Ahora que est? pr?xima a iniciar la campa?a pol?tica, me parece pertinente recordar este art?culo de abril del 2005 con pensamientos de San Juan Pablo II.

El sufrimiento y muerte del Papa Juan Pablo II han sido consecuentes con el reto que nos plante? el 22 de Octubre de 1978 en la homil?a al inicio de su pontificado: ?No teng?is miedo?. Por eso nos ha dado ejemplo cristiano el Santo Padre al aceptar l?cidamente y con agradecimiento, como parte sustancial de nuestra propia trasformaci?n, ?las fuerzas de la decadencia?, como llama el Padre Ignacio Larra?aga a esas vitales experiencias: el sufrimiento y la muerte. Creo que esa es la principal raz?n del amor y la admiraci?n que la partida del Papa hacia el Padre ha despertado en creyentes y no creyentes de buena voluntad.

Este reto del pontificado de S S Juan Pablo II es tambi?n buena gu?a para describir su muy importante aporte a la doctrina social de la Iglesia, expresado principalmente en sus enc?clicas Laborem excercens, Sollicitudo rei sociallis y Centesimus annus; pero tambi?n en m?ltiples de sus discursos, homil?as y mensajes e incluso en su ?ltimo libro Memoria e Identidad.

En esta ?ltima obra Juan Pablo II nos recuerda que ?todo creyente sabe que el comienzo de la historia del hombre ha de buscarse en el libro del G?nesis? (Gn 1, 27-28) ?Y cre? Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios los cre?; hombre y mujer los cre?. Y los bendijo Dios y les dijo: creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla. Al hacer el Creador participe de su dignidad a la persona, llama al hombre y a la mujer a colaborar con ?l en su creaci?n del universo. ?El primer mandamiento en el G?nesis es: ?CRECED! ?Con el trabajo y la creatividad,? colaborad en la creaci?n! En esto radica el centro de la visi?n de la creaci?n que Juan Pablo II destac? como parte fundamental de la doctrina social de la iglesia y que permite una mejor comprensi?n ?a la luz del Evangelio? de los principios de justicia y equidad, exigidos por la justa raz?n, tanto en orden a la vida individual y social como en orden a la vida internacional.? (Gaudium et spes, Concilio Vaticano II). En la Centesimus Annus nos dice Juan Pablo II: " la verdadera identidad de una persona es revelada completamente a trav?s de la fe, y precisamente es de la fe de donde comienza la doctrina social de la Iglesia. Si bien se sirve de todas las contribuciones hechas por las ciencias y la filosof?a, la doctrina social de la Iglesia est? apuntada a ayudar a la humanidad en el camino de la salvaci?n?

La revoluci?n industrial hizo posible, a partir del siglo XVIII, un crecimiento de la producci?n que permit?a el aumento de la poblaci?n y la superaci?n paulatina de la pobreza, que antes de esa acumulaci?n de conocimiento y tecnolog?a parec?a imposible, por lo que la pobreza era hasta entonces considerada como una insuperable condici?n, inherente a la esencia misma de la sociedad. Es por ello natural que la atenci?n inicial de la Rerum Novarum y las siguientes enc?clicas sociales hasta la Laborem excercens, se dirigiera a los temas de moral relacionados con la participaci?n de todas las personas en los frutos de la producci?n. Poco espacio se dej? para la contribuci?n de las personas al incremento de la producci?n, y para el efecto sobre ella de la organizaci?n pol?tica, econ?mica y social. Poco espacio hab?a disponible para el mandamiento de G?nesis: ?CRECED!

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Juan Pablo II no tuvo miedo de adentrarse en ese terreno del cambio en la capacidad de producir en plena guerra fr?a y cuando su amada Polonia sufr?a el totalitarismo comunista, ni tuvo temor a abrir espacio a las fuerzas creativas de la libertad. Rescat? el Papa el mandamiento a crecer, y para ello deb?a evitarse el paralizante miedo.

Juan Pablo II tuvo muy claro, desde temprano en su pontificado, que los cambios en las condiciones de producci?n y en el entendimiento de las reglas econ?micas y sociales hac?an ineficiente el centralismo econ?mico y terminar?an con ?l, de la misma manera como el renacimiento hab?a terminado con el centralismo cultural, y las revoluciones inglesa, de los Estados Unidos y francesa hab?an terminado con el centralismo pol?tico. Pero adem?s aport? la visi?n de la persona como un ser llamado por Dios a ser Su colaborador en el desarrollo del universo. Esto tuvo muy especial influencia en el contenido del llamado a la persona a conformar sus acciones como miembro pleno de la sociedad, con la moral objetiva cristiana, que constituye la doctrina social de la iglesia. En el uso de la libertad, la persona no debe tener miedo porque cuenta con el amor de Dios y puede abrirle sus puertas. No debe enterrar el talento para no arriesgarlo. (Mt 25, 26-28), pero no est? solo, cuenta con el Se?or para tener gu?as de como emplearlo. Por eso no tener miedo no es un lanzarse sin apoyo en la oscuridad de nuestra ignorancia.Es avanzar con esperanza y fe en la Providencia y el amor de Dios. Al respecto el Papa nos da aliento y llama a la confianza en Dios, en su mencionada homil?a inaugural: ?Abrid a Su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas econ?micos y los pol?ticos, los extensos campos de la cultura, de la civilizaci?n y del desarrollo. ?No teng?is miedo! Cristo conoce ?lo que hay dentro del hombre??.

Por eso la visi?n social de Juan Pablo II resalta en primer lugar la dignidad y los derechos de la persona humana: ?Dios ha confiado a este hombre, a su humanidad, todo el mundo visible como don y tarea a la vez; le ha asignado una misi?n concreta: realizar la verdad de s? mismo y del mundo?En otras palabras, esta verdad del mundo y de s? mismo es el fundamento de toda intervenci?n del hombre sobre la creaci?n.?. (Memoria e Identidad, 2005) Esta es a mi modo de ver la esencia de la doctrina social de la iglesia: armonizar la libertad de personas dignas con los prop?sitos de la Creaci?n, por medio del voluntario sometimiento del hombre a las normas de la moral objetiva que de Dios nos vienen. Esta es la forma de permitir el crecimiento que genera la acci?n creativa de los incentivos y de las iniciativas m?ltiples y libres dentro del llamado moral al amor y a la consiguiente solidaridad. Esta es la manera de hacer compatibles, dentro de la diversidad de personas dignas y libres, las leyes cient?ficas basadas en la causalidad, impuestas por Dios a su creaci?n, con Sus reglas morales de la verdad, basadas en la intencionalidad. En esta tarea, en vivir socialmente con creatividad, libertad, y responsabilidad podemos cambiar y crecer sin miedo porque Dios con su amor es nuestra esperanza.

La doctrina social de la Iglesia aporta normas morales para la acci?n humana individual que determina las caracter?sticas de la organizaci?n social y su operaci?n en los campos de la pol?tica, la econom?a y las relaciones sociales y para las acciones colectivas. Sus dictados no son recetas de cocina ni discusiones t?cnicas de pol?tica econ?mica, pero si apuntan l?neas de acci?n para iluminar el camino de la salvaci?n. Sobre esto Juan Pablo II elabor?, como adelante veremos, incluso una gu?a para se?alar las ?reas de intervenci?n gubernamental en la b?squeda de la justicia social. En esto no transitaba camino nuevo. Pero lo hizo dando ?nfasis a los aspectos din?micos de la producci?n, y no simplemente considerando el reparto de una cantidad dada de bienes. No trata la doctrina social de la iglesia de suplantar al conocimiento t?cnico en la determinaci?n de los efectos de las diversas medidas y acciones colectivas, sino de se?alar los objetivos ?ticos que deben ser perseguidos, y de evaluar, dado un nivel de conocimientos, las diversas alternativas.

Ya en Laborem excercens, Juan Pablo II sin tapujos hab?a se?alado como uno de los derechos humanos, el derecho a la libre iniciativa econ?mica, el derecho a buscar el cambio, a la libre participaci?n en los distintos tipos de la producci?n, a que, libremente, a trav?s del intercambio voluntario, podamos evaluar nuestras diferentes posiciones.

Para celebrar los cien a?os de la pionera Rerum Novarum de Le?n XIII, emite Juan Pablo II a inicios del fin del socialismo real, su maravillosa Centesimus Annus. Y ac? nos indica como un factor fundamental de la ca?da de esos reg?menes dictatoriales ?la ineficiencia del sistema econ?mico? entendida esta como ?la violaci?n de los derechos humanos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector econ?mico? lo cual obligadamente conlleva la violaci?n de los derechos del trabajador. Nos dice el Papa, en la Centesimus annus: ?. El factor decisivo que ha puesto en marcha los cambios es sin duda alguna la violaci?n de los derechos del trabajador. No se puede olvidar que la crisis fundamental de los sistemas, que pretenden ser obligaci?n del gobierno y, lo que es m?s, de la dictadura del proletariado, da comienzo con las grandes revueltas habidas en Polonia en nombre de la solidaridad. Son las muchedumbres de los trabajadores las que desautorizan la ideolog?a, que pretende ser su voz?.

Sin remilgos ni tapujos, Centesimus annus nos dice que las utilidades son buenas, que permiten medir si los recursos est?n, o no, bien empleados, y que es importante que se den para que una empresa pueda subsistir.

Asimismo sin remilgos ni tapujos se aportan conceptos favorables a la libertad econ?mica. Afirma Juan Pablo II: ?la moderna econom?a de empresa comporta aspectos positivos, cuya ra?z es la libertad de la persona que se expresa en el campo econ?mico y en otros campos?. Sin remilgos ni tapujos, en esa enc?clica, Juan Pablo II recomienda a las naciones que buscan el verdadero progreso econ?mico y social adoptar ?un sistema econ?mico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producci?n, de libre creatividad humana en el sector de la producci?n?. En el campo del comercio tambi?n nos se?ala esta Centesimus Annus: ?da la impresi?n de que tanto a nivel de las naciones, como de las relaciones internacionales, el libre mercado sea el instrumento m?s eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades.?

Quiero finalmente se?alar que no le tembl? la pluma a Juan Pablo II para delimitar las funciones del estado y dar de esta manera una gu?a moral para las acciones colectivas: garantizar la libertad individual y la propiedad; velar por un sistema monetario estable y servicios p?blicos eficientes. Nos expres? Su Santidad en 1991 que el Estado debe garantizar que ?quien trabaja y produce pueda gozar de los frutos de su trabajo y, por tanto, se sienta estimulado a realizarlo eficiente y honestamente.? Debe velar el Estado asimismo, por ?vigilar y encauzar el ejercicio de de los derechos humanos en el sector econ?mico?, aunque reconoce que ?en este campo la primera responsabilidad no es del Estado, sino de cada persona y de los diversos grupos y asociaciones en que se articula la sociedad.? Adem?s se?ala el derecho a la intervenci?n estatal cuando ?situaciones particulares de monopolio creen r?moras u obst?culos al desarrollo?, y que ?aparte de estas incumbencias de armonizaci?n y direcci?n del desarrollo, el Estado puede ejercer funciones de suplencia en situaciones excepcionales, cuando sectores sociales o sistemas de empresas, demasiado d?biles o en v?as de formaci?n, sean inadecuados para su cometido. Tales intervenciones de suplencia, justificadas por razones urgentes que ata?en al bien com?n, en la medida de lo posible deben ser limitadas temporalmente, para no privar establemente de sus competencias a dichos sectores sociales y sistemas de empresas y para no ampliar excesivamente el ?mbito de intervenci?n estatal de manera perjudicial para la libertad tanto econ?mica como civil?.Finalmente se reconocen las acciones estatales para propiciar la fraternidad y ejercer la solidaridad.

Pero tambi?n en este otro campo de las acciones colectivas que limitan la libertad econ?mica, es preciso atender al efecto de las medidas sobre los aspectos din?micos de la creatividad y la producci?n. Por ello se?ala Centesimus annus: ?no han faltado excesos y abusos que, especialmente en los a?os m?s recientes, han provocado duras cr?ticas a ese Estado del bienestar, calificado como ?Estado asistencial?. Deficiencias y abusos del mismo derivan de una inadecuada comprensi?n de los deberes propios del Estado. En este ?mbito tambi?n debe ser respetado el principio de subsidiariedad.??

?Al intervenir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, el Estado asistencial provoca la p?rdida de energ?as humanas y el aumento exagerado de los aparatos p?blicos, dominados por l?gicas burocr?ticas m?s que por la preocupaci?n de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos. Efectivamente, parece que conoce mejor las necesidades y logra satisfacerlas de modo m?s adecuado quien est? pr?ximo a ellas o quien est? cerca del necesitado.?

Al recordar en estos d?as de duelo por la partida de Juan Pablo II sus valiosos aportes y su ejemplo de amor a Dios y a los hombres, he cre?do conveniente traer ante los costarricenses estas pinceladas sobre sus profundas contribuciones a la doctrina social de la iglesia, para que ellas nos sirvan de gu?a en la siempre presente tarea de la reconstrucci?n de nuestra sociedad. El peor y m?s poderoso enemigo que enfrentamos contra nuestra felicidad y nuestra superaci?n es el miedo. Por ello, en la convicci?n de que Dios nos da su amor, hagamos propio el reto del pontificado que termina: ?No teng?is miedo?. Cumplamos el mandato del G?nesis; CRECED, y dediquemos nuestra libertad y creatividad a desarrollar la creaci?n. Lo podremos hacer con esperanza, sin temor, si contamos con Dios.


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