Trámites, clima de negocios y crecimiento

Este es el décimo de una serie de artículos sobre los cambios en el modelo económico para pasar de uno de promocion de exportaciones a uno basado en la productividad

Eliminar trámites y atrasos innecesarios para que vuelvan a surgir como abejones en mayo, es una vergüenza. Es igualmente una vergüenza que entre 183 economías ocupamos en la última evaluación del Banco Mundial el puesto 122 respecto a nuestra facilidad para hacer  negocios. Perdimos 6 escalones respecto al año anterior, pues aquí toma en promedio 61 días establecer un negocio. Para otorgar permisos de construcción ocupamos el puesto número  142 en esa evaluación, en ejecutar contratos el 129, en proteger a los inversionistas el  166  e incluso en facilidades para pagar impuestos el puesto 138. En todos estos casos estamos en el tercio de países más ineficientes del mundo, y lo peor es que resolver estos temas no demanda grandes inversiones.
Por su parte, el Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial nos coloca en el lugar 131 entre 142 naciones respecto a la protección a la inversión, en el  85 por el peso de las regulaciones gubernamentales y de 127 por número de días requeridos para iniciar un negocio.

Rudolfe Lücke del Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la UCR ha realizado una serie de relaciones entre lo invertido por gobiernos de diversos países y los resultados obtenidos, haciendo patente la ineficiencia del uso de nuestros recursos públicos en diferentes campos, incluyendo el de facilitar negocios. Estas debilidades deben ser solucionadas para aumentar la eficiencia de la producción en Costa Rica, pues implican aumento de la incedrtidumbre y costos innecesarios para la producción nacional impidiéndole ser realmente eficiente. Y esto requiere esfuerzos superiores a los usuales, pues muchos gobiernos se han comprometido a  eliminar estos problemas pero los resultados, las pocas veces que se han dado,  han sido poco duraderos.

No se ha podido avanzar con reformas que aseguren que la Contraloría no intervenga con criterios políticos de oportunidad ni de conveniencia y que promuevan acelerar la toma de decisiones en las contrataciones administrativas, que la Sala Constitucional sea tal y verdaderamente vuelva a la defensa de los derechos fundamentales de la constitución y no sea un senado político, que la elaboración de presupuestos abarque en grandes rubros la totalidad –y no menos de la mitad, como ahora- del sector público no financiero, que los procedimientos sean menos formalistas y más relacionados con los fines de las instituciones públicas para que cumplan con su propósito en vez de ser meros estorbos.

La simplificación de procedimientos, la limitación de los controles a los campos de su estricta competencia y la vigilancia permanente en el uso de las regulaciones es otra  área en la que se requieren acciones fuertes para aumentar la eficiencia y la competitividad de la producción costarricense.

Entrevista concedida por el Dr. Miguel Angel Rodríguez Echeverría, ex Presidente de la República y ex Secretario General de la OEA al canal noticioso colombiano NTN24, para hacer un balance de la Cumbre de las Américas, en Cartagena.

Inversión, seguridad jurídica y trámites
Noveno de una serie de artículos sobre la necesidad de cambiar nuestro modelo de desarrollo publicados en La República
Merced a los cambios que realizamos al salir del modelo de sustitución de importaciones en los ochentas y noventas, disfrutamos los costarricenses de crecimiento en medio de la larga crisis financiera que vive el mundo, y eso debe alegrarnos. Pero, como he señalado, ese crecimiento ya había venido desacelerándose, y el costo de sostenerlo por promoción de exportaciones va aumentando. Eso nos obliga a enfrentar de nuevo un cambio de modelo, si queremos crecer acelerada y solidariamente: ahora debemos basar nuestro progreso en la eficiencia y la participación.

Dos áreas, además de las enumeradas en artículos previos, donde son indispensables cambios son  la de seguridad jurídica y trámites administrativos, y la de manejo de los servicios públicos y en especial los programas sociales. 

La seguridad jurídica es un concepto complicado que exige cuidadosos equilibrios. Nadie puede pretender la seguridad de la inmovilidad. Lo que se busca es que si se afectan derechos adquiridos por cambios en las reglas del juego,  se tenga que compensar al afectado con legítimos derechos, y que por consiguiente los cambios deban ser muy justificados. Se trata pues de proteger la propiedad entendida en un sentido amplio. Y se trata de que las instituciones jurídicas y su operación permitan prever cuáles serán los resultados de nuestras acciones con la mayor certeza posible. Esto difícilmente se puede dar cuando las resoluciones judiciales en una vía procesal pueden ser cambiadas en otra vía, sin que se conozca cuál interpretación es la que prevalecerá, y permitiendo la interferencia de poderes ajenos fácticos o formales en los casos concretos. De previo deben  quedar claramente establecidas las competencias y límites de cada jurisdicción, así como la jerarquía entre ellas. No hacerlo aumenta la incertidumbre, afecta los costos de hacer negocios, y disminuye la inversión y el crecimiento. Y esto no se refiere solo a agentes extranjeros, es igual para los nacionales.

En el campo de la tramitología nuestra situación es confusa, duplicada y en muchos casos las reglas son  innecesarias. Por ejemplo, es preciso proteger los recursos naturales que son parte fundamental de nuestra riqueza y especificidad. Pero para ello no es necesario, sino más bien inconveniente, que se requiera aprobación de SETENA para construcciones habitacionales, comerciales o industriales pequeñas y de características corrientes, en zonas dedicadas a  esos fines. Lo único que se logra con eso es atascar el proceso de revisión y limitar los medios disponibles para estudiar a conciencia los grandes proyectos que sí requieren definir y evaluar la magnitud de su impacto sobre la naturaleza.

Y no basta con eliminar trámites, pues estos con enorme facilidad vuelven a aparecer como la mala hierba chapeada. Se trata de simplificar procedimientos, eliminar engorros y pasos innecesarios, pero a la vez impedir que las malas hierbas rebroten. Es una verdadera vergüenza que en los noventas se hayan eliminado en los noventas los permisos sanitarios anuales para miles de pulperías y pequeños negocios, pero luego se los volvieran a imponer, o que se hubiesen reducido los plazos para permisos de construcción y luego se  volvieran a extender, o que se dejase de reconocer nuevos  genéricos de medicinas y agroquímicos durante dos administraciones.

Controlar los excesos de la tramitología debe ser tarea de todos los días ante los antiguos y los nuevos procedimientos, así como debe serlo la  limitación del gasto.
GOBIERNO E INVERSIÓN PARA LA EFICIENCIA
Octavo de una serie de artículos sobre la necesidad de cambiar nuestro modelo de desarrollo publicados en La República

Para propiciar la productividad y un crecimiento compartido, es necesario que el gobierno  desempeñe adecuadamente sus tareas de  inversión pública. Esto a su vez demanda  condiciones favorables para ejecutar esas tareas.

No hay que elucubrar mucho para confirmar el atraso de nuestra infraestructura. El estudio conjunto del Banco Mundial y BID de 2009 sobre eficiencia en nuestro gasto público  concluye que solo el 14,4% de la red vial evaluada está en buenas condiciones y un 64% en condición mala o muy mala. El Foro Económico Mundial en su informe de competitividad 2011-2012 señala que Costa Rica perdió 5 posiciones respecto al anterior reporte, en buena medida por carencias de infraestructura, sector en el cual tenemos la posición 101. De hecho, en puertos ocupamos el lugar 137 (solo 4 naciones están peor) y en carreteras el 124 (solo 18 están peor). Esta importante información, accesible a todos los inversionistas locales y del extranjero, señala que los dos factores más problemáticos para hacer negocios en Costa Rica son la ineficiencia de nuestra burocracia,  a lo que ya me he referido, y la insuficiente  infraestructura.

La falta de capital público representa mayores costos para las empresas grandes y pequeña y eso resta competitividad internacional. Como  es preciso pasar de un modelo de incentivos a las exportaciones a uno de eficiencia en la producción no podemos seguir arrastrando este viejo  problema.

Esta limitación se origina en el estallido del modelo intervencionista de sustitución de importaciones, que nos hizo heredar un estado hipertrofiado que la economía ya no podía mantener. Ello obligó a reducir su tamaño,   conllevó la pérdida de muchos de los mejores empleados públicos, así como el deterioro de la educación y muchos servicios públicos, y la caída violenta en la inversión pública e incluso del mantenimiento.  Han pasado ya  30 años desde la crisis del modelo de desarrollo anterior y aún estamos pagando sus consecuencias, sin resolverlas.

Los esfuerzos ejecutados desde hace 14 años no han sido suficientes. Se estableció CONAVI para generar recursos y un sistema de licitaciones de mediano plazo para dar mantenimiento por privados de la red vial, pero los recursos no han sido suficientes para la renovación que se requiere ni se han generalizado los contratos de mediano plazo. Se modificó la ley de concesiones, se realizaron estudios para otorgarlas en muchas obras que incluso se adjudicaron y se buscó asesoría en Chile para organizar el Consejo de Concesiones, pero no se pudo contar con los gerentes de proyecto de alto nivel requeridos, ni se resolvieron problemas financieros para las expropiaciones, ni se logró la contratación de supervisiones externas y el uso de contratos de adhesión   al momento de licitar para evitar las demoradas y difíciles negociaciones posteriores. A la fecha y con gran atraso solo se ha llevado adelante la concesión de los Aeropuertos Santamaría y Daniel Oduber, del Muelle de Caldera (a medias) y de la autopista Castro Madriz.

Para resolver estos problemas es necesario también solucionar los del Servicio Civil, nuestro  diseño institucional y los trámites de contratación administrativa.
Burocracia para un gobierno fuerte y eficiente
Sétimo de una serie de artículos sobre la necesidad de cambio en el modelo de desarrollo económico publicados en La República
 
La crisis del modelo de sustitución de importaciones nos condujo a reducir el  tamaño del gobierno. Así pudimos estabilizar la economía y liberar recursos para los sectores productivos. Esa reducción “descremó” nuestra burocracia, disminuyendo su calidad, pues  se realizó alentando con incentivos  la renuncia  de servidores  públicos y  se fueron quienes con mayor facilidad obtendrían buen empleo en el sector privado.

Esto ocurrió cuando el fortalecimiento del mercado requería  un Estado más fuerte (no más grande ni arbitrario) para  mejorar las  instituciones, para  la gobernabilidad, el orden de la competencia, el Estado de Derecho,  políticas sociales inteligentes y las tareas ordinarias de gobierno como infraestructura, seguridad, educación y salud.

Tenemos un sistema de servicio civil que asegura la inmovilidad y casi nada más. Los salarios e incentivos no responden a las responsabilidades que involucran los puestos. El sistema de selección no discrimina según quien otorga un título universitario. Una maestría ganada en 2 o 3 años totales de estudio en una carrera no acreditada de una universidad de garaje, le gana a una licenciatura de 5 o 6 años en una carrera acreditada de una universidad de prestigio (pública o privada). Así, gran cantidad de profesores de matemáticas, por ejemplo,  tienen un título pero apenas si han estudiado los propios textos de secundaria que les tocará mal enseñar. ¿Cómo nos vamos a extrañar de los resultados de las pruebas de  bachillerato o de PISA?  ¿Cómo nos va a extrañar la dificultad de contratar ingenieros, abogados  u otros profesionales de calidad para la función pública en especial del Poder Ejecutivo? ¿Cómo nos van a extrañar los problemas de “la platina”, la calidad de servicios públicos o algunas sentencias  judiciales? El sector privado no trata todos los títulos universitarios como  equivalentes, y discrimina según carrera y Universidad.

Las calificaciones que les ponen” compañeros” a los funcionarios dentro de nuestro sistema del “pobrecito” son “buenas” o “muy buenas”, y las “buenas” son las de quienes no han reclamado. No hay valoración externa alguna. Los burócratas carecen de incentivos positivos o negativos para estar al día y mejorar su formación profesional, y salvo en pocos campos como medicina, comercio exterior y algún otro, el estado no los promueve.

Para mejorar el gobierno urge reformar el servicio civil. Para trabajar en la función pública, solo se deberían  aceptar títulos de carreras debidamente acreditadas. Aquellos que tengan otros títulos tendrían que revalidarlos en exámenes periódicos de comités integrados por el servicio civil y el colegio profesional respectivo. Las calificaciones y  estabilidad de los funcionarios deben estar sujetas a pruebas de competencia realizadas cada 4 o 5 años por entes evaluadores externos de reconocida calidad.

Sin una reforma de esta magnitud  difícilmente alcanzaremos el gobierno que la Costa Rica del siglo XXI necesita.
Gobierno más fuerte, para promover crecimiento y equidad
Sexto de una serie de artículos osbre la necesidad de cambiar el modelo económico publicados en La República

Para disponer de más bienes y servicios  necesitamos un gobierno fuerte y eficiente. El crecimiento de la producción depende de los factores productivos y de la eficiencia en su uso. El gobierno es una institución de enorme influencia en los resultados de la vida humana. Por una parte, el uso de  capital, trabajo y recursos naturales para su funcionamiento (que los adquiere vía imperio y no por un acuerdo voluntario de partes),  hace que esos factores no estén disponibles para producir otros bienes y servicios que los consumidores demandan. Y por otro lado, el gobierno  produce bienes públicos (políticas públicas, cambio institucional, seguridad, justicia, educación, salud, infraestructura, servicios sociales) que  responden a necesidades de los ciudadanos o  afectan la eficiencia de la producción privada. Las maneras en que  el gobierno adquiere sus recursos (la estructura impositiva) y los usa (la estructura del gasto público) afectan  necesariamente la producción y distribución de los bienes  y por ende la pobreza, la desigualdad y el bienestar.

Hemos visto que la carencia de capital humano deteriora la eficiencia de la producción y la equidad en nuestros días. También esa baja disponibilidad de capital humano limita la eficiencia del gobierno.

La crisis de inicios de los ochenta se dio con un déficit del sector público en 1981 del 19,1%,  con  deudas externa e interna de 120% y 36% respectivamente, datos todos con relación al PIB. Este insostenible desequilibrio procedía de una producción desacelerada por agotamiento de las oportunidades productivas protegidas, de un gasto desbordado y de las debilidades tributarias del modelo de sustitución de importaciones.

Para salir de la crisis, afrontar sus graves costos sociales y económicos y volver a crecer era imprescindible estabilizar la economía que además sufría un muy fuerte desbalance en sus pagos internacionales (un déficit en cuenta corriente del 15% del PIB). Y se duró muchos años en ese proceso. Para lograr mejorar las finanzas públicas fue imprescindible en los noventas disminuir el empleo del sector público.

Con ese fin y dadas las características de moderación, tolerancia y comedimiento en nuestras decisiones políticas, se recurrió a un sistema voluntario de abandono del empleo público, dando incentivos a los funcionarios que renunciaran. Pero claro, renunciaron quienes estimaron que encontrarían fácilmente empleo privado, por lo que no solo se redujo el número sino también la calidad media de la burocracia. Se “descremó”. A la vez se redujeron considerablemente y por un tiempo prolongado los programas de capacitación de los servidores públicos. Probablemente esta era la mejor alternativa posible. Pero se dio cuando el cambio hacia más mercado requería un gobierno pequeño pero más fuerte y mejor preparado para contribuir a la eficiencia y a la equidad. Es necesario solventar esa carencia.
Educación, crecimiento y justicia social
Quinto de una serie de artículos publicados en La República
El modelo de incentivos a la exportación con su propio éxito genera costos crecientes y dificultades,  cada vez mayores, para mantener la inversión pública  en infraestructura (capital físico), educación (capital humano)  y  los programas sociales y de cambio institucional necesarios para aumentar la productividad, fortalecer la paz y la justicia social.

Los aportes a nuestro  crecimiento  han venido principalmente del aumento del capital y de las unidades básicas de trabajo, y no del capital humano ni de la productividad total de los factores (cambios tecnológicos,  institucionales y de la estructura social).

En este contexto, es de particular gravedad  que la calidad de la educación pública  ya no  sea suficiente para dotar a la mayoría de nuestros jóvenes del conocimiento y las destrezas necesarias para enfrentar productivamente las circunstancias  actuales de Costa Rica, para generar eficiencia, mayor justicia social y ser instrumento de movilidad social.

En  la baja relevancia del crecimiento del capital humano como factor de crecimiento económico influyen notablemente  los retrocesos en cobertura y calidad  de la educación secundaria, originados los primeros por  la crisis 1980-1984 y los  segundos por el “facilitalismo” que se había introducido desde años atrás en programas y métodos de enseñanza. (La cultura del pobrecito).

La inmigración de trabajadores, en su mayoría  poco calificados, ha sido también determinante de la estructura por conocimientos de nuestra actual fuerza laboral.

La crisis del sistema de sustitución de importaciones prácticamente no afectó las condiciones de  la educación universitaria, pero si afectó muy sensiblemente la secundaria. De 1980 a 1985 la matrícula en números totales en secundaria cayó casi un 20% y la de las universidades públicas  aumentó un 4,5%.   Fue en 1995  que se recuperó la cobertura en secundaria que teníamos en 1982 y no hemos vuelto al número de días lectivos anuales que se impartían al inicio de los ochenta.

Los cambios que se inician con fuerza para aumentar la escolaridad a mediados de los noventa no se reflejan sino poco a poco en la estructura de los trabajadores.

Para 2002 aún era inferior al dato del censo de1984 el porcentaje de la población económicamente activa  que había terminado la secundaria (1984, 12,2 %; 2001, 11,1%).

Para considerar el capital humano es necesario tomar en cuenta la calidad de la educación.
La OCDE realiza una evaluación en sus países miembros y en  aquellos que lo soliciten, sobre la educación recibida por  jóvenes de 15 años. Hace pocas semanas, por primera vez, tuvimos un resultado para Costa Rica, que compara nuestra situación respecto a 84 naciones en lectura, matemáticas y ciencia con datos de 2009. Los resultados son menos buenos en ciencia, que en lectura y peores en matemáticas, y tenemos mucho menores niveles de participación en los niveles más altos de las pruebas.

La calidad de nuestra educación no está preparando a los jóvenes para ser parte de una producción que requiere ser cada vez más eficiente;  y si continúan las diferencias entre la enseñanza  pública gratuita y la privada costosa, estaremos contribuyendo a aumentar la desigualdad.
Crecimiento eficiente y compartido Cuarto de una serie de artículos publicados en el periódico La República En artículos anteriores señalé que el propio éxito de la política de crecer mediante incentivos a las exportaciones genera -por el aumento de sus costos- la necesidad de sustituirla para que el crecimiento se base en eficiencia y productividad. Este cambio también es necesario para recuperar una sociedad más igualitaria. Además, la crisis financiera internacional, los cambios de la estructura política, el crecimiento de la desigualdad y el agotamiento del patrón de crecimiento crean una enorme desconfianza ante el futuro y un rechazo de lo político. Para enfrentar estas circunstancias es preciso señalar los principales factores para crecer eficiente y equitativamente. Podemos crecer la producción por aumento de infraestructura (capital público), de capital físico privado, del número de los trabajadores, o de la educación para tener más capital humano. Pero también lo podemos hacer usando mejor los recursos existentes mediante cambios en la tecnología, el conocimiento o la estructura social que se miden en el factor residual llamado productividad total de los factores (PTF) ¿Cómo ha crecido nuestra producción? Con base en investigaciones de Edgar Robles, y de la Academia de Centroamérica podemos adentrarnos en la contribución de los elementos citados al crecimiento de nuestra economía. ¿Cuáles son sus conclusiones? En Costa Rica, nos dicen, tanto antes como después de la crisis ha sido el crecimiento de la cantidad de capital y de trabajadores con niveles de entrenamiento básicos, las fuerzas que más han contribuido al crecimiento de la producción. El crecimiento de la productividad subió después de la crisis y en los noventas fue igual a la contribución conjunta del crecimiento del capital y del trabajo: entre 1990 y 1999 el capital físico contribuye 1,8% al crecimiento del PIB, el trabajo 1% y la PTF 2,8%. Pero ya en este siglo el aporte de mejoras en la eficiencia y la productividad (PTF) apenas ha sido un octavo de la contribución del aumento del capital y el trabajo (el capital físico contribuye 2,5% al crecimiento del PIB, el trabajo 1,6% y la PTF 0,5% entre 2000 y 2008) Además, ha sido mayor la contribución del aumento en el número de trabajadores que la del capital humano en la influencia del trabajo para el crecimiento de la producción: de 2000 a 2008 el número de trabajadores contribuye un 1,1% mientras el capital humano solo un 0,5%. Este crecimiento de los últimos años con poco aumento en la PTF y en el capital humano no ha sido suficiente para alcanzar una disminución importante de la pobreza. Con el mismo aumento de capital físico y de trabajadores que se dio de 2000 a 2008, si además se hubiera podido mantener el crecimiento de la PTF de los años 1990 a 2000, el PIB per cápita habría sido mayor en un 20 % en 2008. Además, si la oferta de trabajadores calificados hubiera sido mayor, o sea si hubiese crecido más el capital humano, no se habría producido el aumento de la desigualdad que en estos años se ha dado. Para reversar este proceso requerimos cambios que nos permitan aumentar la PTF y la creación de capital humano. Corresponde pues revisar la situación de nuestra educación y del cambio institucional.
LAS UNIVERSIDADES LASALLISTAS COMUNIDADES DE MEMORIA Y ESPERANZA PARA LA SOCIEDAD ACTUAL Filipinas, febrero de 2012 Introducción Una vez más es para mí una gran satisfacción poder participar en su Encuentro de Manila, en un año particularmente importante para el Distrito de Filipinas con la celebración del centenario de la venida de los Hermanos a este país. Estoy seguro de que nuestro Encuentro es una de las actividades más importantes, ya que la educación universitaria ha tenido aquí un extraordinario desarrollo y vitalidad que pueden inspirar a nuestra red internacional de centros superiores. Por otra parte mi presencia, como lo he recordado en los tres Encuentros anteriores en los que he participado: el VII, Barcelona 2006, el VIII en Canoas, Brasil 2007, el IX, Filadelfia 2009, es un signo de la importancia que nuestro Instituto, da a la educación superior, un acto de fe en sus enormes potencialidades y una expresión de la necesidad de unas relaciones internacionales más integradas y solidarias. Las Universidades y los centros superiores lasallistas son hoy más necesarios que nunca dadas las circunstancias históricas que estamos viviendo, que nos exigen conservar, producir y distribuir conocimientos por medio de una formación académica de calidad, una investigación que abra nuevos caminos y responda a las necesidades de nuestros contemporáneos, especialmente los pobres y excluidos, y sobre todo una transformación, en un mundo en cambio, que ponga siempre a la persona como fin último y nos permita continuar siendo instrumentos de salvación, especialmente para aquellos que más lo requieren, siendo testigos y promotores de los valores transformadores del Evangelio. Ciertamente hoy como ayer el ser humano no ha dejado de ser un misterio. Nuestro ser resulta paradójico. Son muchos los elementos que combaten en nuestro interior. Como criaturas experimentamos múltiples limitaciones; sin embargo, nuestras aspiraciones y deseos son infinitos. Libres, nuestra libertad en cierto sentido se destruye a sí misma una vez realizada la elección. Elegir es renunciar. Por otra parte, con San Pablo experimentamos que hacemos lo que no queremos y dejamos de hacer lo que queremos. Abiertos a los demás, nuestra hambre de amor es insaciable y nuestra entrega casi siempre egoísta. Nuestra vida se presenta como lucha dramática, en la que muchas veces somos derrotados. Superiores al universo entero, por nuestra interioridad podemos alzarnos de lo visible a lo invisible, o dejarnos esclavizar, como nuevo aprendiz de brujo, por las fuerzas desatadas por nosotros mismos. Esta descripción me parece que responde a lo que cada uno de nosotros es y a los desafíos que nos presenta hoy la educación superior. Ante el ser humano, misterio y paradoja, ser histórico en continua construcción, debemos situar la educación universitaria como camino, itinerario, como vocación desde nuestra concepción hasta nuestra muerte; como la llamada a alcanzar la estatura del hombre perfecto: Cristo (Ef 4, 13), conscientes de que no somos ni pura razón, ni pura luminosidad, sino también emoción, sentimiento, instinto, pasión y deseo. Por consiguiente se trata de una formación integral que nos haga evitar el verdadero peligro anti-humanista: el peligro del hombre máquina o el peligro del hombre bestia. Una educación que tenga en cuenta la cabeza, el corazón, las manos y los pies. Zygmunt Bauman, en su libro Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, nos presenta con mucho realismo algunas de las características de nuestro mundo hoy. A partir del amor y su diferencia con el deseo, nos describe la realidad que fácilmente hoy vivimos. Para el amor toda distancia, por más pequeña que sea, se experimenta como insoportable, porque lo propio del amor es unir, fusionar e identificar. El deseo, por el contrario, es ansia de consumir. En realidad, más que de deseo, de lo que habría que hablar es de las ganas de. Y las ganas de no pueden asegurar ni la fidelidad ni el compromiso porque lo que buscan es multiplicar experiencias de acuerdo a donde se dirijan las ganas. El amor lleva a relaciones personales estables o sólidas, las ganas de a conexiones líquidas que fácilmente se pueden borrar o cambiar, olvidar o multiplicar. A la conclusión a la que llega Bauman es que hoy es más difícil amar al prójimo porque cada vez creamos más barreras y nos ingeniamos para comunicarnos a control remoto; a lo que habría que añadir que la cultura del miedo que hoy vivimos nos hace protegernos y tomar distancia de aquellos que son diferentes. Puede sonar romántico o sentimental, pero nuestras universidades y centros de educación superior deben estar movidos, ante todo, por un gran amor. Hoy algunos pensadores afirman que el modelo antropológico prevalente sería el de un hombre sin vocación. En la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, al final, la protagonista, hablando con su marido, un cirujano que ha tenido que abandonar el hospital, dice con pena al marido: Tu misión era la de operar. Y la respuesta del marido es significativa y resume en parte todo el sentido de la obra: Teresa, una misión es una cosa estúpida. Yo no tengo misión alguna. Ningún hombre tiene una misión. Nos encontramos ante una filosofía del pensamiento débil. Uno de sus máximos exponentes, Gianni Vattimo, en una entrevista, a la pregunta sobre la tarea de la filosofía respondía: Creo que la filosofía no debe ni puede enseñar hacia dónde se tiene que ir, sino a vivir en la condición de quien no se dirige a ninguna parte. Por consiguiente: ninguna meta, ninguna misión, ninguna vocación. Nuestras Universidades sí tienen una meta, una misión, y una vocación muy importantes. Nuestras Universidades deben ser comunidades de memoria y esperanza para la sociedad actual. Su punto de partida como memoria es la sabiduría cristiana, centrada en el doble mandamiento del amor y la lectura hecha por San Juan Bautista de La Salle; su finalidad es mantener viva la esperanza en un mundo que busca un desarrollo sostenible, que permita superar la pobreza, la violación de los derechos humanos, la corrupción, la enfermedad y dé respuestas al cambio climático, a la biodiversidad y a una globalización incluyente. 1. Comunidades de Memoria evangélica-lasallista Hacer memoria es una expresión con fuertes resonancias bíblicas, que no nos deja simplemente en el pasado, sino que nos compromete hoy en el cotidiano de nuestras vidas, interpretando ese pasado de una manera creativa y dadora de sentido. Hacer memoria es encontrar el hilo conductor que unifica, motiva, enriquece e impulsa nuestra vocación. La memoria nos debe llevar a las dos fuentes que han dado origen a nuestra misión lasallista: la persona de Jesús y el Evangelio por un lado; nuestro Fundador, los primeros Hermanos y el carisma que nos transmitieron por otro. La memoria carismática más que una teoría es una historia de amor. Manifiesta la intervención de Dios en el pasado, cuando nuestro Instituto daba los primeros pasos; intervención que se ha prolongado a lo largo de nuestra historia por más de 300 años y que nos da la certeza de que Dios sigue presente en nuestro ahora y lo estará en el futuro, manifestando su providencia y protección. Se trata de una memoria colectiva que nos da sentido de identidad y de pertenencia y debe inspirar nuestra misión universitaria. Como nos dice muy bien el dominico peruano Gustavo Gutiérrez: Si se evoca un hecho anterior es por la vigencia que tiene en el presente. Las expresiones para decir que hoy obra Dios y que, por lo tanto, es ahora que sus seguidores deben tomar decisiones abundan tanto en el primer como en el segundo testamento. Por otro lado, la memoria en la Biblia va más allá de lo conceptual, apunta a desembocar en una conducta, en una práctica destinada a transformar la realidad. Recordar es tener en cuenta a, o cuidar de, alguien o algo. Se recuerda para actuar, sin ello la memoria pierde sentido, se limitaría a ser una especie de gimnástica intelectual. San Agustín, en sus profundas reflexiones sobre el tiempo, nos dice que la memoria es el presente del pasado. No la repetición del pasado, sino su presente. Por eso como nos apunta el jesuita Ellacuría: Una Universidad de inspiración cristiana lo será tanto más cuanto más contribuya a que se vaya haciendo realidad esa utopía anunciada y prometida por Jesús, que es el reino de Dios... Este reino necesita de ingenieros... Este reino necesita de economistas... Este reino necesita de especialistas en la computación, químicos, psicólogos, sociólogos, filósofos, letrados, juristas, políticos... para que la sociedad se enriquezca... No basta con esto... Los profesionales de la UCA tendrán inspiración cristiana cuando, además de hacer el mayor bien posible a los demás desde la profesión adquirida, tomen como tarea prioritaria la de buscar su bien, el de su familia y el de todos los demás, poniendo los ojos en lo que las mayorías populares necesitan para superar la pobreza, la marginalidad, la injusticia, la falta de libertad y de participación..., tarea eminentemente cristiana... (Escritos universitarios, págs. 290-292). Pero por lo mismo se trata también en cierto modo de una memoria peligrosa tal como lo expresa de manera inmejorable Juan Bautista Metz: El recuerdo fácilmente se convierte en una falsa conciencia del pasado y en el opio del presente. Pero existen otras clases de recuerdos: una memoria peligrosa, recuerdos provocadores. Recuerdos y experiencias del pasado que arrojan una luz cruda y permiten que nazcan nuevas y peligrosas intuiciones para el presente. De golpe, arrojan una luz cegadora y dura sobre el carácter problemático de aquello a lo cual nos hemos acomodado desde hace tiempo, y sobre la banalidad de un pretendido "realismo". Hacen reventar los cánones de nuestras coherencias dominantes, trayendo consigo un cierto lado subversivo. Esas memorias son vividas como peligrosas e incalculables encuentros que nos visitan del pasado. Son memorias que tenemos que tomar en cuenta. Memorias que, de cierta manera, contienen el futuro. La memoria es una interpelación al compromiso, la reflexión, la fuerza y la creatividad. En nuestra época nos hallamos ante signos inciertos y particularmente desafiantes. Nos invitan, por eso, al discernimiento que nos permite ir a lo esencial, sin enredarnos en lo secundario y coyuntural. Nos convocan a situarnos ante lo que viene, a partir de lo actual y sin olvidar nuestras raíces. Me parece, que estamos llamados a vivir la vida y los escritos del Fundador y la historia de los primeros Hermanos, como memoria profética que nos compromete con nuestro aquí y ahora a partir de la realidad que hoy vivimos. Creo que el Fundador nunca expresó mejor la finalidad del Instituto y de su misión, como en las dos primeras Meditaciones para el Tiempo de Retiro. Se parte de una convicción expresada por San Pablo en una de sus cartas a Timoteo (1 Timoteo, 2,4): Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Esta es nuestra memoria peligrosa, esta es nuestra misión y la misión de nuestras Universidades. Nacimos como instrumento de salvación, de una salvación integral que abarca la totalidad de la persona, de todas las personas, pero con una ternura muy particular por los pobres, excluidos, abandonados y los jóvenes en busca de sentido. Este es el corazón de la asociación lasallista, como muy bien lo comprendieron los primeros Hermanos cuando en la carta que le envían en 1714 para que se haga cargo de nuevo del Instituto, le piden y ordenan que regrese en nombre del cuerpo de la sociedad al que prometió obediencia, y lo hacen recordándole que se trata de la obra de Dios que es también la suya… y que lo que les preocupa es la gloria de Dios, el mayor bien de la Iglesia y de nuestra Sociedad. Y los Hermanos hablan en plural porque se sienten profundamente asociados en la misión que el Señor les ha encomendado. El plural es una característica de toda obra lasallista, también de las Universidades… de ahí la importancia de nuestro «Juntos y por asociación», asimismo a nivel internacional. Creo que vale la pena recordar lo que nos dijo la Asamblea Internacional de la Misión Educativa Lasaliana del año 2006, que el Capítulo General ha querido hacer suya: Esta Asamblea quiere recordar a todos los lasalianos, que la vitalidad de nuestra Misión depende de cómo respondamos hoy, asociados, a las necesidades de los pobres. Valoramos el esfuerzo que los lasallistas hacemos para liberar a los pobres de sus diferentes formas de pobreza y pedimos que consideren el servicio de los pobres y la promoción de la justicia como el corazón y la causa del fortalecimiento de la Misión lasaliana en el mundo. Para lograr lo anterior el Fundador y los primeros Hermanos parten de una serie de intuiciones educativas, que forman parte también de nuestra memoria peligrosa. Entre otras: • En el proceso educativo lasallista tiene primacía la persona de manera que cada uno sea tratado en consonancia con su ser individual, único e irrepetible y que la atención se dirija de manera integral a la persona de cada uno. Ante cada persona nuestra pregunta no puede ser otra que la de Jesús: ¿Qué quieres que haga por ti? (Marcos 10,51), o como afirma Benedicto XVI: En un tiempo en el que la gran tradición del pasado corre el riesgo de quedarse en letra muerta, debemos estar al lado de cada persona con disponibilidad siempre nueva, acompañándola en el camino de descubrimiento y asimilación personal de la verdad. Y al hacer esto también nosotros podemos redescubrir de modo nuevo las realidades fundamentales. (Discurso a la 61 Asamblea General de la Conferencia episcopal italiana, 27 de mayo de 2010). • El proceso educativo lasallista nace de la propia realidad de manera que responda a las características, necesidades, aspiraciones y valores culturales de cada pueblo. Es necesario en nuestra formación conjugar los contenidos teóricos con un conocimiento de la realidad de nuestro entorno. Si no conocemos nuestra realidad, no podremos hacernos cargo de ella. Pero no se trata solamente de asumir una realidad, se trata también de aportar los instrumentos para transformarla y abrirla a un diálogo intercultural. • El proceso educativo lasallista valora profundamente la calidad de las relaciones y favorece el trabajo en común y crea comunidad. La fraternidad/sororidad es una de sus notas distintivas. Cada lasallista se debe sentir hermano o hermana con el corazón siempre abierto y sin fronteras. • El proceso educativo lasallista educa para la vida y para un trabajo socialmente productivo. Desde los inicios, el pragmatismo fue una de sus características ya que se trataba de responder a las necesidades concretas de los jóvenes. Hoy es fundamental ayudar a integrar trabajo intelectual y trabajo manual; teoría y práctica; educación y vida para dar a cada uno las herramientas que le permitan ser agente de desarrollo personal, comunitario y de promoción social. • El proceso educativo lasallista se traduce en una asociación para el servicio educativo de los pobres. Y esta asociación la podemos vivir de dos maneras: directamente cuando trabajamos con ellos; indirectamente en todos los demás casos; y a nivel universitario, como nos lo pidió el 42 Capítulo General, estudiando las causas de la pobreza y abriendo mentes y corazones para ser creativos en la respuesta a sus necesidades a partir de una profunda conciencia social. Sin olvidar lo que nos dice Gustavo Gutiérrez: Los pobres tienen hambre de pan, pero también de amistad, de cariño, de respeto, darle tiempo a un pobre es una manera de acogerlo. No hay ser humano que pueda vivir con dignidad si no siente amistad y amor. • El proceso educativo lasallista desemboca en un compromiso cristiano. Se ha dicho que creer hoy es comprometerse y la educación lasallista pretende que sus destinatarios vivan una fe operativa en la práctica del amor; que se preparen para ser creadores de relaciones más justas entre los pueblos; que se comprometan en la acción en favor de la justicia y la paz; que se interesen por la globalización de la solidaridad. Por ser católico, está abierto al ecumenismo y al diálogo interreligioso en actitud de respeto y de apertura a los valores que pueden enriquecernos mutuamente. Hablar de memoria, como desde el inicio lo he expresado, no nos atrapa en un pasado muy diferente al mundo cambiante de hoy, ni nos invita a refugiarnos en un recuerdo nostálgico de lo que ya fue. Hablar de memoria nos sitúa en el hoy de nuestra historia. Las intuiciones de nuestros orígenes fundacionales deben ser parte de nuestro ser e incentivo que nos permita conocer mejor nuestra realidad y responder a sus necesidades. Por eso me parece muy adecuada la teoría que hace Paul Ricoeur de la identidad narrativa que distingue la identidad concebida como lo mismo (idem) y la identidad concebida como sí-mismo (ipse). Esta última identidad es conforme a la estructura temporal dinámica y está marcada por los relatos personales o colectivos que forman parte de nuestro ser. Es por eso que el sujeto de la acción aparece como el lector y el escritor de su propia vida. El agente actúa en el mundo y en el seno de un contexto dado, pero al mismo tiempo, el sentido de su acción sólo le es accesible a través de la lectura de su historia. Permítaseme decir como conclusión que aquello que llamamos sujeto nunca está dado desde el principio. O si está dado, corre el riesgo de verse reducido al yo narcisista, egoísta y avaro, del cual justamente nos puede librar la literatura. Ahora bien, lo que perdemos por el lado del narcisismo, lo ganamos por el lado de la identidad narrativa. En lugar del yo atrapado por sí mismo, nace un sí mismo instruido por los símbolos culturales, en cuya primera fila están los relatos recibidos de la tradición literaria. Son ellos quienes nos confieren una unidad no sustancial sino narrativa. (Ricoeur 1984: 57-58). Si la memoria es el presente del pasado y si nuestra identidad es narrativa, la deducción lógica que podemos hacer es que hoy, como herederos de La Salle, debemos mantener vivo el fuego que nos vio nacer haciendo nuestras sus intuiciones, de manera que cada una de nuestras Universidades y centros de educación superior sea capaz de continuar, desde otras coordenadas, la misión lasallista de poner al alcance de todos los medios de salvación. Pero sin olvidar como nos lo recordaba el Hermano Carlos Gómez en su discurso de posesión en el 2008, citando a Michel de Certeau, la tradición está muerta si queda intacta, si una invención no la involucra dándole vida, si no se la innova mediante un acto que la recree (La faiblesse de croire, citado por Dominique Julia en el Prólogo a “La Guía de las Escuelas. Enfoque pedagógico” de Léon Lauraire, Cahiers Lasalliens 62, Roma, 2006). 2. Comunidades de esperanza para la sociedad actual Si la memoria es el presente del pasado, la esperanza es la garantía del futuro. Estoy convencido que hoy nuestras Universidades y Centros Superiores tienen como una de sus principales misiones mantener viva la esperanza en un mundo incierto y fragmentado en el que los grandes relatos han dejado su lugar a las experiencias inmediatas y gratificantes de poco calado. Vivir con esperanza es tener confianza en Dios y perseverar con fidelidad en la fe. Esperar es tener capacidad para ver, aun cuando nuestros ojos no vean. Es recuperar nuestra capacidad de soñar un mundo mejor para todos, es cuestionar las estructuras y las ideologías inhumanas que hacen infelices a las personas y colaborar activamente para que nazca un mundo nuevo y liberado. Esperar es descubrir y acoger cada día la fuerza de vida de Cristo Resucitado, que hace nuevo este mundo con la fuerza de su Espíritu Santo (Silvio José Báez, o.c.d.). Sí nuestras Universidades deben soñar un mundo mejor, cuestionar las estructuras e ideologías inhumanas, colaborar para que nazca un mundo nuevo. La esperanza es un don, pero conlleva una tarea que se concretiza en signos significativos. Gustavo Gutiérrez en uno de sus escritos nos recuerda un pasaje iluminador del libro de Jeremías. El país esta devastado, amenazado por los caldeos al norte y por los egipcios al sur enfrentado en una guerra cuyas consecuencias sufre el pueblo judío. Estamos en los años previos al exilio de Babilonia. En esas circunstancias, viene un pariente para decirle que él, Jeremías, tiene el primer derecho a comprar las tierras que deja un tío de ambos. El profeta se pregunta qué puede significar un terreno en un país parcialmente destruido y del que la gente abandonaba sus propiedades y huía al extranjero. No obstante, de pronto se da cuenta de que el Señor le habla a través de ese hecho. Su tarea es levantar la esperanza de un pueblo, en medio de una crisis de su pueblo y de su propio abatimiento. Para hacerlo debe pisar tierra y testimoniar con gestos concretos que todavía hay esperanza, que hay quien cree que las circunstancias del momento pueden ser superadas (Cf. Jeremías 32, 6-15). ¿No podrían nuestras Universidades y Centros de Educación Superior pensar en comprar un terreno en este momento de incertidumbre? Un terreno puede ser un proyecto que responda concretamente a las necesidades de los pobres, de los emigrantes, de los desempleados… Un terreno puede ser una investigación científica, sociológica o teológica que responda a problemas precisos y actuales. Un terreno podría ser un plan interdisciplinario que implique a los estudiantes en un proyecto de servicio… Un terreno puede ser un programa de extensión para maestros que necesitan actualizarse. Un terreno puede ser una campaña de alfabetización o el apadrinar algún proyecto educativo o agrícola en países empobrecidos. Las Universidades necesitan mucha creatividad evangélica y mucha solidaridad humana. Ser comunidades de esperanza para la sociedad actual supone conocer bien nuestra realidad. Sabemos que partir de la realidad y descubrir en ella el plan salvífico de Dios es uno de los puntos centrales de nuestra espiritualidad y de nuestra pedagogía lasallista. No me canso de recordar la llamada que nos hizo el último Capítulo General para que todos los lasallistas tengamos los ojos abiertos y los corazones encendidos. El próximo Sínodo sobre Nueva Evangelización que se celebrará en octubre, nos invita a saber leer y descifrar los escenarios presentes hoy en la historia humana. Sabemos que no podemos generalizar ni simplificar y que siempre una lectura local es indispensable, pero a nivel general estos escenarios pueden ayudarnos a situar el hoy de nuestras Universidades y Centros Superiores. 1. El escenario cultural en general nos muestra una época de profunda secularización, secularización, que ha asumido un tono modesto, que ha permitido a esta forma cultural invadir la vida cotidiana de las personas y desarrollar una mentalidad en la cual Dios está, de hecho, ausente, en todo o en parte, de la existencia y de la consciencia humana y se expresa en una cultura del relativismo y en una mentalidad hedonista y consumista. Sin embargo en otras regiones del mundo se asiste a un prometedor renacimiento religioso. 2. El escenario social: el gran fenómeno migratorio, que impulsa cada vez más a las personas a dejar sus países de origen y vivir en contextos urbanizados, modificando la geografía étnica de nuestras ciudades, de nuestras naciones y de nuestros continentes. Este fenómeno provoca un encuentro y una mezcla de culturas que nuestras sociedades no conocían desde hace siglos. Con este escenario social se relaciona el fenómeno de la globalización, con sus aspectos negativos si prevalece solamente la dimensión de mercado, pero que puede favorecer nuevas formas de solidaridad y el progreso de todos. 3. El escenario de los medios de comunicación social, que hoy ofrecen enormes posibilidades no sólo para el mundo industrializado, sino también para amplios sectores de los países en vías de desarrollo. La difusión de esta cultura trae consigo indudables beneficios: mayor acceso a la información, mayor posibilidad de conocimiento, de intercambio, de formas nuevas de solidaridad, de capacidad de construir una cultura cada vez más de dimensión mundial, haciendo que los valores y los mejores frutos del pensamiento y de la expresión humana se transformen en patrimonio de todos. Sin embargo, existen riesgos de una profunda concentración egocéntrica, de una exaltación de la dimensión emotiva en la estructuración de las relaciones y de los vínculos sociales, de una pérdida del valor objetivo de la experiencia de la reflexión y del pensamiento, reducida, en muchos casos, a un puro lugar de confirmación del propio modo de sentir. 4. El escenario económico, con los crecientes desequilibrios entre el Norte y el Sur del mundo en el acceso y en la distribución de los recursos, así como también en el daño a la creación. La duradera crisis económica en la cual nos encontramos indica el problema del uso de las fuerzas materiales, que no encuentra fácilmente las reglas de un mercado global capaz de tutelar una convivencia más justa. No obstante la comunicación cotidiana de los medios reserve cada vez menos espacio para una lectura de estas problemáticas a partir de la voz de los pobres, de las Iglesias, y yo añadiría, y de nuestras Universidades, se espera aún mucho en términos de sensibilización y de acción concreta. 5. El escenario de la investigación científica y tecnológica. Vivimos en una época en la cual no cesamos de admirarnos por los maravillosos pasos que la investigación ha sabido superar en estos campos. Es fácil en un contexto digitalizado y globalizado hacer de la ciencia nuestra nueva religión, a la cual dirigir nuestras preguntas sobre la verdad y el sentido de la esperanza, sabiendo que solo recibiremos respuestas parciales e inadecuadas. 6. El escenario de la política, marcado por una pérdida de confianza bastante generalizada y una pérdida del poder de decisión a nivel mundial y nacional. En este escenario, existen temas y sectores que han de ser iluminados con la luz del Evangelio: el empeño por la paz, el desarrollo y la liberación de los pueblos; el mejoramiento de las formas de gobierno mundial y nacional; la construcción de formas posibles de escucha, convivencia, diálogo y colaboración entre diversas culturas y religiones; la defensa de los derechos del hombre y de los pueblos, sobre todo de las minorías; la promoción de los más débiles; la protección de la creación y el empeño por el futuro de nuestro planeta. El documento nos invita a observar estos escenarios, sabiendo superar el nivel emotivo de juicio defensivo y de miedo, para comprender objetivamente los signos de lo nuevo, junto a los desafíos y a las fragilidades. (Cf. Sínodo de los obispos, XIII Asamblea General ordinaria, La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana, nº 6). Desde una lectura secular, las Universidades lasallistas no pueden quedar insensibles a la Declaración del Milenio adoptada por Las Naciones Unidas en el año 2000 que fue firmada por 147 jefes de estado y de gobierno, afirmando su responsabilidad colectiva de respetar y defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad en el plano mundial y su deber respecto de todos los habitantes del planeta, en especial los más vulnerables y, en particular, los niños del mundo a los que pertenece el futuro. El Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, señalaba, que las Metas del Milenio nos pertenecen a todos. Necesitamos sentirnos parte de la iniciativa. Durante los próximos siete años y medio cada día será una nueva jornada para poder ayudar a millones de personas en todo el mundo. Supuestamente estos objetivos deberían ser alcanzados en el 2015, y han pasado ya 11 años. Creo que la pregunta obligada que podemos plantearnos es ¿Qué hemos hecho, qué han hecho nuestras Universidades para colaborar en esta iniciativa?, pero posiblemente más importante, ¿qué vamos a hacer en los próximos 4 años, para: a) erradicar la pobreza extrema y el hambre, b) lograr la enseñanza primaria universal, c) promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer, d) reducir la mortalidad infantil, e) mejorar la salud materna, f) combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, g) garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, h) fomentar una asociación mundial para el desarrollo? CONCLUSION: Las Universidades Lasallistas, Comunidades de memoria y de esperanza. La meta es muy alta y los desafíos abundantes. Pero vale la pena porque lo que está en juego es el futuro de la humanidad. Enraizados en la tradición de sabiduría cristiana-lasallista debemos reflexionar sobre nuestra identidad, sobre aquello que nos caracteriza y hace que nuestras universidades sean diferentes a partir de una memoria que nos dinamiza y de una esperanza que responde a las urgencias del mundo y a las necesidades de los jóvenes. Pero también, asociados en la memoria y esperanza, debemos potenciar a nivel internacional el intercambio y la colaboración. Con ocasión de los 125 años de la Universidad de Deusto en septiembre del 2011, el Prepósito General de los Jesuitas situaba las Universidades en el siguiente contexto. Nos encontramos hoy en una encrucijada: cómo armonizar el necesario desarrollo y la dimensión utilitaria del saber con la reflexión sobre los fines y el sentido; con el conjunto de las dimensiones de la misma realidad que no se circunscriben a la mera utilidad práctica. Cómo conseguir que la eficacia de los logros de la Universidad tenga en cuenta la libertad de un pensamiento capaz de generar nuevas visiones; un pensamiento que no convierta el corto plazo en el único valor; que no anteponga los medios a los fines del saber; que no olvide que el saber no debe convertirse en instrumento de poder, sino de servicio (P. Adolfo Nicolás). Y el Papa nos hablaba del horizonte que debe guiar hoy nuestra misión: El horizonte que anima el trabajo universitario puede y debe ser la pasión auténtica por el hombre. Solo en el servicio al hombre, la ciencia se desarrolla como un cultivo verdadero y custodia del universo (cf. Gen 2, 15) (BENEDICTO XVI, Discurso a la Universidad católica del Sagrado Corazón en su 90º aniversario. Roma, mayo de 2011). Creo que éste es hoy también nuestro desafío y que por eso debemos ser memoria y esperanza. Y es una llamada a estar cerca y a responder a nuestra realidad. Conscientes de que: la verdad de la realidad no es lo ya hecho; eso es sólo una parte de la realidad. Si no nos volvemos a lo que está haciéndose y a lo que está por hacer, se nos escapa la verdad de la realidad. Hay que hacer la verdad, lo cual no supone poner en ejecución, realizar lo que ya se sabe, sino hacer aquella realidad que en juego de praxis y teoría se muestra como verdadera. (Ellacuría, Ignacio. La filosofía de la realidad histórica. UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 1994). Algo semejante aconsejaba ya el Fundador a los Hermanos: No se preocupen tanto de saber cómo puedan ejecutar con perfección lo que tienen que hacer, cuanto de hacerlo con toda la perfección que sepan; pues, obrando con la perfección que saben, merecerán aprender y saber lo que todavía ignoran. (Colección, Consideraciones que deben hacer los Hermanos de vez en cuando y sobre todo durante el Retiro, IX). Se trata de aprender haciendo, de hacer la verdad uniendo teoría y praxis, memoria y esperanza. Las Universidades lasallistas, comunidades de memoria y esperanza. Creo que ya lo están siendo pero que todavía podemos hacer más. El profetismo que debe animarnos es la fuerza que impide a la memoria de estancarse en el pasado y al mismo tiempo, impide a la esperanza diluirse en un futuro lejano e ilusorio. Un proyecto universitario que fuese solamente la promoción de un desarrollo tecnológico, que fuese solamente un pragmatismo práctico para desarrollar una carrera, o que se contentara con disfrutar de un humanismo clásico, tendría poco que ver con la memoria y la esperanza. Pero por el contrario, un proyecto que no se contenta con la repetición de un currículo de ayer, sino que por la investigación y el descubrimiento de nuevos conocimientos compromete a los jóvenes a transformar el mundo y la sociedad con miras al bien común, es un proyecto que vive en tensión creadora y fecunda el ser memoria y esperanza. Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría Superior General

De los incentivos para exportar a la eficiencia de la producción

Costa Rica fue exitosa en cambiar su modelo económico intervencionista de sustitución de importaciones, después de la crisis de la deuda externa de América Latina de inicios de los ochenta y hasta el inicio del ciclo de alto crecimiento de este siglo. De 1982 al 2002, el PIB per cápita creció anualmente en América Latina y el Caribe en un 0,55%  mientras en nuestro país el ritmo fue del 2% -casi cuatro veces mayor-, según cifras del Banco Mundial. Lo hicimos incentivando las exportaciones. Pero el éxito aumentó el costo de los incentivos, que ya no son sostenibles, y ahora debemos emigrar a un crecimiento de la producción basado en eficiencia y competitividad.

Dicho éxito se logró con un radical cambio de la estructura productiva, donde las exportaciones alcanzaron un gran dinamismo en crecimiento y se diversificaron, la inversión directa extranjera se incrementó radicalmente, y la estructura tuvo un fuerte aumento de los sectores industrial y de servicios para exportación afuera de Centro América. Esta enorme trasformación de nuestra economía fue posible gracias a  las fuertes ventajas competitivas de nuestra nación, originadas desde la era de la independencia en una educación pública de avanzada para su época, en instituciones democráticas operantes y legitimadoras de los gobiernos, en un sistema judicial confiable para protección de la libertad y la propiedad, en un ambiente laboral pacífico con seguridad social extensa, y baja criminalidad.

En el contexto de esas instituciones, desarrolladas a lo largo de nuestra historia como nación y asentadas en las condiciones sociales y la idiosincrasia de nuestro pueblo, un cambio en las políticas económicas produjo fecundos resultados.

Las principales políticas establecidas de 1982 al 2002 incluyeron un  tipo de cambio realista, la apertura al comercio internacional,  déficits fiscales controlados,  menor intervencionismo estatal y mercados más libres y  un sistema financiero más eficiente  con tasas de interés menos manipuladas. Esto  se dio a la par de mecanismos de promoción de las exportaciones que permitieron – con recursos donados internacionalmente –  estudiar y atraer nuevas alternativas de inversión y exportación, agrícolas y de maquila primero, luego de ensamble sencillo, y posteriormente con creciente tecnología y producción de servicios.  Además de los estudios y la promoción por persuasión, también se dieron incentivos directos a las exportaciones con los CATs y para el turismo, y luego con las Zonas Francas y sus exenciones impositivas y otras ventajas para la atracción de la inversión extranjera.

Pero esos incentivos tienen un costo sobre el resto de la economía, sea por generar gastos al fisco o disminuirle ingresos, por hacer recaer esos costos sobre otros sectores productivos, o por producir sesgos en la inversión e impedir la prestación de servicios y bienes  públicos a otros agentes económicos. Por ello algunos nos opusimos a principios de la década de los ochenta al establecimiento de incentivos a la exportación y proponíamos más bien una política económica neutra que ni promoviese las exportaciones ni el mercado interno, la cual habría ocasionado costos menores. Pero, claro, era muy difícil pasar de un sistema de gran protección a la producción para el  mercado local a una política de neutralidad, cuando los empresarios estaban acostumbrados a usufructuar del favor del gobierno. El problema es que con el crecimiento de los sectores incentivados aumenta el costo de los incentivos y eso nos obliga a encontrar otra ruta para un crecimiento acelerado. 

Como  señalé  fue muy grande el éxito de  Costa Rica al evolucionar entre 1982 y el 2002 de una política de protección al mercado industrial interno a una de promoción de las exportaciones. Claro que ese cambio de políticas implicaba un costo, y fue uno mayor al que habría tenido una política neutra entre mercado interno y externo, pero probablemente ese mayor costo era inevitable para formar una coalición de intereses que apoyara los cambios. El problema es que ese costo mayor ya no es soportable como vía para el crecimiento cuando el sector incentivado se hace grande, y debemos movernos ahora hacia un modelo de eficiencia y competitividad de la producción como motor para el crecimiento acelerado.


Cuando se inició el cambio a este modelo de incentivos a las exportaciones su costo era pequeño, pues la magnitud del sector que los aprovechaba así era también: pequeño. Pero conforme el modelo tuvo éxito y el sector beneficiado se hizo mayor, esos costos también crecieron. Así ya en 1997 las exportaciones originadas en Zonas Francas eran un 21,2%  del total y en 2002 habían crecido a ser más de la mitad de todas, un 50,6%.


En la administración 1998-2002 tratamos de resolver este problema abriendo monopolios públicos, vendiendo activos estatales, impulsando las concesiones y disminuyendo la ahogante “tramitología” en que vivimos. Se quería disminuir así la deuda pública y su costo de intereses,  gozar de mayores ingresos fiscales, bajar costos de operación de las empresas mediante acceso a infraestructura y servicios públicos mejores y fortalecer la política de promoción de la competencia. Ello habría permitido realizar desde hace 12 años las inversiones para modernizar la infraestructura, mejorar la educación pública, la seguridad y  los servicios sociales y  regulatorios del estado y de esa manera aumentar nuestra competitividad que ha estado muy estancada.


Pero ese camino no se pudo seguir en su integridad  por el rechazo a la apertura de los monopolios estatales y a la venta de activos. Propusimos entonces la reforma fiscal elaborada por los Ex Ministros de Hacienda, y desde entonces no ha sido posible aprobar esa u otras propuestas. No podemos seguir subsidiando el crecimiento por exportaciones. Pero, ¿hemos dado los pasos para aumentar nuestra productividad y cambiar los subsidios por mayor eficiencia? La respuesta que nos dan los índices internacionales es que no. Mientras de 1982 al 2002 crecimos casi cuatro veces más rápido que América Latina y el Caribe (2% frente a 0, 55%), del 2002 al 2008 la tasa de crecimiento del PIB per cápita de Costa Rica aunque todavía más elevada que la de ALC ya no lo era por tanto como en los 20 años anteriores (4,2% CR y 3,6% ALC) y de 2008 a 2010  crecimos mucho menos que ALC (0,6% contra 2,4%).

 

Ante estas circunstancias es necesario estudiar adonde nos hallamos en diversas áreas de la vida nacional para realizar el cambio necesario desde los incentivos a la exportación -cuyo pesado costo sobre la economía ya no puede seguir aumentando-  hacia un modelo de mayor eficiencia y competitividad en la producción como nuevo motor del crecimiento y la justicia social. Esto es imperativo, porque el país no puede seguir postergando esta evolución so pena de enfrentar graves costos económicos y sociales.

El  análisis “Pierde Costa Rica- País rezagado por estancamiento político y cultural” publicado en la República el pasado 17 de diciembre de 2011me movió a publicar una serie de artículos en ese periódico preocupado  por la forma tan acelerada en la cual ha mejorado el producto por habitante en Panamá y Uruguay por encima del nuestro, tratándose de tres países con situaciones muy similares al respecto en el 2006, y con población y otras condiciones parecidas. Coincido plenamente con ese análisis de los Srs. Fred Blazer y Bernal Rodríguez  de que por muchos años en este siglo Costa Rica "ha permanecido en una condición  de indecisión abrumadora (que) ha tenido el efecto de causar un gran retroceso económico".

Analizar los mismos datos para 1998-2002 muestra resultados diferentes: Costa Rica creció más aceleradamente que esos otros dos países, según las mismas cifras del Banco Mundial (en 1998-2002 nuestro PIB per cápita creció 4,8%, en Panamá 1,7% y en Uruguay decreció 1,6%). Lo mismo ocurre -aunque con menor ventaja para Costa Rica- si el período se alarga a 1998-2006.

Esa llamada de atención nos debe convocar a una reflexión creativa, máxime en las difíciles circunstancias financieras, de empleo  y económicas que viven los países europeos y los Estados Unidos,  que incluso amenazan con una nueva recesión.
La opinión pública refleja inquietudes similares.

El New York Times del 25 de octubre revela  una encuesta que señala la desconfianza más alta respecto al gobierno estadounidense jamás medida. Un 89%   desconfían que el gobierno haga lo correcto, un 74% afirman que su país va en una dirección equivocada, un 46% desaprueba  la gestión del Presidente Obama y un 84% la del Congreso.

También la opinión pública costarricense revela una gran desconfianza. La encuesta de Cid-Gallup publicada por La República el 29 de setiembre 2011 señala que un 45% considera que el gobierno no arranca, y un 27% cree que el país estará peor cuando termine esta administración. Diario Extra el 30 de setiembre y  1º de octubre pasados, sobre la misma encuesta, indica que el 79% considera que el país va por  un rumbo equivocado y se encuentran pesimistas sobre su futuro. Solo un 34% señalan como buena o muy buena la labor de la Sra. Presidenta y únicamente un 23% tiene confianza en los diputados. Por su parte la encuesta de Unimer de enero 31 de este año 2012 en La Nación  indica que un 46% considera que el gobierno sabe cómo resolver los problemas pero no los resuelve, otro 23% señala que no sabe cómo resolverlos,  mientras solo un 2% considera que los está resolviendo. La mandataria tiene 11 puntos porcentuales más de opiniones negativas que positivas y solo un 11% califica como buena la labor de los ministros. Solo un 9% cree que el país va en la dirección correcta. Y este  pesimismo, que es creciente respecto a encuestas anteriores, no lo es solo respecto a la percepción de la sociedad como un todo sino que refleja  la experiencia personal de los encuestados. Pues un 24,4 se siente peor que hace un año ante un 20,4 que se siente mejor.

Las circunstancias son bien diferentes en ambos países. Las naciones ricas han estado sufriendo una fuerte pulmonía desde finales del 2007 con la Gran Recesión que aún los afecta seriamente en empleo y demanda agregada, mientras la mayoría de los países emergentes padecimos una fuerte gripe en el 2009, de la cual se libraron los BRIC, y desde el 2010 volvimos a crecer de manera mucho más satisfactoria.

El crecimiento del desempleo, la caída de la producción, la contracción del consumo  y de la inversión privados han sido significativamente  mayores en los Estados Unidos  y Europa que en Costa Rica a pesar de la enorme magnitud en el primero  de las políticas monetarias con tasas de interés cero, con  otras medidas monetarias y con uso no ortodoxo de compra de hipotecas y otros activos financieros a bancos y a instituciones financieras no bancarias, y con grandes programas de estímulo fiscal.

¿Por qué entonces la similitud en la desconfianza de los costarricenses ante los actores  políticos y ante el futuro  con la que prevalece en los Estados Unidos?

Cómo hipótesis para su investigación  propongo que se debe a condiciones políticas, que aunque diferentes tienen consecuencias similares. Y a una condición social.

En los Estados Unidos esa condición política es la incapacidad de demócratas y republicanos de ponerse de acuerdo en las medidas a tomar, o que deben dejar que se tomen, ante la continuación y agravamiento de la crisis en la Zona del Euro estos últimos meses. En nuestro país esa causa política de la desconfianza se origina, propongo,  en el cambio del bipartidismo mayoritario, a la dispersión de partidos  sin un cambio institucional que permita tomar decisiones en las nuevas circunstancias.

Sería largo elaborar sobre las razones del abandono del bipartidismo. Las hay coyunturales por supuesto y claro que mi situación actual es una de ellas. Por su importancia hacía el futuro solo me refiero a dos razones estructurales: las prohibiciones de reelección presidencial  y de carrera parlamentaria.

La primera tuvo como consecuencias la desaparición de los liderazgos en los partidos y la necesidad de escoger un nuevo candidato presidencial cada período electoral, lo que los llevó a radicalizar sus posiciones a su interior en esos procesos de selección. Y claro con esa radicalización ya el partido en la oposición perdió capacidad de dejar al partido de gobierno tomar sus decisiones en la Asamblea Legislativa pues sus dirigentes que lo hicieran perdían la oportunidad de ser candidatos. A esto coadyuva   la ausencia de carrera parlamentaria que dificulta la formación de coaliciones entre partidos,  de dirigentes formados y de acuerdos específicos.

Para enfrentar estas dificultades ante el sistema multipartidista que ya se originaba, propusimos desde el año 2001 una trasformación institucional que facilitara la toma de decisiones adoptando un sistema semipresidencialista. Desdichadamente la propuesta concreta que presentamos no logró despertar una seria discusión nacional.

La condición social es que en ambos países ha aumentado la desigualdad en los últimos años. Y lo propongo como una condición social porque es la antipatía, el enojo, la frustración que surge en las personas de ingresos medios-medio y medios -bajos, ante el crecimiento más acelerado de la riqueza de los más pudientes lo que crea el  malestar y la ebullición social. Y claro esos sentimientos agravan la desconfianza  que prevalece ante la ausencia de un camino claro para enfrentar  los serios  problemas actuales de nuestras naciones.

Sobre los temas importantes para nuestro desarrollo  que no hemos podido resolver, y su relevancia para el bienestar nacional he venido escribiendo en varios artículos en La República que ahora pongo en Internet en www.rodriguez.cr y  que iré compartiendo  en Facebook con mis compatriotas.

Publicado en El Financiero, el 7 de marzo de 2011

Edición 809


Miguel Ángel Rodríguez


El estudio de Peter Diamond sobre el impacto de ingresos alternativos en la seguridad social le permitió brindar asesoría muy calificada al Congreso de los Estados Unidos y plantear alternativas de solución a los problemas de su financiamiento. Se convirtió en un experto en el modelo de seguridad social de Chile y en consultor para muchos países como Polonia y China. Este es solo un ejemplo de la íntima relación entre teoría y aplicabilidad de los aportes de Diamond.


Desde la gran depresión de 1929, el tema del desempleo ha sido central en la preocupación económica. La teoría neoclásica no puede explicarlo, pues en equilibrio pueden trabajar todos los que quieran hacerlo al salario que iguala la oferta y demanda de trabajo. En ese modelo se asume un mercado en el cual todos conocen toda la información, y así los trabajadores no tienen costos para ubicar las plazas disponibles. En una crisis se explica el menor nivel de actividad porque al bajar la productividad, bajan los salarios y muchas personas prefieren entonces el ocio al trabajo.

Publicado en El Financiero el 6 de marzo de 2011

 Edición 808


Miguel Ángel Rodríguez


Tuve el privilegio de ser su alumno. A principios de 1964, él empezaba a dar clases estrenando su PhD de MIT. Peter Diamond tenía solo 23 años, se había graduado en matemáticas en Yale antes de cambiar su carrera a economía y presentar su tesis con la guía de Robert Solow.


En 1962-64, la Universidad de California, Berkeley –con el modelo de equilibrio general de Arrow y Debreu– atrajo a destacados jóvenes economistas que han alcanzado justo reconocimiento por sus valiosas contribuciones a la teoría económica. Peter Diamond se unió con entusiasmo. Gerard Debreu, con sus elegantes y profundos planteamientos, era el líder de ese enfoque en el campus de la “Campanillia”, y Keneth Arrow lo era en Stanford. Ello daba especial significado al Seminario de Economía Matemática Berkeley-Stanford.

El Financiero

El segundo mandato de Óscar Arias rompió el récord al llevar el gasto por encima de un 14% del PIB

Edición 805

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¿Cuál ha sido la administración costarricense campeona del gasto en los últimos 25 años?

El segundo mandato presidencial de Óscar Arias (2006-2010) se llevó la medalla de oro como el gobierno que más ha gastado, con un promedio en cuatro años de 12,45% sobre el Producto Interno Bruto (PIB).

Son las administraciones comparables con los datos que tiene el Banco Central. Los cálculos excluyeron intereses para no cargar a los mandatos deudas de otros gobiernos.


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