El vaso de Costa Rica está mucho más que medio lleno
En nuestra vida las personas tenemos felicidad y dolor, éxitos y fracasos, horas buenas y horas malas. A menudo consideramos que nuestra vida es un vaso medio lleno y medio vacío.
Pero siempre, aún en el dolor, en el fracaso y en las horas malas nuestra vivencia es buena si sabemos afrontarla. Nuestro vaso siempre está mucho mejor que medio vacío. El efecto de nuestras circunstancias depende de cómo las aceptemos.
El artículo que la semana pasada publicó Lorena en este espacio que gentilmente me proporciona Diario Extra y los cientos de gentiles comentarios que por él hemos recibido, me hicieron reflexionar una vez más sobre esa enseñanza de fe y de vida. Dios nos ama y en las mayores dificultades podemos encontrar el bien y muchas enseñanzas. Todo depende del ánimo con el que las afrontemos.
En medio de la congoja, las penas, las incertidumbres y las limitaciones que la enfermedad necesariamente produce en Lorena, ella sabe ver la bondad que la rodea. La bondad de médicos y enfermeros, del personal de apoyo en el hospital y de los pacientes y sus acompañantes, que en medio de sus propias angustias se desviven por ser generosos y ayudar a los otros enfermos.
No se puede ocultar el miedo, las interrogantes, los dolores que vive un enfermo en un hospital. Tampoco es posible ignorar las limitaciones siempre presentes en la atención que el personal de salud brinda a sus pacientes.
Pero la semana pasada, y reflejando su actitud de toda una vida frente a las duras situaciones que nos ha tocado vivir, Lorena nos hizo ver que a pesar de esas circunstancias en un servicio tan demandante y agresivo como la quimioterapia, reinan en el Hospital San Juan de Dios la bondad y la solidaridad.
No es muy diferente la situación de un país que la de una persona en cuanto a los efectos de circunstancias negativas. Si las aceptamos con sabiduría, causan menos daños y las podemos superar de mejor manera.
También, en los países son mucho más los bienes que los males que se experimentan. Y en el caso de Costa Rica esto es especialmente así.
Es especialmente así porque tenemos una sociedad en la que han imperado el buen trato y el respeto de unos a otros. En la que, con la solución costarricense, hemos sabido ser previsores y solidarios.
No somos de los más ricos, pero diferentes mediciones nos dicen que somos de los más felices y con mejores índices de desarrollo humano.
No somos uno de los países con mayor ingreso per cápita, pero hemos sido y somos uno de los países que en el pasado y en estos años de bajo crecimiento económico, más crecemos en nuestra producción de bienes y servicios.
No somos un país lleno de riquezas minerales, pero somos uno de los que tienen mayores y más diversas riquezas naturales.
No somos de los países con mayores recursos para el bienestar social, pero tenemos uno de los más elevados índices de progreso social.
Ciertamente se nos han deteriorado grandemente la seguridad ciudadana y la educación pública, se ha acumulado una presa inimaginable de atrasos en obtener los servicios de medicina de la CCSS, tenemos graves carencias en infraestructura, somos hoy un país muy dividido, con grandes deficiencias institucionales, con gran polarización y duros, groseros enfrentamientos. Y debemos afrontar un mundo menos acogedor y favorable.
Pero es una realidad objetiva que nuestro vaso está mucho mejor que medio lleno.
Pero que esa sea también una realidad sentida depende de que los costarricenses sepamos asumir los tragos amargos.
Todos estamos llamados a promover el bien, la verdad y la belleza. Todos estamos llamados a ser cada día más felices.
Enfrentemos con amabilidad, sin dobleces, con seriedad y solidariamente nuestros problemas.
Entre todos los podemos resolver y ser más felices.