Nuestra democracia debe mucho a la Independencia de los EE.UU.

Agradezcámosle y no nos cansemos de ser libres

El aporte que ha dado EE. UU. al mundo en sus 250 años de vida independiente es enorme. Felicitemos a ese poderoso vecino al norte de América Latina y agradezcámoselo.

Mostró a las naciones que en una nación grande y diversa puede funcionar un gobierno democrático, con división de poderes, con independencia y equilibrios entre ellos. Que en esa nación se puede dar progresiva vigencia a los derechos humanos y a la vez se puede desarrollar la más exitosa economía en la historia de la humanidad.

Es ejemplo de una sociedad emprendedora y proclive a formar organizaciones voluntarias para atender problemas comunales. Transformó en la postguerra a partir de 1945 las relaciones internacionales y el comercio, normándolos. Una nación con una capacidad de innovación extraordinaria y que ha dado al mundo un aporte científico y tecnológico inmenso y una riqueza cultural maravillosa con música, literatura, cinematografía, arquitectura.

El país que descubrió y describió maravillado el noble francés Alexis de Tocqueville en Democracia en América, después de su periplo por aquellos primitivos EE. UU. de hace casi 200 años.

Los países europeos y las colonias españolas en América mucho aprendimos en aquellos años en que en Europa aún predominaban monarquías absolutas y en nuestra zona del mundo nacían naciones independientes con muy limitada experiencia de autogobernarse.

No fue fácil para los habitantes de aquellas trece colonias luchar 8 años contra el poderoso Imperio Británico del Rey Jorge III, ni declarar su independencia, ni acordar su Constitución y el posterior Bill of Rights, la carta de derechos que adicionó y perfeccionó la constitución, ni iniciar su gobierno civil y traspasarlo pacíficamente entre ardientes adversarios con muy diferentes visiones de cómo organizarse.

Tampoco fue fácil para los países europeos adoptar y nacionalizar el nuevo modelo de gobierno que nació junto con EE. UU. A pesar de su situación inicial más favorable a la de las trece colonias en conocimientos, educación de su gente, control de su territorio; los imperios en Europa se prolongaron buena parte del siglo XX, sufrieron revoluciones, enfrentamientos, dos guerras mundiales y algunas de sus naciones vieron a millones de sus habitantes tener que emigrar para subsistir en otras zonas del mundo, muy especialmente a EE. UU. y a América Latina.

La mayor parte de las nuevas naciones en América Latina tampoco la tuvieron fácil. En la mayoría los ejércitos necesarios para independizarse se convirtieron en mecanismo que facilitaba golpes de estado y dictaduras militares, y las constituciones democrático-liberales en mucho, basadas en los aportes de la experiencia de los EE. UU., se enfrentaron con la realidad socioeconómica de un sistema clasista muy enraizado con una profunda desigualdad de oportunidades.

Nosotros en Costa Rica por nuestra pobreza colonial y aislamiento nos vimos favorecidos en no tener inicialmente un aparato militar que nos inmiscuyera en las guerras que azotaron a las naciones del norte de nuestra América Central. Solo fue después de la militarización requerida para luchar en la Campaña Nacional contra William Walker y sus filibusteros que se hicieron comunes las asonadas militares y solo fue por un período muy corto.

Nuestro primer jefe de Estado don Juan Mora Fernández, fue un maestro, no un general.

Desde el propio Pacto de Concordia de hace 205 años se empezaron a sentar las bases de una democracia liberal con su estado de derecho que se fue mejorando progresivamente, con los interregnos del Golpe de Estado de Tinoco y de la Revolución de 1948.

La democracia en EE. UU. fue paulatina, y a veces tan dolorosamente como con la Guerra de Secesión, avanzando en inclusividad y respeto a los derechos humanos de todos. Pero aún hoy sufre embates que la pueden debilitar.

Como todas, nuestra democracia también es frágil y solo se sostiene porque el pueblo lo ha querido.

Hemos sido exitosos en construir y perfeccionar nuestra institucionalidad de democracia electoral y de estado de derecho. Pero la pérdida en el aprecio que se demuestra en la evolución de nuestros resultados en las encuestas de Latinobarómetro, así como el descontento ciudadano deben llamarnos a la reflexión y a la acción.

Recordemos la advertencia de don Joaquín García Monge: “Solo se pierden los pueblos que se cansan de ser libres”.

Miguel Angel Rodríguez E.

Ex Presidente de Costa Rica
Ex Secretario General de la OEA
Economista, abogado, político.
Esposo, padre, abuelo.

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