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Categoría: Alternativas
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ALTERNATIVAS

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

Llega Navidad.

Celebramos el misterio del nacimiento del hijo de Dios.

Es incomprensible. Dios se hace humano. Es Dios y hombre.

El Dios Creador. El Todopoderoso, se abaja a asumir nuestra humana condición para enseñarnos que Él es amor y que nuestro propósito en este mundo es amar: a Él y a todas las personas.

Nace con la fragilidad, la sencillez y la ternura de un bebito.

En Su prédica del Reino de los Cielos Jesús nos reitera el inmenso significado de este hecho: “En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. El que se haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los Cielos.” (Mateo 18: 3 y 4) y “Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.” (Mateo 19:14)

Ser como niños.

Humildes, no creerse superiores, ni el centro de la creación. Reconocer nuestras limitaciones y confiar en Dios.

No creer que lo sabemos todo y estar dispuestos a aprender de Dios.

Ser sencillos de corazón. Los niños no viven obsesionados por el poder y las apariencias.

Los niñitos están abiertos a recibir el amor de sus padres y así nosotros estamos llamados a acoger el amor de Dios como un don gratuito, como un regalo, y no como una respuesta a nuestros méritos. Un regalo que debemos compartir.

El Niñito Dios nace pobre.

Desde su misterioso nacimiento Jesús, Dios y Señor Nuestro, se abaja en la manifestación de su amor a las personas acercándose y haciéndose pobre.

La Navidad es la celebración del amor de Dios, que por ese amor hacia nosotros los pequeños humanos, se encarna como un pobre y desvalido Niñito en nuestra amada Madre Celestial, la Virgen María, una humilde maravillosa jovencita del olvidado Nazaret, y nace en un desvalido pesebre en Belén, un pequeño y perdido poblado de una “poco importante” provincia del poderoso Imperio Romano.

En su pobreza el nacimiento del Niñito Dios no se anuncia al Emperador Tiberio ni a los Reyes y poderosos de este mundo. “En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»” (Lucas 2: 8-12)

Son sencillos trabajadores que cuidan sus animalitos. Somos nosotros. Todos nosotros.

¡Qué insondable enseñanza!

Dios es un bebé pobre anunciado a trabajadores sencillos.

En estos tiempos en que parece que el poder descarnado quiere apoderarse de nuestros designios, y en que el antagonismo y la descalificación de “el otro” pretenden ser la regla de las relaciones humanas, Navidad, el nacimiento del Niñito Dios nos indica otro camino.

El camino es la sencillez de un bebito frágil que ama.

Seamos como niños y acerquémonos a los pobres, a los marginados, a los migrantes, a quienes carecen de amor.

Feliz Navidad.

Expresidente de la República


Fecha de publicación: 22- Diciembre-2025

Fuente: diarioextra.com