El filo de la democracia Imprimir
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PobreEl mejor 

ALTERNATIVAS

Miguel Ángel Rodríguez E.

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

Vivimos, en América Latina, horas de inmenso peligro para la vida civilizada, la justicia, el progreso y el bien común. Con enorme preocupación debemos ocuparnos en nuestra pequeña Costa Rica de impedir que suframos lo que hoy se vive con los disturbios en Chile, lo que vivió Ecuador con la violencia en Quito, los triunfos de los narcotraficantes contra la autoridad en México, el proceso electoral que reeligió al Presidente de Honduras hoy acusado de relaciones con el narcotráfico, las irregularidades en las elecciones de Bolivia y las constantes violaciones a los derechos humanos en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La democracia liberal es un ejercicio de equilibrio y moderación. No es una organización social fácil de establecer. Dani Rodrik nos plantea que la pregunta no debe ser por qué sucumben las democracias, sino más bien ¿por qué se puede dar una democracia?

Se organiza el Estado para poner orden en la vida social y limitar la violencia. Esa es su función primordial. Para poderla cumplir se le otorga al estado el monopolio de la coacción, el monopolio del uso legítimo de la violencia. El objetivo es evitar que “el hombre sea el lobo del hombre”. Sin esa protección, la vida en sociedad sería caos y violencia. Cada persona debería utilizar sus mejores esfuerzos y conocimientos en evitar que lo avasallen y violen su libertad y propiedad, y en ver cómo subsiste abusando de la libertad y los bienes de las otras personas. Difícilmente podría crear, producir, intercambiar voluntaria y pacíficamente… progresar.

Para cumplir ese objetivo de vivir civilizadamente, el Estado adquiere el poder. ¿Cómo evitar que el Estado -creado para evitar que “el hombre sea el lobo del hombre”- se convierta en el león que acaba con hombres y lobos? ¿Cómo evitar que quienes detentan el uso de la fuerza abusen de ella?

El Estado liberal es ese intento, y para lograrlo se constituye en Estado de derecho. Esta es una muy difícil construcción que vive en un delgado filo entre los despeñaderos de un estado autocrático y de una sociedad sin ley.

América Latina hasta finales de la década de 1980 vivió principalmente con gobiernos autocráticos. Pero a fines del siglo XX solo Cuba no era democrática, claro con diversos grados de profundidad de sus Estados de derecho, pero en general respetuosas de los derechos humanos y la institucionalidad liberal.

Vino el desencanto y, empujadas las naciones por causas internas y por tendencias internacionales, fueron de nuevo muchas de las democracias liberales deslizándose bien hacia populismos irrespetuosos del Estado de derecho y de los derechos humanos, o bien hacia sociedades sumidas en la anarquía, la subversión y la ilegalidad.

Claro que hay causas reales y justas que mueven los pueblos a la inconformidad con su situación, sus gobiernos y sus otras instituciones políticas. Pero la violencia en las calles y la ruptura del monopolio del Estado sobre la coacción legítima no resuelve esos justos motivos de enfado, más bien agrava los problemas y dificulta su solución.

Claro que en muchos casos es razonable el enojo con políticos, partidos y gobiernos por su ineficiencia, y dolorosamente también por la corrupción de muchas actuaciones. Pero romper el delicado equilibrio de la democracia liberal representativa y entregarse en las manos de un caudillo populista, lo más que puede proporcionar es una “sacada de clavo” y un alivio de muy corto plazo mientras los ciudadanos se reparten y comen las vacas de cría, con el costo de no tener, después, carne por muchos años.

En Costa Rica no estamos exentos del peligro de despeñarnos hacia alguno de esos guindos. Para evitarlo todos debemos empeñarnos en actuar con moderación, acatar o cambiar por los causes establecidos nuestras normas constitucionales y legales, promover el respeto de unos a otros y actuar guidos por los valores que han forjado nuestra historia: la previsión, la racionalidad y la solidaridad. De ello depende que volvamos a acelerar la construcción del bienestar ciudadano.

Miguel Angel Rodríguez

Ex Presidente de la República

Fecha de publicación: 21-Octubre-2019

Fuente: diarioextra.com

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