Para facilitar las reformas que el país demanda
Participo en procesos electorales desde la Convención del 20 de enero de 1957 que eligió a Mario Echandi como candidato de las fuerzas que el año siguiente lo llevarían a la Presidencia. Pero nunca había vivido una campaña política en la que prácticamente todas las fuerzas fueran partidarias del cambio.
Como con gran ingeniosidad y perspicacia lo señaló don Jorge Vargas Cullel en su columna Enfoque del 11 de diciembre del año recién pasado, para estas elecciones hasta el partido de gobierno, que casi por definición debe ser promotor de la continuidad, se presenta como partido para el cambio, para el cambio que alega no se le ha permitido llevar a cabo.
Por lo tanto, hoy con independencia del resultado que se haya dado ayer en nuestra elección presidencial y legislativa que no conozco al escribir este artículo, habrá sido electa para la presidencia una candidatura o habrán quedado designadas para una segunda dos candidaturas, pero todas ellas promueven importantes cambios.
El estimable lector que haya tenido la paciencia de leer mis columnas sabe que yo también vivo promoviendo muchos cambios.
Si ayer se definió quien ocupará la Presidencia a esa persona le corresponde la responsabilidad de promover los acuerdos que faciliten los cambios que en campaña ha propuesto
Si vamos a una segunda ronda, ahora en medio e incluso como parte de su campaña, a los dos finalistas les toca promover el apoyo de otros grupos para sus propuestas.
Pero no es tan fácil ejecutar los cambios que los partidos y candidatos proponen. Para realizarlos se requiere proponer y oír, debatir y llegar a acuerdos.
Incluso los cambios de mayor calado son transformaciones políticas o requieren que de previo se aprueben reformas políticas que faciliten adoptarlos.
Por eso realizada la elección de ayer sea que haya o sea que no haya una segunda ronda corresponde ahora tranquilizar las aguas, botar murallas, construir puentes y volver a privilegiar la solución costarricense: analizar los problemas presentes, prever los problemas futuros y unirnos para acordar y ejecutar las soluciones adecuadas y posibles.
Sea que sigamos en campaña o sea que ya esté definido el resultado electoral conviene que los dirigentes políticos y sociales, y académicos y analistas analicen las reformas políticas más importantes para facilitar a nuestro país seguir adaptándonos a las inmensas transformaciones que vive la humanidad, y a la vez atender las carencias que arrastramos y que, en algunos casos como es evidente en seguridad y en educción, más bien se han incrementado.
Por eso me atrevo a recordar algunas transformaciones de la institucionalidad política que en mi opinión sería muy conveniente estudiar y debatir para su aprobación, aunque en algunos casos su trámite será lento y sus resultados solo se disfrutarán dentro de algunos años.
Desde hace cinco décadas se han presentado reformas para cambiar la forma de elegir diputadas y diputados. En 1988 propuse la reforma constitucional para establecer el sistema alemán de la posguerra de elegir simultáneamente de una lista nacional un tercio de los integrantes de la Asamblea Legislativa y los otros dos tercios en circunscripciones territoriales con un número similar de electores que vivan en una región cercana. De esta manera se facilita a los partidos designar candidatos con visión e intereses más generales y otros con mayor arraigo local. Además, es un medio que permite mejor integrar las convenientes características de representatividad de las personas que integran el Congreso y de su proporcionalidad de conformidad con los resultados electorales.
A la par de esta reforma se podría establecer la carrera parlamentaria para hacer más eficiente a la Asamblea Legislativa y exigir a los candidatos presidenciales postular su nombre encabezando alguna de las papeletas provinciales para ese poder de la República. De esa manera los líderes de los partidos políticos podrían ejercer su liderazgo político, y asumir la responsabilidad pública de sus actuaciones.
Para fortalecer a los partidos políticos y que no sean meros vehículos dispuestos a ser alquilados por los mejores postores, es muy conveniente tramitar las propuestas de TSE para exigir una cantidad de firmas para su constitución que sea la misma proporción de los electores que eran en 1952 -cuando así se estableció- las 3000 firmas que aún se exigen y eliminar la inscripción a los partidos que no elijan representantes, o que saquen menos votos que la cantidad requerida para su constitución.
Para facilitar la ejecución de obras y la prestación de servicios públicos es conveniente también delimitar las facultades a priori de la Contraloría, pero preservando siempre los procedimientos que aseguren competencia y apertura a la participación transparente de todo interesado en las contrataciones del estado.
También se deben revisar los procedimientos de la jurisdicción contencioso-administrativa para evitar la interrupción o el retardo en la ejecución de obras públicas, pero con eficientes procesos penales para evitar la corrupción.
En fin, que debería darse prioridad a revisar las trabas y controles innecesarios o ineficientes que dificultan la adopción de decisiones de los órganos públicos que sean acordes a sus competencias y a los fines de la administración, y modificar esas normas, pero sin abrir portillos para la corrupción.
Es evidente que estas son solo algunas de las acciones importantes para facilitar los cambios ofrecidos en campaña.
Hay otras reformas fundamentales y urgentes como las que atañen a los procedimientos judiciales para hacer efectivo el derecho constitucional a justicia pronta y cumplida y para mejorar la seguridad y la tranquilidad de los habitantes en todos los barrios y vecindades.
Y como todas las necesarias para atender los graves problemas en seguridad pública, educación, salud, el sistema de pensiones, construcción de obra pública, defensa de nuestra casa común y adaptación a los cambios ambientales, y atención a las necesidades de aumentar la innovación, la competencia y la productividad de nuestra agricultura, turismo, industria y servicios locales.
Lo cierto es que en todos los casos el éxito depende de lograr un clima de respeto mutuo, fraternal, que permita un debate constructivo.
Depende de la humildad y prudencia de vencedores y del patriotismo y buena voluntad de los perdedores.
Actuemos todos privilegiando el bien común.