Magnifica Humanitas: Consejos para nuestra sociedad enfrentada
La gran enseñanza de Magnifica Humanitas es la primacía de la inteligencia humana ética frente a los algoritmos y la acumulación sorprendente de información de la inteligencia artificial.
No es que debamos temer a la inteligencia artificial. Es que debemos confiar más en la inteligencia moral de los seres humanos. La historia no será escrita por los algoritmos sino por las decisiones que tomemos acerca de cómo utilizarlos. Este es un mensaje central de ésta, la primera encíclica del Papa León XIV, que nos recuerda nuestra capacidad y nuestro deber de enrumbar el cambio tecnológico de acuerdo con limitaciones éticas, como León XIII lo señaló para la revolución industrial de su tiempo.
Esta enseñanza central es muy aplicable a las realidades que nosotros vivimos.
La enseñanza del Papa León XIV se dirige a promover la dignidad, la justicia y la solidaridad para todas y cada una de las personas. Y para hacerlo incluso nos regala una maravillosa lección de doctrina social de la Iglesia vista desde nuestros días. Incluyendo su historia y sus conceptos centrales.
Magnifica Humanitas por supuesto que -al atender a los problemas de este cambio de época- ilumina con la voz del magisterio de la Iglesia las graves confrontaciones geopolíticas, el deterioro de las instituciones y la normativa internacionales que se ven sustituidas por el poder de la fuerza sin límites, y las guerras y la violencia que padece hoy la humanidad.
Esto ha sido motivo de infinidad de comentarios, lo mismo que su análisis de las consecuencias de la IA.
No es ese el objetivo de este comentario
Mi propósito es más bien glosar algunas indicaciones del Papa León XIV para que esta pequeña nación aproveche esta gran transformación tecnológica a fin de que cada uno de sus habitantes pueda ser más feliz. Esa es una obligación que nos atañe, pues de las acciones que nuestra sociedad adopte ahora depende el efecto que estas inmensas transformaciones tengan para los costarricenses
Magnifica Humanitas nos previene: “En este punto, sin embargo, se insinúa una tentación sutil: pensar que los problemas son demasiado grandes y nosotros demasiado pequeños, y que, por tanto, nuestras decisiones no cambian nada.” Pero advierte: “nadie está exento de responsabilidad. Cada uno dispone de un ámbito propio de acción…”.
De inmediato en forma concreta la encíclica nos convoca: “Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra. El poder de las palabras es enorme… debemos decir “no” a la guerra de las palabras y de las imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra”.
También todos, con independencia de nuestra posición, contribuimos a la paz si respetamos la justicia, si luchamos por ser justos, si promovemos la justicia en nuestra familia, en nuestra comunidad, en el país. El sacerdote agustino que es hoy Papa nos recuerda la advertencia de su santo fundador, San Agustín, “Nadie hay que no desee estar en paz, pero no todos quieren practicar la justicia”. Pero sin justicia no hay otra paz sino la del cementerio.
Otro consejo muy apropiado para la Costa Rica de 2026 es que “Para construir la civilización del amor debemos ejercitar el diálogo. Este es el principal instrumento de la convivencia entre las personas y entre los pueblos, y es la alternativa al conflicto abierto”
Nos indica el Sumo Pontífice: “A nivel político, es urgente pasar de la “cultura del poder” a una auténtica “cultura de la negociación”, en la que el diálogo y las relaciones diplomáticas se conviertan en la vía habitual para afrontar los conflictos”
La paz que construye y permite la felicidad requiere seguir estas recomendaciones papales, no solo entre las naciones, sino también entre nosotros.
Magnifica Humanitas es una voz de esperanza que señala camino a nuestra dividida sociedad, en la que privan el antagonismo y el irrespeto.
Todos podemos dar nuestro aporte.