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Cómo profundizar la integración económica de América Central
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PobreEl mejor 

Página Quince

Miguel Angel Rodríguez

Marzo 08, 2020

Estancamiento secular o cíclico

La unidad es el camino correcto y conveniente para los ciudadanos de los países de la región.

Dionisio Gutiérrez, mediante su Fundación Libertad y Desarrollo, convocó a los presidentes de las naciones de América Central, expresidentes de Iberoamérica y líderes de organizaciones financieras, sociales y educativas para dialogar en Guatemala sobre la importancia de construir una Comunidad Económica de Centroamérica.

La trascendencia de hacerlo resalta en vista de la onda antiglobalización que domina nuestros tiempos y se dramatiza por las circunstancias internas de las diversas naciones que impidieron a última hora a los presidentes, excepto al de Guatemala, asistir a la reunión.

Como señaló el exmandatario español José María Aznar, este empeño es nadar a contracorriente. Pero es el camino correcto y conveniente para nuestros pueblos.

En los años finales de la segunda mitad del siglo XX, el mundo, impulsado por el doloroso recuerdo de dos guerras, muerte, destrucción, totalitarismos y la Gran Depresión, se lanzó a la construcción de instituciones y normas internacionales para promover la paz, la justicia, la estabilidad financiera, el desarrollo económico y el comercio internacional.

Ese empuje y el ejemplo europeo llevó a nuestros países a constituir el Mercado Común Centroamericano, alianza público-privada de gran impacto en nuestro crecimiento económico en las décadas de los sesenta y setenta. Pero sus características proteccionistas contribuyeron a la profunda crisis de los ochenta.

En los noventa, vivimos de nuevo años de profundización de las corrientes comerciales en el istmo centroamericano, e iniciamos el siglo XXI con la negociación y puesta en vigor del Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Centroamérica y República Dominicana. Pero luego se perdió el impulso integrador y nuestros países se han aislado en la introspección dolorosa de su pobreza, violencia, violaciones de derechos humanos, migraciones y frustraciones.

El porqué de la integración. ¿Para qué nos convocó Dionisio? Es evidente: para propiciar el bienestar de los centroamericanos, su desarrollo personal, sus posibilidades de consumo y una vida libre, en paz, con justicia y prosperidad.

Debido a la pobreza y el lento crecimiento en los países de América Central, la profundización de la integración económica ofrece una vía para conseguir, con una unificación abierta a la globalización, aumentar el tamaño de nuestro mercado, incrementar el intercambio entre las naciones, eliminar prácticas monopolísticas y promover la competencia, la especialización y la innovación.

De esta manera, se revertiría la baja productividad que nos caracteriza. Esto permitirá aumentar los ingresos y el consumo de las familias.

Integración económica, ¿cómo? Estableciendo un solo espacio económico desde el Petén hasta el Darién. La necesidad de reducir los costos del comercio es cada día más evidente.

En una reciente reunión de especialistas en la economía del comercio exterior, en Estados Unidos, se concluyó que el área más atractiva para sus investigaciones, por su relevancia actual, es el estudio de los costos del comercio en el interior de ese país.

Si eso es así en una nación cuyo Gobierno Federal tiene regulaciones y soberanía sobre todos sus estados para favorecer la libre movilización de bienes, servicios, capitales y personas, ¿cuánto más crucial no ha de ser para nosotros la eliminación de las restricciones de legislaciones diferentes?

Claro, no se trata simplemente de voluntad política, aunque esta sea indispensable. Es una tarea compleja que se enfrenta con encontrados y fuertes intereses, que, además, son diferentes en los distintos países y demanda inmensa atención a los detalles.

Tarifa exterior común. Una unión aduanera proclamada desde hace 20 años no es sencillamente un edificio de aduanas común en la frontera. No se establece con un simple acuerdo presidencial. Se requiere un arancel externo común que se establezca al nivel más bajo de las diferentes tarifas.

Ello afecta a los productores que hoy, por su fuerza política, gozan de protección en sus países. Se necesita también hacer converger a una tarifa común los aranceles de bienes que tienen precios diferenciados, causados por la negociación nacional, y no centroamericana, de tratados de libre comercio, o por la negociación nacional de los cronogramas de desgravación.

Es preciso eliminar el uso arbitrario de reglas fitosanitarias e impedir las restricciones no arancelarias al comercio regional. Para incrementar la competencia, urge, asimismo, homologar legislación que impide igualdad de trato a bienes nacionales de los que tienen origen en otras naciones del Istmo.

Por otro lado, para bajar los costos de comerciar entre nosotros, es fundamental contar con una infraestructura eficiente que nos una e impedir normas proteccionistas cuyo resultado es el aumento de los costos del transporte y la comunicación.

Plan presentado. El 16 de noviembre del 2001, después de una reunión de presidentes de América Central, presenté a los mandatarios de la región un Plan de acción inmediata para la reactivación de la integración centroamericana, el cual incluyó tres acápites: desarrollo humano y lucha contra la pobreza, revitalización del programa de integración económica y reforma a la institucionalidad.

En el primer tema, era central un compromiso para combatir el analfabetismo, incrementar la capacitación laboral y subir al 6 % del PIB los recursos para educación pública y al 5 %, los destinados a salud. La mayoría de las naciones están hoy tan lejos de esas metas como hace 19 años.

De nada le ha servido a Centroamérica el costoso establecimiento de instituciones sin competencias. El Parlamento Centroamericano (Parlacen) solo ha sido vehículo para asegurar empleo e inmunidad a unos cuantos políticos y la Corte Centroamericana no sirve ni siquiera para resolver conflictos comerciales, por lo que, por nuestra iniciativa, se estableció un sistema de resolución de controversias del intercambio, al estilo del existente en la Organización Mundial del Comercio (OMC), el cual ha rendido buenos frutos y han disminuido sustancialmente los enfrentamientos por cierres recíprocos de fronteras a la importación.

Como lo señaló el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, esas instituciones, a las que adecuadamente no pertenecemos, se transforman o se cierran. En aquel plan, yo proponía que los miembros del Parlamento, lo mismo que los de la Corte Centroamericana, fuesen parte de sus Congresos y Cortes nacionales, que durante limitados períodos del año se reunieran para procurar la homologación de las legislaciones propias de cada país o para atender casos jurisdiccionales, si los hubiera.

Los obstáculos. En la reunión en Guatemala, el expresidente Mauricio Macri, de Argentina, muy apropiadamente aseguró que el mayor impedimento para la integración económica de las naciones es el miedo. El miedo al cambio, el miedo a nuevas circunstancias.

El miedo, digo yo, del empresario costarricense a los salarios bajos en los países del norte. El miedo de los trabajadores de Guatemala a Nicaragua por la más alta productividad de las empresas en Panamá y Costa Rica. El miedo de políticos y funcionarios a tener que demostrar sus capacidades frente a los actores de las naciones hermanas.

No es fácil vencer obstáculos. Si lo fuera, ya habrían sido superados. Pero si profundizar la integración económica es una buena idea, debe ser realizable. Como afirma Moisés Naím, si una idea buena no se puede efectuar, no es una buena idea.

Es necesario tener una meta clara, realista, fundamentada en hechos, sin basarse solo en emoción e ilusiones. Conocer las dificultades y diseñar los mecanismos para vencerlas. Tener muy claros los requisitos y detalles técnicos. Saber que se deberá avanzar con paso firme y compromisos responsablemente adquiridos, pero gradualmente de acuerdo con un cronograma bien definido, que permita diversas velocidades.

Dependemos de la capacidad de convencer a nuestros pueblos de que esta es la ruta correcta.

 


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El autor es ex presidente de la República

Fuente: La Nación

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