El sombrero en las buenas y en las difíciles
Desde niño estuve familiarizado con el sombrero. Papá siempre usaba uno de fieltro para salir a trabajar o para realizar cualquier gestión. Una vez, después de uno de los almuerzos familiares que teníamos en su casa los miércoles, cuando papá se preparaba para irse a su jornada laboral de la tarde no se había puesto su sombrero y Andrés, con muy poquitos años, le preguntó: ¿Abuelito se va a ir así chingo de la cabeza?