Magnifica Humanitas, eficiencia y dignidad
Frente al poderío que ya demuestra la IA y al dramático cambio de época que vivimos, el Papa León XIV al cabo de su primer año de pontificado a dado a conocer su primera encíclica: Magnifica Humanitas.
Nos señala: “Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico. Pero la cuestión no se limita a la regulación … Hoy … los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.”
¿Cuál es la respuesta del Papa?
El Papa rechaza la idea de que el progreso tecnológico determine nuestro destino y afirma que seguimos siendo libres para decidir qué sociedad queremos construir. Por eso su mensaje no es la grandeza de la inteligencia artificial sino la "magnífica humanidad".
La humanidad, no la IA es la protagonista.
Pero la IA como todo instrumento puede ser utilizada no solo para el bien, también para el mal.
Por eso es necesario partir de la centralidad de la dignidad humana, y no sucumbir ante el espejismo de la eficiencia que puede resultar de la IA y toda la IV Revolución Industrial que está desarrollándose.
De ahí la importancia de una visión ética para la acción individual, y para la organización de la sociedad.
Para la persona es el amor que obliga al respeto a la dignidad y la libertad de cada una y de todas las personas.
Para la sociedad es la construcción del bien común en el cual todos y cada uno pueda, así como sus asociaciones, alcanzar el logro más pleno y más fácil de la propia perfección.
La IA y otros adelantos tecnológicos pueden aumentar la productividad, facilitar la medicina y la educación, sustituir trabajos repetitivos, peligrosos, agotadores. Puede también generar nuevas oportunidades laborales por ejemplo en atención personal y trabajos más especializados, productivos, atractivos y remunerativos. Pero ello depende de que se capacite la oferta laboral.
Para ello hoy, no mañana, debemos regular su desarrollo de conformidad con nuestros valores éticos y moldear las instituciones para paliar los efectos negativos de desempleo y concentración de la riqueza y el poder en manos que no sean responsables ante la sociedad, ni transparentes en sus acciones. “Una sociedad justa requiere un Estado presente e instituciones civiles capaces de superar la mera lógica de la eficiencia, orientando explícitamente los recursos, la creatividad y las normas a favor de los más vulnerables.”
Nos señala al respecto León XIV: “Para que la IA respete la dignidad humana y sirva realmente al bien común, es esencial que las responsabilidades estén claras en todas las etapas: desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta quienes los utilizan y quienes resuelven confiarles las decisiones concretas.”
Siguiendo y elaborando sobre los principios de la Doctrina Social de la Iglesia Magnifica Humanitas nos recuerda la primacía del trabajo en las tareas productivas y su valor para el desarrollo de la vida humana como forma de participación en la creación y de realización personal. Sobre el trabajo señala que: “… no es sólo un medio de subsistencia, sino también un espacio de expresión, de relaciones y de contribución a la comunidad. Por eso, los problemas vinculados con el trabajo no se limitan únicamente a los ingresos necesarios para la supervivencia de las familias.”
Como corresponde a la prédica de la Iglesia, esta encíclica no es un tratado sobre los efectos de la IA en el empleo y la producción, sobre la rapidez y costos de su incorporación en los procesos productivos, o sobre la mejor manera de enfrentar los posibles problemas distributivos que se podría necesitar atender para que las personas puedan consumir los bienes que se producen.
Es una visión sobre los valores y principios de acción que deben dirigir la vida en sociedad, la nueva normativa y la institucionalidad que promuevan que el avance tecnológico se dé en favor del bienestar de todas las personas “a fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites.”
Desde la realidad de nuestra economía y de nuestra historia afrontamos los grandes retos de este dramático cambio tecnológico, de la disminución y envejecimiento de la población, de la necesidad de adaptarnos a la transformación ambiental, del crimen organizado y del debilitamiento de la institucionalidad y las relaciones internacionales, incluido el comercio, regidos por normas preestablecidas y no solo por el poder descarnado. Y siguen vigentes nuestros atrasos y necesidades en educación y salud.
Como reflexioné en “Al Progreso por la libertad” (www.rodriguez.cr) hace muchos años nosotros hemos progresado cuando hemos privilegiado la solidaridad, el trato fraterno y la inversión social; la libertad económica; la apertura al mundo y el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y del estado de derecho.,
Magnifica Humanitas es clara en resaltar la importancia de la eficiencia y la innovación en nuestro llamado a continuar el desarrollo de nuestro mundo, pero nos recuerda que el crecimiento económico no basta. Se requiere solidaridad, responsabilidad personal y respeto a la dignidad de todas las personas.
No se trata de escoger entre eficiencia y dignidad. La tarea es organizar los incentivos para que la creatividad humana, el trabajo, la empresa y la innovación estén al servicio de una prosperidad compartida que permita a cada persona desarrollar plenamente su dignidad y contribuir al bien común.
“A la luz de los principios de la Doctrina social de la Iglesia, la transformación digital nos pide redescubrir la verdad como bien común, proteger la dignidad del trabajo y salvaguardar la libertad frente a toda dependencia y mercantilización.”