El Sistema Nacional de Evaluación
Poner en práctica una nueva cultura política de rendición de cuentas, una nueva forma de gerencia de los asuntos públicos, no es tarea fácil. Requiere definir y pulir instrumentos relativamente novedosos, un profundo compromiso de los jerarcas y de los funcionarios de las entidades, así como la comprensión de los diversos sectores sociales sobre la importancia de esos instrumentos.
No se trata de un ejercicio teórico, abstracto, sino de algo vital para la sociedad. Los recursos públicos son escasos y las necesidades sociales son múltiples. Por tanto, es necesario dar el mejor aprovechamiento posible a los recursos públicos y para ello, necesariamente, deben evaluarse los resultados. De ahí que este nuevo instrumento de gerencia pública, que es la rendición de cuentas, permite determinar si se están aprovechando de la mejor manera estos recursos invertidos en las diversas áreas de acción, examinar las correcciones que –en caso necesario- se deben hacer, los factores de éxito que se deben emular y los obstáculos que se deben superar.
Este ejercicio de rendición de cuentas representa un riesgo para cualquier gobierno. Implica exponerse a la crítica, por las metas que inevitablemente se quedan sin alcanzar. Esa es la razón por la que pocos países siguen una política de rendición de cuentas en forma sistemática, y también la razón por la que a menudo estos esfuerzos se detienen a medio camino. Pero es un riesgo que este Gobierno ha decidido asumir, porque el riesgo de la ingobernabilidad es aun mayor.
Las metas del Gobierno se plantearon inicialmente en el Programa de Gobierno, "Soluciones para el Futuro," y luego se plasmaron con mayor detalle en el Plan Nacional de Desarrollo Humano 1998-2002. También se publicaron tres documentos que sirvieron de base en tres áreas específicas consideradas clave: en el área económica y social, el Plan "La Solución de Todos," en el área de la lucha contra la pobreza, "El Plan de Solidaridad," y en el área de la seguridad ciudadana, "La Tranquilidad de Todos." Estos documentos no cayeron en el olvido, sino que fueron traducidos en metas concretas que son las que se someten ahora a un proceso de evaluación sistemática.
La herramienta que se definió para lograr estos objetivos de evaluación, seguimiento y rendición de cuentas es el Sistema Nacional de Evaluación (SINE). El SINE se desarrolló a mediados de la década pasada con apoyo financiero e intelectual del BID. Es en este sentido, una herramienta que no fue diseñada a la medida de las necesidades de un gobierno particular, sino que fue desarrollada con la participación activa de expertos internacionales en el área de evaluación, y que ya ha sido utilizada por dos gobiernos consecutivos en nuestro país.
Los objetivos primordiales del esfuerzo de evaluación desplegado por el SINE son, en concordancia con el mandato que le ha dado el Presidente, los siguientes:
Fomentar la rendición de cuentas y la transparencia.
Procurar el mejoramiento continuo de la gestión de las entidades del Poder Ejecutivo al ofrecer una herramienta gerencial que permite detectar rezagos y oportunidades para mejorar.
Apoyar el liderazgo en cada sector, creando espacios para la coordinación, retroalimentación y el intercambio de experiencias e ideas entre los jerarcas de las instituciones sectoriales.
Fomentar la cultura de la autoevaluación y rendición de cuentas en todos los funcionarios públicos.
Al aplicar la metodología a los resultados obtenidos por las instituciones durante el período comprometido, se obtiene una calificación general que indica el grado en que la institución cumplió con lo pactado en el Compromiso de Resultados (CDR), el cual es una acuerdo anual de la gestión institucional, el cual es suscrito por el Presidente de la República, el respectivo Jerarca Institucional responsable del rendimento de cuentas y el Ministro de Planificación como garante. El Sistema Nacional de Evaluación (SINE) da seguimiento al avance de los acciones estratégicas de cada institución o sector. En ese sentido, la calificación asignada a cada una de ellas no debe de ser interpretada como una evaluación del desempeño total de las mismas.
La metodología de evaluación fue definida y avalada mediante una cooperación técnica con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La misma requiere que las metas para cada acción sean definidas y establecidas al inicio de cada año, y no permite hacer modificaciones sobre la marcha una vez que se ha firmado el Compromiso de Resultados. Algunas acciones que a principios de un año pueden parecer plausibles, suelen sufrir los efectos de situaciones exógenas imprevisibles que impiden un avance adecuado hacia la consecución de la meta preestablecida. Por ejemplo, una obra de construcción puede ser paralizada por los efectos de un desastre natural o por una decisión judicial, en cuyo caso la meta no es alcanzada no por una mala gestión de la institución responsable, sino por los efectos de un clima inclemente o de una decisión judicial. Sin embargo, al estar la meta y la escala de evaluación definidas desde un inicio, la institución responsable de su ejecución recibirá una calificación baja en la acción correspondiente, sin posibilidad de modificar la meta o la escala de evaluación. En casos como los citados, se hacen las observaciones pertinentes. Es importante recalcar, entonces, que la calificación obtenida por cada institución es un indicador del grado de avance y cumplimiento de las metas preestablecidas, pero en el tanto que el logro de algunas metas puede verse afectado por factores exógenos, no constituye un juicio de valor sobre la calidad de la gestión de la institución o de su jerarca.
Muchos de los problemas que enfrentan las diversas instituciones y que pueden afectar su nivel de cumplimiento son similares: falta de recursos financieros o de personal capacitado, atrasos en las licitaciones por múltiples e imprevisibles apelaciones, mal tiempo, etc. La calificación que hace el SINE, en el tanto en que constituye un indicador de cumplimiento con las metas establecidas, permite hacer comparaciones entre instituciones, aunque sus acciones estratégicas sean de diferente naturaleza. Dichas comparaciones son útiles en la medida en que nos permitan aprender de las experiencias, exitosas o no, de las demás instituciones. ¿Cuáles fueron los factores de éxito, y cómo pueden replicarse en otras instituciones? ¿Cuáles factores impidieron un mayor avance? ¿Qué lecciones pueden obtener las instituciones, de sus propias experiencias y de las de otros, que les permitan una mejor planificación en ejercicios futuros?
Con este sistema no solamente se ha garantizado un seguimiento sistemático y oportuno de las acciones de Gobierno definidas como estratégicas, sino que también se ha contribuido a fortalecer la transparencia de la gestión pública, reforzándose por ende la fiscalización y el control ciudadano.