Sencilla reflexión sobre el socialcristianismo en nuestros días
El recién pasado viernes 12 de diciembre la ODCA durante la celebración de su Congreso Anual tuvo la generosidad de rendirme un cálido homenaje que mucho aprecio.
Por supuesto que agradecí y agradezco profundamente ese emotivo reconocimiento promovido por la muy querida Presidenta de ODCA Mariana Gómez del Campo, así como agradecí la oportunidad que se me brindó para saludar a los dirigentes de los partidos socialcristianos de América Latina con mucho afecto, con ilusión por sus luchas en favor de la libertad, la dignidad y la fraternidad entre nuestros conciudadanos, y con admiración por sus desvelos en favor de la eficiencia en el uso de nuestros escasos recursos y capacidades en procura del bienestar de cada habitante y del bien común de sus naciones.
En esa ocasión manifesté:
ODCA nació en circunstancias muy diferentes de nuestra historia. En la posguerra las realidades de gobiernos dictatoriales, de pobreza y de ineficiencia en nuestra querida y maravillosa América Latina eran muy diferentes a los ideales de superación que abrigaban nuestros fundadores.
Al cambio de siglo el avance en muchos campos era espectacular. Salvo Cuba, todas nuestras naciones vivián en democracia, claro que con muy diferentes grados de desarrollo. Por supuesto que, entonces como hoy, las inaceptables carencias y dificultades en que vivián y viven muchos de nuestros compatriotas eran grandes y dolorosas.
En América del Sur, en el Caribe, en México y en Centroamérica partidos de nuestra orientación habían contribuido de manera fundamental a lograr establecimiento de democracias y estados de derecho, al logro de avances muy significativos en educación y salud y a la disminución de la pobreza.
Recuerdo con especial emoción el período de mi Presidencia en ODCA cuando tuvimos la dicha de que se incorporaran a nuestra organización partidos muy importantes como el PAN de México y el Partido Conservador de Colombia, convirtiéndonos en la internacional interamericana de partidos políticos más representativa.
Al inicio del siglo XXI nuestros partidos y otras representaciones políticas comprometidas con los ideales de la democracia habían cumplido con el dictum del gran venezolano de nuestra familia del humanismo cristiano Arístides Calvani: "La democracia hay que establecerla donde no la hay, consolidarla donde se ha establecido y perfeccionarla donde se ha consolidado"
¡Qué mundo y que América Latina tan diferentes vivimos hoy! Dictaduras oprobiosas, debilitamientos del estado de derecho, descarte de relaciones basadas en reglas, imperio del ejercicio descarnado del poder, cansancio de los ciudadanos, desilusión -desencanto- de la política.
ODCA ha venido exponiendo y denunciando estas dolorosas circunstancias en sus actividades y con especial relevancia en los tres Foros América Libre realizados en la Ciudad de México. Se vive en nuestra América el indescriptible dolor de los asesinatos por fuerzas del estado, los encarcelamientos de inocentes, la expulsión de sus patrias de millones de personas que pierden familia, hogar y amigos, y la pobreza que sufren otros millones de familias por la corrupción y las políticas demagógicas de sus gobernantes.
Ante esa triste realidad no hay espacio ni para la indiferencia ni para abandonar nuestras trincheras.
¡Esta hora demanda más y más pensamiento, más y más compromiso con nuestros valores y nuestra ética política, con la ciencia y el conocimiento, con una acción realista, y con un tesón inclaudicable en pro de nuestros ideales, más amor entre los habitantes de nuestros países y más verticalidad ética y democrática de políticos y lideres sociales!
En estos días hemos recibido inspiración extraordinaria para fortalecer nuestros empeños.
El otorgamiento del Premio Nobel a la Paz a la Heroína de América María Corina Machado y su valentía para viajar a Oslo alumbran el camino que debemos seguir los dirigentes socialcristianos en pro del bienestar y del progreso de las y los latinoamericanos.
María Corina no logró el apoteósico triunfo en las elecciones del año pasado contra la narcodictadura inhumana de Maduro y sus compinches gracias a enormes recursos, a gran aparato propagandístico, a la prédica del odio y la violencia.
Sabemos que careció de todo ello y que sufrió y sufre inconcebibles limitaciones y obstáculos.
Lo logró predicando fraternidad, amor entre los venezolanos, reunión de las familias.
Lo logró con entrega y sacrificio personal, dándose generosamente a sus conciudadanos, participando de sus congojas y frustraciones.
No lo logró con ofertas mentirosas. Lo logró con realismo y compromiso.
Ese es nuestro camino.
Un abrazo solidario y que la Virgen de Guadalupe que une a América Latina, que nos une en medio de nuestras diferencias, que nos une con su humilde aceptación de su misión y cuya festividad hoy celebramos a lo largo y ancho de este hermoso continente, nos ayude a imitar el valiente y exitoso ejemplo de María Corina.