Disyuntivas

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

Para el resto de este año no habrá lecciones presenciales, anunció hace pocas semanas la señora Ministra de Educación Pública Guiselle Cruz Maduro. Mientras tanto, en el resto del mundo una encuesta de junio del Banco Mundial UNESCO y UNICEF indica que más del 95% de los países encuestados estaban planeando la reapertura de las escuelas para este año, claro con medidas preventivas de diferente naturaleza para evitar la propagación del virus SARS-CoV-2; según lo reporta el estudio “Comenzar el nuevo año escolar bajo la sombra de la COVID-19” de Tigran Shmis, María Barrón y Kaiope Azzi-Huck.

Ya me he referido al alto costo para la adquisición de habilidades de los estudiantes que significan las huelgas de 2018 y 2019 y la falta de lecciones presenciales durante este año (“Un año casi sin lecciones presenciales”, La República 7 de setiembre de 2020). Ese alto costo limita las oportunidades para el desarrollo de los estudiantes que no puedan remediar el tiempo perdido, disminuye la productividad de nuestra economía y agrava las desigualdades sociales.

Por eso es una grave responsabilidad de las autoridades preparar adecuadamente el reinicio de lecciones en 2021, que bien podría tener que darse bajo la sombra del COVID-19.

El principal objetivo debe ser el bienestar y la formación de los estudiantes, pero no se puede obtener dejando de lado la protección de la salud del personal docente y auxiliar que trabaja en kínderes, escuelas y colegios. También es necesario minimizar las posibilidades de que niños y jóvenes contagien a sus familiares mayores, especialmente a quienes tengan mayores riesgos ante el COVID-19 por condiciones preexistentes.

Para nuestro país la Directora Ejecutiva de la Fundación Omar Dengo (FOD) Leda Muñoz -justamente preocupada por las limitaciones para la enseñanza digital por la carencia de conectividad e incluso de electricidad en algunos hogares- sugiere que en las escuelas multigrado (unidocentes) se puede atender digital y presencialmente a los pocos alumnos en cada grado programando las horas y días de la semana de modo que no se junten en el aula los estudiantes de los diversos niveles. Con ello pueden atender la clase guardando la distancia requerida para evitar el contagio de los alumnos entre si y entre ellos y la docente. Y luego los estudiantes podrán en sus hogares cumplir con las investigaciones y con el desarrollo del material recibido. Esta es una medida que desde ya debiera ponerse en práctica para evitar el daño en el aprendizaje de estos alumnos

Pero, además, señala el tipo de medidas creativas que el MEP debería estar preparando para atender el inicio de lecciones el año entrante, si el COVID-19 no ha abatido su presencia demoledora entre nosotros. No debería, por motivo alguno, ponerse en riesgo en 2021 la capacidad de los estudiantes, especialmente los provenientes de hogares con mayores carencias, de adquirir las habilidades que les permitirán aprovechar posteriormente las oportunidades para su superación. Por eso es de suponer que las autoridades educativas están preparándose para esa eventualidad estudiando las medidas necesarias para enfrentarla.

Hay algunas evidentes y de fácil implementación como prohibir el ingreso a los edificios docentes de personas diferentes a los alumnos y a quienes en ellos laboran, así como asegurar adecuada ventilación a las aulas y proveer a las instituciones docentes de mascarillas para sus estudiantes y personal, y del material de higiene necesario.

El estudio para el Banco Mundial citado reporta las medidas que en diversos países se han adoptado en las aperturas de clases realizadas en este mes de setiembre, para hacerlo evitando en lo posible la propagación del COVID-19.

En muchos países se ha reducido el número de alumnos en cada clase. En algunos como en Francia y en Uruguay mediante la incorporación progresiva de grupos y grados, en otros se practica la asistencia por turnos como en Alemania (similar a lo que la Directora de la FOD sugiere). Esto facilita la separación de las personas en el aula, así como la adopción de las medidas de higiene y protección en las escuelas. De esta manera estudiantes, docentes y personal auxiliar se pueden acostumbrar a trabajar en las nuevas condiciones de higiene y separación entre personas que el control de los contagios hace necesario.

En Dinamarca, Finlandia, Corea, Singapur, Tailandia, Túnez se practica el control de la temperatura de todos los asistentes a las escuelas.

Este trabajo para el Banco Mundial indica: “Encontrar un equilibrio entre el aprendizaje y la seguridad es un desafío. Algunos países están comenzando el año escolar basándose únicamente en el aprendizaje a distancia; o utilizándolo como complemento del aprendizaje presencial. Estudiantes en México comenzarán el año escolar 2020-2021 recibiendo sus lecciones por televisión o radio... En Panamá, las clases comenzaron en julio con los estudiantes haciendo uso de una plataforma integrada que combina recursos de televisión, radio, material impreso y en línea. Las autoridades han adaptado el plan de estudios para centrarse en desarrollar habilidades esenciales y la resiliencia”.

Otra medida para la que debemos estar preparados es para realizar pruebas de COVID-19 a docentes y al personal auxiliar de manera de minimizar las posibilidades de que introduzcan la enfermedad en los centros docentes.

Nosotros contamos con 5 meses para preparar las medidas que hagan posible una buena proporción de clases presenciales aún si la pandemia nos sigue golpeando. Debemos evitara toda costa que la pérdida de aprendizaje y desarrollo de habilidades literarias, numéricas, científicas y blandas siga agravando las desigualdades sociales y golpeando a los estudiantes de las familias más vulnerables.

No son en conjunto medidas fáciles de poner en practica en los miles de kínderes, escuelas y colegios públicos que pueblan toda la geografía nacional. Pero lo que está en juego es la equidad y la eficiencia de nuestro futuro. Dios nos libre de tener que continuar lidiando con la pandemia el año entrante. Pero si nos vemos en esas circunstancias debemos estar preparados para minimizar su efecto en nuestra educación y no vernos sometidos solo a educación a distancia, que en las condiciones actuales deja a un 57% de los estudiantes sin acceso a una buena enseñanza digital.

El informe de Shmis, Barrón y Azzi-Huck concluye: “La flexibilidad parece ser la base de cualquier estrategia de reapertura de escuelas: una reapertura cautelosa y la disposición a cerrar nuevamente si surgen brotes. Esto no es fácil en los sistemas educativos que históricamente están cargados de tradición y rigidez. Pero para equilibrar la seguridad y el aprendizaje, el enfoque más eficaz ha sido combinar la educación cara a cara y la educación remota, permitiendo el intercambio entre las dos con interrupciones mínimas en la continuidad del aprendizaje.”

Miguel Angel Rodríguez

Ex Presidente de la República

Fecha de publicación: 14-Setiembre-2020

Fuente: La República


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