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Disyuntivas

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

La señora Ministra de Educación Pública Guiselle Cruz Maduro nos anunció que los estudiantes no volverán a clases presenciales en el resto del año.

Este es uno de los costos más fuertes y con efectos más duraderos que nos infringe el COVID-19. Los efectos de las crisis económicas en gran número de casos perduran por mucho tiempo, no solo por las pérdidas del bienestar que directamente causan, sino porque disminuyen la acumulación de capital físico y la formación de capital humano.

La experiencia respecto al impacto en la educación pública, en el bienestar y en desigualdad de la crisis de los ochenta es lamentable. De 1980 a 1988 (año más bajo de escolaridad en secundaria posterior a esa crisis) la escolaridad bruta bajó casi en una tercera parte, 18,3 puntos porcentuales. Casi una quinta parte de esa generación tuvo una menor capacitación en secundaria, lo que todavía se siente en el país. No se recuperó la escolaridad de 1980 sino hasta 1999. Todavía en la tercera y cuarta décadas de este siglo sufriremos el impacto de esta pérdida.

Ahora enfrentamos un nuevo y enorme reto.

Nuestros estudiantes de escuelas y colegios públicos perdieron tres meses de clases en 2018 y un mes en 2019 por huelgas, y en 2020 por el COVID-19 desde marzo no asisten a sus cursos. En 2020 solo recibirán un 13% de sus lecciones de manera presencial. Al suspenderse el curso lectivo se adoptó aprendizaje a distancia que incluye cosas muy variadas. Alumnos con facilidades ellos y sus maestros para seguir cursos digitales con la tecnología Microsoft Teams, que debido a limitaciones de infraestructura de comunicación y a carencia de equipos y conexiones en los hogares como máximo cubre en su uso un 43% de la matricula. Incluso en este grupo con mejores condiciones, algunos estudiantes solo pueden mantener un proceso educativo mediante teléfonos celulares. Algunos discípulos solo pueden actuar mediante plataformas como WhatsApp. Otros alumnos solo reciben material impreso -algunos sin ningún apoyo de sus profesores. Incluso hay niños y jóvenes que desde marzo han perdido sus conexiones con sus escuelas y colegios, maestros y profesoras.

El Estado de la Nación realizó con la participación del MEP una encuesta en línea a 42.074 docentes de centros educativos públicos en todo el país y determinó que un 2% de los docentes (751 personas) no tienen acceso a Internet y un 25% solo tienen conexiones inestables. La mayoría de los docentes no tiene formación en herramientas virtuales. Además, la mayor parte de los docentes no ha tenido contacto con todos sus alumnos, y un 4% de ellos con ninguno.

Andrés Fernández, en colaboración con el Banco Mundial, ha estimado que la falta de clases presenciales de este año equivale a la pérdida de casi dos tercios de año lectivo.

Con un simple cálculo de regla de tres la pérdida de clases en 2018 y 2019 significa la pérdida adicional de una quinta parte de año lectivo.

Andrés Fernández encuentra que el efecto es mucho mayor en las familias más pobres pues el impacto negativo es 3 veces mayor en los estudiantes del quintil de menores ingresos comparado con el efecto en los alumnos del quintil de mayores ingresos. Esto hace aún más costosa esta pérdida porque elimina oportunidades a las personas que más las necesitan.

Fernández también estima el perjuicio que la disminución en la adquisición de habilidades -si no se remedia- causaría en los ingresos futuros de los estudiantes y en la producción nacional.

Respecto al ingreso personal de los jóvenes causado por la pérdida de clases señala: “El ingreso medio esperado podría decrecer… en 7% si la educación a distancia tuviera que mantenerse para todos los estudiantes por lo que resta del año 2020.”

Y en referencia al PIB indica: “…conforme pase el tiempo y cada uno de los estudiantes de esta generación vaya ingresando al mercado laboral, se produciría una reducción en la senda de crecimiento del Producto Interno Bruto potencial, de al menos un 1% luego de 10 años y de cerca del 6% luego de 20 años transcurridos.”

Este enorme costo resulta de la conjunción de ausencia de clases presenciales con carencia de acceso a la tecnología que permitiría a los estudiantes una adecuada educación digital. Esto último resulta por una parte por la falta de infraestructura de comunicación y de equipos de cómputo en los hogares, y por otra parte por la carencia de adecuada preparación de buena cantidad de los docentes para hacer buen uso de esta tecnología.

Por eso es esencial que en los meses que restan del curso lectivo se aceleren los programas de FONATEL para llegar con educación digital a más estudiantes, y se haga uso de mayor variedad de instrumentos para llegar con las clases a los estudiantes que carecen de la infocumunicación requerida para Microsoft Teams: emisoras de televisión públicas y privadas, radioemisoras nacionales y locales.

Miguel Angel Rodríguez

Ex Presidente de la República

Fecha de publicación: 7-Setiembre-2020

Fuente: La República