Disyuntivas

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

Terminó la Vigésimo Sexta Conferencia de las partes de la Convención Marco de las NNUU sobre el Cambio Climático. Al final se logró algunos acuerdos que dejan viva la esperanza de que se pueda llegar a que las naciones acuerden y ejecuten las acciones necesarias para prevenir las peores consecuencias contra la vida en nuestro planeta. Pero no se pudo aprobar las medidas requeridas para asegurar que la temperatura no aumente más de 1,5 grados centígrados con relación a la vigente antes de la revolución industrial. Las luces solo dejan viva la esperanza, las sombras nos golpean con el hecho real de que no se ha podido tomar medidas que aseguren que el objetivo se va a cumplir. El peligro para la humanidad sigue presente y su atención con la intensidad necesaria se pospone para otra COP, otro año, otra sede.

Luces de esperanza

Se reafirmó el principio de que el calentamiento global no sobrepase 1,5 °C, pero es un objetivo que cada vez luce más lejano, a menos de que se descubran mecanismos ejecutables para capturar el carbón acumulado en la atmosfera. Es un principio cuyo cumplimiento no se daría con los compromisos que hasta la COP26 han asumido las naciones en el marco del Acuerdo de París.

Esta situación se produce a pesar de que hace 3 meses se rindió el Sexto Informe de Evaluación (AR6) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) que convoca a una acción urgente para minimizar los daños que este calentamiento ya nos produce y que nos seguirá ocasionando. Ese es un informe mucho más contundente que sus anteriores conclusiones sobre el impacto de la acción humana en el calentamiento global, sobre los daños que ya se producen, sobre la gravedad de los efectos perversos para la vida humana y el planeta de continuar con la tendencia actual, y sobre la urgencia de detener la acumulación de gases de efecto invernadero. (ver WWW.rodriguez.cr “Urge actuar ante el cambio climático”) Ya se ha incrementado la temperatura en 1,1°C, de manera que el margen restante es muy pequeño y urgen medidas con resultados en la presente década que lo permitan. Las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) hasta hoy por las partes no alcanzarían ese objetivo. Los cálculos en Glasgow indican que si solo se cumpliese con las NDC actuales el incremento del calentamiento sería entre un 1.9°C y 3.0°C, con un valor mediano de 2,4°C. Sería desastroso. The Economist calcula que si se toman en cuenta los compromisos para llegar a cero emisiones a mediados de este siglo o una década después el calentamiento estaría entre 1,5 y 2,4°C pero agrega que la mayor parte de esos compromisos son meras palabras, y que aún con las más favorables rutas de implementación de esos NDC para 2030 hay un 50% de probabilidades de que ya se haya superado el calentamiento de 1,5°C

Lo más positivo en este campo de la mitigación de emisiones es el llamado a los países a no esperar 5 años para la revisión de sus NDC como se había acordado en París, sino más bien a presentar el año entrante nuevos compromisos para 2030 que permitan cumplir con el objetivo de que el calentamiento global no sobrepase 1,5°C. Posteriormente en 2025 cuando según el Acuerdo de París se debía revisar los primeros NDC se requerirá presentar nuevos compromisos para 2035.

Además, reconoce la necesidad de reducir la emisión de CO2 para 2030 en un 45% y de disminuir gradualmente la energía no compensada del carbón y eliminar gradualmente los subsidios ineficientes a combustibles fósiles.

En cuanto a ayuda financiera para la mitigación y adaptación de los países en desarrollo, se había fijado en 2009 que para 2020 se debería alcanzar la meta de $100 mil millones por parte de los países ricos. En 2019 se había llegado si acaso a $80 mil millones y no es creíble que la meta se vaya a alcanzar en 2020 con los efectos de la pandemia. Se acordó que se debería llegar a los $100 mil millones en 2023 y que el monto para adaptación al cambio climático que se debería transferir a los países en desarrollo debe ser el doble del que se les proporcionó en 2019 y llegar a $40 mil millones.

Paralelamente al evento principal se produjo una serie de coaliciones voluntarias de grupos de naciones que llegaron a otros acuerdos específicos, entre ellos los siguientes:

1. Unos 100 países que representan alrededor de un 50% de las muy nocivas emisiones de metano acordaron para 2030 reducirlas en al menos 30%.

2. Países que poseen un 90% de los bosques del mundo, se comprometieron a eliminar y reversar la deforestación para 2030, y asignaron $12 mil millones con ese fin.

3. 33 naciones se comprometieron a no permitir la venta de autos no eléctricos a partir de 2035 (de 2040 para países en desarrollo)

Sombras de omisión

No hay ningún compromiso vinculante para asegurar que las naciones mejoren sus NDC a fin de que el agregado cumpla con el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5°C. Tampoco existe mecanismo alguno para que se ejecuten los NDC comprometidos. Ni siquiera se cuenta con un sistema acordado para medir el grado de cumplimiento, aunque se avanzó en fijar algunas reglas con relación a la utilización de compensaciones a las emisiones de carbono, previas al Acuerdo de París.

Se discutió respecto a la responsabilidad de los países desarrollados por las contaminaciones que han acumulado y la compensación que por ellas deben a los países en desarrollo tanto para financiar sus acciones de mitigación y compensación, como para fondear el sistema de pérdidas y daños en beneficio de las naciones que sufran desde ya los efectos negativos del cambio climático y las catástrofes naturales provocadas. Pero no se llegó más que a lamentar el no cumplimiento de las metas previamente acordadas, y a buenos propósitos para el futuro.

En resumen, está claro el peligro, se acepta la meta que se debe alcanzar, pero no hay ni compromisos nacionales de acción que la alcancen ni medios para forzar que se adopten y ejecuten.

¿Será necesario establecer incentivos positivos (zanahorias) y negativos (garrote) para que los países acuerden y ejecuten acciones suficientes para limitar el calentamiento global a 1,5°C? O, ¿será necesario un acuerdo entre las mayores potencias y los mayores contaminantes que se imponga a los demás países? ¿Será posible hacerlo con el establecimiento de un mercado internacional de CO2?

No es fácil acordarlo ni es fácil encontrar un sistema justo para hacerlo.

¿Cómo compensar la baja contaminación por carecer de energía básica de los países más pobres con la gran contaminación que efectúan hoy y han acumulado los desarrollados? No todos los desarrollados contaminan igual: Francia emite 4,2 toneladas (t) mientras Alemania emite 7,7 t por habitante; los países petroleros tienen las más altas tasas de contaminación por habitante (Qatar tiene la más alta: 37,02 T), pero son muy despoblados y su impacto en contaminación global es muy bajo (Qatar apenas contribuye con un 0,31% de la contaminación mundial); China es el mayor contaminante actual (27% de las contaminaciones) pero su contaminación por habitante de 7,42 t es la mitad de la que corresponde a EE.UU. de 14,24 t (que es el segundo mayor contaminante actual con un 15% de las emisiones). El promedio mundial per cápita es de 4,47 t. La contaminación por habitante de EEUU es 3,2 veces mayor a ese promedio mundial y la de Costa Rica de 1,55 t es 2,9 veces menor a ese promedio mundial. Pero República Democrática del Congo solo emite 0,03 t por habitante, y es 149 veces menor. Hay 139 países y regiones que emiten más que Costa Rica, pero a la vez hay 75 que emiten menos. ¿Cómo establecer un sistema justo que se pueda imponer?

El Acuerdo de París y las COP posteriores han tratado de establecer un acuerdo justo que garantice los resultados. Lo han hecho delegando en las naciones el establecimiento de sus propias metas para lograr el control del cambio climático. Se ha avanzado, pero el mundo está aún lejos de lograrlo. Y es literalmente vital hacerlo.

Miguel Angel Rodríguez

Ex Presidente de la República

Fecha de publicación: 22-Noviembre-2021

Fuente: La República


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