley Chips para formación tecnológica y financiamiento de proyectos vinculados al ecosistema semiconductor. Su eliminación significaría pérdida de apoyo estratégico y debilitamiento de nuestro atractivo como destino de inversión en la nueva cadena global de chips.

Todos estos elementos son una alerta para que actuemos -urgentemente y de manera coordinada- las autoridades nacionales y los sectores laborales y productivos para aumentar el atractivo para la inversión extranjera y nacional en el país.

Pero 23 años después de su presentación, seguimos cortando pelos en el aire en la discusión de la propuesta de jornada 4-3, que es muy conveniente para la producción en ambientes de limpieza, temperatura y presión atmosférica contralada por lo costoso del cambio de turnos laborales.

Debemos bajar costos, aumentar productividad e innovación, sacar mejor provecho de los encadenamientos con las empresas del régimen de comercio preferente, mejorar infraestructura, costos y disponibilidad de electricidad, recuperar la seguridad ciudadana y sobre todo mejorar la capacitación de nuestros trabajadores y trabajadoras, en carreras STEM, en enseñanza dual, en secundaria técnica, en idiomas extranjeros y en habilidades blandas.

Es la enorme, difícil, y permanente tarea de gobernar bien que depende de nosotros mismos.

Miguel Angel Rodríguez E.

Ex Presidente de Costa Rica
Ex Secretario General de la OEA
Economista, abogado, político.
Esposo, padre, abuelo.

Anterior
Anterior

El asesinato legalizado en Irán

Siguiente
Siguiente

Inclusión no es suficiente, necesitamos participación