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El poder causa daño y enferma
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PobreEl mejor 

Por mi aprecio a la libertad, siempre he tenido enorme preocupación por el ejercicio del poder. La diferencia es que antes el daño causado por el poder en quienes lo detentan se deducía de la evidencia histórica, y ahora hay evidencia científica que lo demuestra palmariamente.

La enseñanza histórica de que las personas con poder abusan de él con mucha frecuencia la expresó como nadie el pensador católico Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Precisamente por eso, el genio de la democracia como un Estado de derecho se asienta en controles y limitaciones al ejercicio del poder: división de poderes, asignación de competencias, derechos humanos y su defensa internacional, respeto a la constitucionalidad y a la pirámide normativa, debido proceso, revisión judicial de las potestades administrativas, control político del Parlamento, libertad de información.

Los riesgos del poder son tales que abundan las experiencias de quienes llegan con buenas intenciones y luego sucumben a su embrujo. Albert Speer narra desde su celda en su libro El Tercer Reich visto desde dentro, como el afán de ser arquitecto de los monumentos nazis lo llevó gradualmente hasta el extremo de dirigir cruelmente, como ministro de Armamento, el trabajo esclavo de quienes en las fábricas de armas esperaban su futuro exterminio en los campos de concentración.

La ciencia viene ahora en apoyo de la enseñanza histórica. The Atlantic publicó en agosto el artículo “El poder causa daño cerebral”, de Jerry Seem, que, respetuosa pero enfáticamente, recomiendo leer a todos los candidatos a puestos de elección popular, y a quienes sean designados para funciones de alta jerarquía en el próximo gobierno.

Experimento. Veinte años de experimentos en laboratorio y en el campo, conducidos por el profesor de sicología de UC Berkeley Dacher Keltner mostraron que las personas con poder actúan como si hubiesen sufrido un trauma cerebral y se tornan más impulsivas, pierden la percepción del riesgo y la capacidad para percibir los puntos de vista de las demás personas, nos dice el autor.


Fuente: La Nación

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