LAS UNIVERSIDADES LASALLISTAS COMUNIDADES DE MEMORIA Y ESPERANZA PARA LA SOCIEDAD ACTUAL Filipinas, febrero de 2012 Introducci?n Una vez m?s es para m? una gran satisfacci?n poder participar en su Encuentro de Manila, en un a?o particularmente importante para el Distrito de Filipinas con la celebraci?n del centenario de la venida de los Hermanos a este pa?s. Estoy seguro de que nuestro Encuentro es una de las actividades m?s importantes, ya que la educaci?n universitaria ha tenido aqu? un extraordinario desarrollo y vitalidad que pueden inspirar a nuestra red internacional de centros superiores. Por otra parte mi presencia, como lo he recordado en los tres Encuentros anteriores en los que he participado: el VII, Barcelona 2006, el VIII en Canoas, Brasil 2007, el IX, Filadelfia 2009, es un signo de la importancia que nuestro Instituto, da a la educaci?n superior, un acto de fe en sus enormes potencialidades y una expresi?n de la necesidad de unas relaciones internacionales m?s integradas y solidarias. Las Universidades y los centros superiores lasallistas son hoy m?s necesarios que nunca dadas las circunstancias hist?ricas que estamos viviendo, que nos exigen conservar, producir y distribuir conocimientos por medio de una formaci?n acad?mica de calidad, una investigaci?n que abra nuevos caminos y responda a las necesidades de nuestros contempor?neos, especialmente los pobres y excluidos, y sobre todo una transformaci?n, en un mundo en cambio, que ponga siempre a la persona como fin ?ltimo y nos permita continuar siendo instrumentos de salvaci?n, especialmente para aquellos que m?s lo requieren, siendo testigos y promotores de los valores transformadores del Evangelio. Ciertamente hoy como ayer el ser humano no ha dejado de ser un misterio. Nuestro ser resulta parad?jico. Son muchos los elementos que combaten en nuestro interior. Como criaturas experimentamos m?ltiples limitaciones; sin embargo, nuestras aspiraciones y deseos son infinitos. Libres, nuestra libertad en cierto sentido se destruye a s? misma una vez realizada la elecci?n. Elegir es renunciar. Por otra parte, con San Pablo experimentamos que hacemos lo que no queremos y dejamos de hacer lo que queremos. Abiertos a los dem?s, nuestra hambre de amor es insaciable y nuestra entrega casi siempre ego?sta. Nuestra vida se presenta como lucha dram?tica, en la que muchas veces somos derrotados. Superiores al universo entero, por nuestra interioridad podemos alzarnos de lo visible a lo invisible, o dejarnos esclavizar, como nuevo aprendiz de brujo, por las fuerzas desatadas por nosotros mismos. Esta descripci?n me parece que responde a lo que cada uno de nosotros es y a los desaf?os que nos presenta hoy la educaci?n superior. Ante el ser humano, misterio y paradoja, ser hist?rico en continua construcci?n, debemos situar la educaci?n universitaria como camino, itinerario, como vocaci?n desde nuestra concepci?n hasta nuestra muerte; como la llamada a alcanzar la estatura del hombre perfecto: Cristo (Ef 4, 13), conscientes de que no somos ni pura raz?n, ni pura luminosidad, sino tambi?n emoci?n, sentimiento, instinto, pasi?n y deseo. Por consiguiente se trata de una formaci?n integral que nos haga evitar el verdadero peligro anti-humanista: el peligro del hombre m?quina o el peligro del hombre bestia. Una educaci?n que tenga en cuenta la cabeza, el coraz?n, las manos y los pies. Zygmunt Bauman, en su libro Amor l?quido. Acerca de la fragilidad de los v?nculos humanos, nos presenta con mucho realismo algunas de las caracter?sticas de nuestro mundo hoy. A partir del amor y su diferencia con el deseo, nos describe la realidad que f?cilmente hoy vivimos. Para el amor toda distancia, por m?s peque?a que sea, se experimenta como insoportable, porque lo propio del amor es unir, fusionar e identificar. El deseo, por el contrario, es ansia de consumir. En realidad, m?s que de deseo, de lo que habr?a que hablar es de las ganas de. Y las ganas de no pueden asegurar ni la fidelidad ni el compromiso porque lo que buscan es multiplicar experiencias de acuerdo a donde se dirijan las ganas. El amor lleva a relaciones personales estables o s?lidas, las ganas de a conexiones l?quidas que f?cilmente se pueden borrar o cambiar, olvidar o multiplicar. A la conclusi?n a la que llega Bauman es que hoy es m?s dif?cil amar al pr?jimo porque cada vez creamos m?s barreras y nos ingeniamos para comunicarnos a control remoto; a lo que habr?a que a?adir que la cultura del miedo que hoy vivimos nos hace protegernos y tomar distancia de aquellos que son diferentes. Puede sonar rom?ntico o sentimental, pero nuestras universidades y centros de educaci?n superior deben estar movidos, ante todo, por un gran amor. Hoy algunos pensadores afirman que el modelo antropol?gico prevalente ser?a el de un hombre sin vocaci?n. En la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, al final, la protagonista, hablando con su marido, un cirujano que ha tenido que abandonar el hospital, dice con pena al marido: Tu misi?n era la de operar. Y la respuesta del marido es significativa y resume en parte todo el sentido de la obra: Teresa, una misi?n es una cosa est?pida. Yo no tengo misi?n alguna. Ning?n hombre tiene una misi?n. Nos encontramos ante una filosof?a del pensamiento d?bil. Uno de sus m?ximos exponentes, Gianni Vattimo, en una entrevista, a la pregunta sobre la tarea de la filosof?a respond?a: Creo que la filosof?a no debe ni puede ense?ar hacia d?nde se tiene que ir, sino a vivir en la condici?n de quien no se dirige a ninguna parte. Por consiguiente: ninguna meta, ninguna misi?n, ninguna vocaci?n. Nuestras Universidades s? tienen una meta, una misi?n, y una vocaci?n muy importantes. Nuestras Universidades deben ser comunidades de memoria y esperanza para la sociedad actual. Su punto de partida como memoria es la sabidur?a cristiana, centrada en el doble mandamiento del amor y la lectura hecha por San Juan Bautista de La Salle; su finalidad es mantener viva la esperanza en un mundo que busca un desarrollo sostenible, que permita superar la pobreza, la violaci?n de los derechos humanos, la corrupci?n, la enfermedad y d? respuestas al cambio clim?tico, a la biodiversidad y a una globalizaci?n incluyente. 1. Comunidades de Memoria evang?lica-lasallista Hacer memoria es una expresi?n con fuertes resonancias b?blicas, que no nos deja simplemente en el pasado, sino que nos compromete hoy en el cotidiano de nuestras vidas, interpretando ese pasado de una manera creativa y dadora de sentido. Hacer memoria es encontrar el hilo conductor que unifica, motiva, enriquece e impulsa nuestra vocaci?n. La memoria nos debe llevar a las dos fuentes que han dado origen a nuestra misi?n lasallista: la persona de Jes?s y el Evangelio por un lado; nuestro Fundador, los primeros Hermanos y el carisma que nos transmitieron por otro. La memoria carism?tica m?s que una teor?a es una historia de amor. Manifiesta la intervenci?n de Dios en el pasado, cuando nuestro Instituto daba los primeros pasos; intervenci?n que se ha prolongado a lo largo de nuestra historia por m?s de 300 a?os y que nos da la certeza de que Dios sigue presente en nuestro ahora y lo estar? en el futuro, manifestando su providencia y protecci?n. Se trata de una memoria colectiva que nos da sentido de identidad y de pertenencia y debe inspirar nuestra misi?n universitaria. Como nos dice muy bien el dominico peruano Gustavo Guti?rrez: Si se evoca un hecho anterior es por la vigencia que tiene en el presente. Las expresiones para decir que hoy obra Dios y que, por lo tanto, es ahora que sus seguidores deben tomar decisiones abundan tanto en el primer como en el segundo testamento. Por otro lado, la memoria en la Biblia va m?s all? de lo conceptual, apunta a desembocar en una conducta, en una pr?ctica destinada a transformar la realidad. Recordar es tener en cuenta a, o cuidar de, alguien o algo. Se recuerda para actuar, sin ello la memoria pierde sentido, se limitar?a a ser una especie de gimn?stica intelectual. San Agust?n, en sus profundas reflexiones sobre el tiempo, nos dice que la memoria es el presente del pasado. No la repetici?n del pasado, sino su presente. Por eso como nos apunta el jesuita Ellacur?a: Una Universidad de inspiraci?n cristiana lo ser? tanto m?s cuanto m?s contribuya a que se vaya haciendo realidad esa utop?a anunciada y prometida por Jes?s, que es el reino de Dios... Este reino necesita de ingenieros... Este reino necesita de economistas... Este reino necesita de especialistas en la computaci?n, qu?micos, psic?logos, soci?logos, fil?sofos, letrados, juristas, pol?ticos... para que la sociedad se enriquezca... No basta con esto... Los profesionales de la UCA tendr?n inspiraci?n cristiana cuando, adem?s de hacer el mayor bien posible a los dem?s desde la profesi?n adquirida, tomen como tarea prioritaria la de buscar su bien, el de su familia y el de todos los dem?s, poniendo los ojos en lo que las mayor?as populares necesitan para superar la pobreza, la marginalidad, la injusticia, la falta de libertad y de participaci?n..., tarea eminentemente cristiana... (Escritos universitarios, p?gs. 290-292). Pero por lo mismo se trata tambi?n en cierto modo de una memoria peligrosa tal como lo expresa de manera inmejorable Juan Bautista Metz: El recuerdo f?cilmente se convierte en una falsa conciencia del pasado y en el opio del presente. Pero existen otras clases de recuerdos: una memoria peligrosa, recuerdos provocadores. Recuerdos y experiencias del pasado que arrojan una luz cruda y permiten que nazcan nuevas y peligrosas intuiciones para el presente. De golpe, arrojan una luz cegadora y dura sobre el car?cter problem?tico de aquello a lo cual nos hemos acomodado desde hace tiempo, y sobre la banalidad de un pretendido "realismo". Hacen reventar los c?nones de nuestras coherencias dominantes, trayendo consigo un cierto lado subversivo. Esas memorias son vividas como peligrosas e incalculables encuentros que nos visitan del pasado. Son memorias que tenemos que tomar en cuenta. Memorias que, de cierta manera, contienen el futuro. La memoria es una interpelaci?n al compromiso, la reflexi?n, la fuerza y la creatividad. En nuestra ?poca nos hallamos ante signos inciertos y particularmente desafiantes. Nos invitan, por eso, al discernimiento que nos permite ir a lo esencial, sin enredarnos en lo secundario y coyuntural. Nos convocan a situarnos ante lo que viene, a partir de lo actual y sin olvidar nuestras ra?ces. Me parece, que estamos llamados a vivir la vida y los escritos del Fundador y la historia de los primeros Hermanos, como memoria prof?tica que nos compromete con nuestro aqu? y ahora a partir de la realidad que hoy vivimos. Creo que el Fundador nunca expres? mejor la finalidad del Instituto y de su misi?n, como en las dos primeras Meditaciones para el Tiempo de Retiro. Se parte de una convicci?n expresada por San Pablo en una de sus cartas a Timoteo (1 Timoteo, 2,4): Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Esta es nuestra memoria peligrosa, esta es nuestra misi?n y la misi?n de nuestras Universidades. Nacimos como instrumento de salvaci?n, de una salvaci?n integral que abarca la totalidad de la persona, de todas las personas, pero con una ternura muy particular por los pobres, excluidos, abandonados y los j?venes en busca de sentido. Este es el coraz?n de la asociaci?n lasallista, como muy bien lo comprendieron los primeros Hermanos cuando en la carta que le env?an en 1714 para que se haga cargo de nuevo del Instituto, le piden y ordenan que regrese en nombre del cuerpo de la sociedad al que prometi? obediencia, y lo hacen record?ndole que se trata de la obra de Dios que es tambi?n la suya? y que lo que les preocupa es la gloria de Dios, el mayor bien de la Iglesia y de nuestra Sociedad. Y los Hermanos hablan en plural porque se sienten profundamente asociados en la misi?n que el Se?or les ha encomendado. El plural es una caracter?stica de toda obra lasallista, tambi?n de las Universidades? de ah? la importancia de nuestro ?Juntos y por asociaci?n?, asimismo a nivel internacional. Creo que vale la pena recordar lo que nos dijo la Asamblea Internacional de la Misi?n Educativa Lasaliana del a?o 2006, que el Cap?tulo General ha querido hacer suya: Esta Asamblea quiere recordar a todos los lasalianos, que la vitalidad de nuestra Misi?n depende de c?mo respondamos hoy, asociados, a las necesidades de los pobres. Valoramos el esfuerzo que los lasallistas hacemos para liberar a los pobres de sus diferentes formas de pobreza y pedimos que consideren el servicio de los pobres y la promoci?n de la justicia como el coraz?n y la causa del fortalecimiento de la Misi?n lasaliana en el mundo. Para lograr lo anterior el Fundador y los primeros Hermanos parten de una serie de intuiciones educativas, que forman parte tambi?n de nuestra memoria peligrosa. Entre otras: ? En el proceso educativo lasallista tiene primac?a la persona de manera que cada uno sea tratado en consonancia con su ser individual, ?nico e irrepetible y que la atenci?n se dirija de manera integral a la persona de cada uno. Ante cada persona nuestra pregunta no puede ser otra que la de Jes?s: ?Qu? quieres que haga por ti? (Marcos 10,51), o como afirma Benedicto XVI: En un tiempo en el que la gran tradici?n del pasado corre el riesgo de quedarse en letra muerta, debemos estar al lado de cada persona con disponibilidad siempre nueva, acompa??ndola en el camino de descubrimiento y asimilaci?n personal de la verdad. Y al hacer esto tambi?n nosotros podemos redescubrir de modo nuevo las realidades fundamentales. (Discurso a la 61 Asamblea General de la Conferencia episcopal italiana, 27 de mayo de 2010). ? El proceso educativo lasallista nace de la propia realidad de manera que responda a las caracter?sticas, necesidades, aspiraciones y valores culturales de cada pueblo. Es necesario en nuestra formaci?n conjugar los contenidos te?ricos con un conocimiento de la realidad de nuestro entorno. Si no conocemos nuestra realidad, no podremos hacernos cargo de ella. Pero no se trata solamente de asumir una realidad, se trata tambi?n de aportar los instrumentos para transformarla y abrirla a un di?logo intercultural. ? El proceso educativo lasallista valora profundamente la calidad de las relaciones y favorece el trabajo en com?n y crea comunidad. La fraternidad/sororidad es una de sus notas distintivas. Cada lasallista se debe sentir hermano o hermana con el coraz?n siempre abierto y sin fronteras. ? El proceso educativo lasallista educa para la vida y para un trabajo socialmente productivo. Desde los inicios, el pragmatismo fue una de sus caracter?sticas ya que se trataba de responder a las necesidades concretas de los j?venes. Hoy es fundamental ayudar a integrar trabajo intelectual y trabajo manual; teor?a y pr?ctica; educaci?n y vida para dar a cada uno las herramientas que le permitan ser agente de desarrollo personal, comunitario y de promoci?n social. ? El proceso educativo lasallista se traduce en una asociaci?n para el servicio educativo de los pobres. Y esta asociaci?n la podemos vivir de dos maneras: directamente cuando trabajamos con ellos; indirectamente en todos los dem?s casos; y a nivel universitario, como nos lo pidi? el 42 Cap?tulo General, estudiando las causas de la pobreza y abriendo mentes y corazones para ser creativos en la respuesta a sus necesidades a partir de una profunda conciencia social. Sin olvidar lo que nos dice Gustavo Guti?rrez: Los pobres tienen hambre de pan, pero tambi?n de amistad, de cari?o, de respeto, darle tiempo a un pobre es una manera de acogerlo. No hay ser humano que pueda vivir con dignidad si no siente amistad y amor. ? El proceso educativo lasallista desemboca en un compromiso cristiano. Se ha dicho que creer hoy es comprometerse y la educaci?n lasallista pretende que sus destinatarios vivan una fe operativa en la pr?ctica del amor; que se preparen para ser creadores de relaciones m?s justas entre los pueblos; que se comprometan en la acci?n en favor de la justicia y la paz; que se interesen por la globalizaci?n de la solidaridad. Por ser cat?lico, est? abierto al ecumenismo y al di?logo interreligioso en actitud de respeto y de apertura a los valores que pueden enriquecernos mutuamente. Hablar de memoria, como desde el inicio lo he expresado, no nos atrapa en un pasado muy diferente al mundo cambiante de hoy, ni nos invita a refugiarnos en un recuerdo nost?lgico de lo que ya fue. Hablar de memoria nos sit?a en el hoy de nuestra historia. Las intuiciones de nuestros or?genes fundacionales deben ser parte de nuestro ser e incentivo que nos permita conocer mejor nuestra realidad y responder a sus necesidades. Por eso me parece muy adecuada la teor?a que hace Paul Ricoeur de la identidad narrativa que distingue la identidad concebida como lo mismo (idem) y la identidad concebida como s?-mismo (ipse). Esta ?ltima identidad es conforme a la estructura temporal din?mica y est? marcada por los relatos personales o colectivos que forman parte de nuestro ser. Es por eso que el sujeto de la acci?n aparece como el lector y el escritor de su propia vida. El agente act?a en el mundo y en el seno de un contexto dado, pero al mismo tiempo, el sentido de su acci?n s?lo le es accesible a trav?s de la lectura de su historia. Perm?taseme decir como conclusi?n que aquello que llamamos sujeto nunca est? dado desde el principio. O si est? dado, corre el riesgo de verse reducido al yo narcisista, ego?sta y avaro, del cual justamente nos puede librar la literatura. Ahora bien, lo que perdemos por el lado del narcisismo, lo ganamos por el lado de la identidad narrativa. En lugar del yo atrapado por s? mismo, nace un s? mismo instruido por los s?mbolos culturales, en cuya primera fila est?n los relatos recibidos de la tradici?n literaria. Son ellos quienes nos confieren una unidad no sustancial sino narrativa. (Ricoeur 1984: 57-58). Si la memoria es el presente del pasado y si nuestra identidad es narrativa, la deducci?n l?gica que podemos hacer es que hoy, como herederos de La Salle, debemos mantener vivo el fuego que nos vio nacer haciendo nuestras sus intuiciones, de manera que cada una de nuestras Universidades y centros de educaci?n superior sea capaz de continuar, desde otras coordenadas, la misi?n lasallista de poner al alcance de todos los medios de salvaci?n. Pero sin olvidar como nos lo recordaba el Hermano Carlos G?mez en su discurso de posesi?n en el 2008, citando a Michel de Certeau, la tradici?n est? muerta si queda intacta, si una invenci?n no la involucra d?ndole vida, si no se la innova mediante un acto que la recree (La faiblesse de croire, citado por Dominique Julia en el Pr?logo a ?La Gu?a de las Escuelas. Enfoque pedag?gico? de L?on Lauraire, Cahiers Lasalliens 62, Roma, 2006). 2. Comunidades de esperanza para la sociedad actual Si la memoria es el presente del pasado, la esperanza es la garant?a del futuro. Estoy convencido que hoy nuestras Universidades y Centros Superiores tienen como una de sus principales misiones mantener viva la esperanza en un mundo incierto y fragmentado en el que los grandes relatos han dejado su lugar a las experiencias inmediatas y gratificantes de poco calado. Vivir con esperanza es tener confianza en Dios y perseverar con fidelidad en la fe. Esperar es tener capacidad para ver, aun cuando nuestros ojos no vean. Es recuperar nuestra capacidad de so?ar un mundo mejor para todos, es cuestionar las estructuras y las ideolog?as inhumanas que hacen infelices a las personas y colaborar activamente para que nazca un mundo nuevo y liberado. Esperar es descubrir y acoger cada d?a la fuerza de vida de Cristo Resucitado, que hace nuevo este mundo con la fuerza de su Esp?ritu Santo (Silvio Jos? B?ez, o.c.d.). S? nuestras Universidades deben so?ar un mundo mejor, cuestionar las estructuras e ideolog?as inhumanas, colaborar para que nazca un mundo nuevo. La esperanza es un don, pero conlleva una tarea que se concretiza en signos significativos. Gustavo Guti?rrez en uno de sus escritos nos recuerda un pasaje iluminador del libro de Jerem?as. El pa?s esta devastado, amenazado por los caldeos al norte y por los egipcios al sur enfrentado en una guerra cuyas consecuencias sufre el pueblo jud?o. Estamos en los a?os previos al exilio de Babilonia. En esas circunstancias, viene un pariente para decirle que ?l, Jerem?as, tiene el primer derecho a comprar las tierras que deja un t?o de ambos. El profeta se pregunta qu? puede significar un terreno en un pa?s parcialmente destruido y del que la gente abandonaba sus propiedades y hu?a al extranjero. No obstante, de pronto se da cuenta de que el Se?or le habla a trav?s de ese hecho. Su tarea es levantar la esperanza de un pueblo, en medio de una crisis de su pueblo y de su propio abatimiento. Para hacerlo debe pisar tierra y testimoniar con gestos concretos que todav?a hay esperanza, que hay quien cree que las circunstancias del momento pueden ser superadas (Cf. Jerem?as 32, 6-15). ?No podr?an nuestras Universidades y Centros de Educaci?n Superior pensar en comprar un terreno en este momento de incertidumbre? Un terreno puede ser un proyecto que responda concretamente a las necesidades de los pobres, de los emigrantes, de los desempleados? Un terreno puede ser una investigaci?n cient?fica, sociol?gica o teol?gica que responda a problemas precisos y actuales. Un terreno podr?a ser un plan interdisciplinario que implique a los estudiantes en un proyecto de servicio? Un terreno puede ser un programa de extensi?n para maestros que necesitan actualizarse. Un terreno puede ser una campa?a de alfabetizaci?n o el apadrinar alg?n proyecto educativo o agr?cola en pa?ses empobrecidos. Las Universidades necesitan mucha creatividad evang?lica y mucha solidaridad humana. Ser comunidades de esperanza para la sociedad actual supone conocer bien nuestra realidad. Sabemos que partir de la realidad y descubrir en ella el plan salv?fico de Dios es uno de los puntos centrales de nuestra espiritualidad y de nuestra pedagog?a lasallista. No me canso de recordar la llamada que nos hizo el ?ltimo Cap?tulo General para que todos los lasallistas tengamos los ojos abiertos y los corazones encendidos. El pr?ximo S?nodo sobre Nueva Evangelizaci?n que se celebrar? en octubre, nos invita a saber leer y descifrar los escenarios presentes hoy en la historia humana. Sabemos que no podemos generalizar ni simplificar y que siempre una lectura local es indispensable, pero a nivel general estos escenarios pueden ayudarnos a situar el hoy de nuestras Universidades y Centros Superiores. 1. El escenario cultural en general nos muestra una ?poca de profunda secularizaci?n, secularizaci?n, que ha asumido un tono modesto, que ha permitido a esta forma cultural invadir la vida cotidiana de las personas y desarrollar una mentalidad en la cual Dios est?, de hecho, ausente, en todo o en parte, de la existencia y de la consciencia humana y se expresa en una cultura del relativismo y en una mentalidad hedonista y consumista. Sin embargo en otras regiones del mundo se asiste a un prometedor renacimiento religioso. 2. El escenario social: el gran fen?meno migratorio, que impulsa cada vez m?s a las personas a dejar sus pa?ses de origen y vivir en contextos urbanizados, modificando la geograf?a ?tnica de nuestras ciudades, de nuestras naciones y de nuestros continentes. Este fen?meno provoca un encuentro y una mezcla de culturas que nuestras sociedades no conoc?an desde hace siglos. Con este escenario social se relaciona el fen?meno de la globalizaci?n, con sus aspectos negativos si prevalece solamente la dimensi?n de mercado, pero que puede favorecer nuevas formas de solidaridad y el progreso de todos. 3. El escenario de los medios de comunicaci?n social, que hoy ofrecen enormes posibilidades no s?lo para el mundo industrializado, sino tambi?n para amplios sectores de los pa?ses en v?as de desarrollo. La difusi?n de esta cultura trae consigo indudables beneficios: mayor acceso a la informaci?n, mayor posibilidad de conocimiento, de intercambio, de formas nuevas de solidaridad, de capacidad de construir una cultura cada vez m?s de dimensi?n mundial, haciendo que los valores y los mejores frutos del pensamiento y de la expresi?n humana se transformen en patrimonio de todos. Sin embargo, existen riesgos de una profunda concentraci?n egoc?ntrica, de una exaltaci?n de la dimensi?n emotiva en la estructuraci?n de las relaciones y de los v?nculos sociales, de una p?rdida del valor objetivo de la experiencia de la reflexi?n y del pensamiento, reducida, en muchos casos, a un puro lugar de confirmaci?n del propio modo de sentir. 4. El escenario econ?mico, con los crecientes desequilibrios entre el Norte y el Sur del mundo en el acceso y en la distribuci?n de los recursos, as? como tambi?n en el da?o a la creaci?n. La duradera crisis econ?mica en la cual nos encontramos indica el problema del uso de las fuerzas materiales, que no encuentra f?cilmente las reglas de un mercado global capaz de tutelar una convivencia m?s justa. No obstante la comunicaci?n cotidiana de los medios reserve cada vez menos espacio para una lectura de estas problem?ticas a partir de la voz de los pobres, de las Iglesias, y yo a?adir?a, y de nuestras Universidades, se espera a?n mucho en t?rminos de sensibilizaci?n y de acci?n concreta. 5. El escenario de la investigaci?n cient?fica y tecnol?gica. Vivimos en una ?poca en la cual no cesamos de admirarnos por los maravillosos pasos que la investigaci?n ha sabido superar en estos campos. Es f?cil en un contexto digitalizado y globalizado hacer de la ciencia nuestra nueva religi?n, a la cual dirigir nuestras preguntas sobre la verdad y el sentido de la esperanza, sabiendo que solo recibiremos respuestas parciales e inadecuadas. 6. El escenario de la pol?tica, marcado por una p?rdida de confianza bastante generalizada y una p?rdida del poder de decisi?n a nivel mundial y nacional. En este escenario, existen temas y sectores que han de ser iluminados con la luz del Evangelio: el empe?o por la paz, el desarrollo y la liberaci?n de los pueblos; el mejoramiento de las formas de gobierno mundial y nacional; la construcci?n de formas posibles de escucha, convivencia, di?logo y colaboraci?n entre diversas culturas y religiones; la defensa de los derechos del hombre y de los pueblos, sobre todo de las minor?as; la promoci?n de los m?s d?biles; la protecci?n de la creaci?n y el empe?o por el futuro de nuestro planeta. El documento nos invita a observar estos escenarios, sabiendo superar el nivel emotivo de juicio defensivo y de miedo, para comprender objetivamente los signos de lo nuevo, junto a los desaf?os y a las fragilidades. (Cf. S?nodo de los obispos, XIII Asamblea General ordinaria, La Nueva Evangelizaci?n para la transmisi?n de la fe cristiana, n? 6). Desde una lectura secular, las Universidades lasallistas no pueden quedar insensibles a la Declaraci?n del Milenio adoptada por Las Naciones Unidas en el a?o 2000 que fue firmada por 147 jefes de estado y de gobierno, afirmando su responsabilidad colectiva de respetar y defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad en el plano mundial y su deber respecto de todos los habitantes del planeta, en especial los m?s vulnerables y, en particular, los ni?os del mundo a los que pertenece el futuro. El Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, se?alaba, que las Metas del Milenio nos pertenecen a todos. Necesitamos sentirnos parte de la iniciativa. Durante los pr?ximos siete a?os y medio cada d?a ser? una nueva jornada para poder ayudar a millones de personas en todo el mundo. Supuestamente estos objetivos deber?an ser alcanzados en el 2015, y han pasado ya 11 a?os. Creo que la pregunta obligada que podemos plantearnos es ?Qu? hemos hecho, qu? han hecho nuestras Universidades para colaborar en esta iniciativa?, pero posiblemente m?s importante, ?qu? vamos a hacer en los pr?ximos 4 a?os, para: a) erradicar la pobreza extrema y el hambre, b) lograr la ense?anza primaria universal, c) promover la igualdad entre los g?neros y la autonom?a de la mujer, d) reducir la mortalidad infantil, e) mejorar la salud materna, f) combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, g) garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, h) fomentar una asociaci?n mundial para el desarrollo? CONCLUSION: Las Universidades Lasallistas, Comunidades de memoria y de esperanza. La meta es muy alta y los desaf?os abundantes. Pero vale la pena porque lo que est? en juego es el futuro de la humanidad. Enraizados en la tradici?n de sabidur?a cristiana-lasallista debemos reflexionar sobre nuestra identidad, sobre aquello que nos caracteriza y hace que nuestras universidades sean diferentes a partir de una memoria que nos dinamiza y de una esperanza que responde a las urgencias del mundo y a las necesidades de los j?venes. Pero tambi?n, asociados en la memoria y esperanza, debemos potenciar a nivel internacional el intercambio y la colaboraci?n. Con ocasi?n de los 125 a?os de la Universidad de Deusto en septiembre del 2011, el Prep?sito General de los Jesuitas situaba las Universidades en el siguiente contexto. Nos encontramos hoy en una encrucijada: c?mo armonizar el necesario desarrollo y la dimensi?n utilitaria del saber con la reflexi?n sobre los fines y el sentido; con el conjunto de las dimensiones de la misma realidad que no se circunscriben a la mera utilidad pr?ctica. C?mo conseguir que la eficacia de los logros de la Universidad tenga en cuenta la libertad de un pensamiento capaz de generar nuevas visiones; un pensamiento que no convierta el corto plazo en el ?nico valor; que no anteponga los medios a los fines del saber; que no olvide que el saber no debe convertirse en instrumento de poder, sino de servicio (P. Adolfo Nicol?s). Y el Papa nos hablaba del horizonte que debe guiar hoy nuestra misi?n: El horizonte que anima el trabajo universitario puede y debe ser la pasi?n aut?ntica por el hombre. Solo en el servicio al hombre, la ciencia se desarrolla como un cultivo verdadero y custodia del universo (cf. Gen 2, 15) (BENEDICTO XVI, Discurso a la Universidad cat?lica del Sagrado Coraz?n en su 90? aniversario. Roma, mayo de 2011). Creo que ?ste es hoy tambi?n nuestro desaf?o y que por eso debemos ser memoria y esperanza. Y es una llamada a estar cerca y a responder a nuestra realidad. Conscientes de que: la verdad de la realidad no es lo ya hecho; eso es s?lo una parte de la realidad. Si no nos volvemos a lo que est? haci?ndose y a lo que est? por hacer, se nos escapa la verdad de la realidad. Hay que hacer la verdad, lo cual no supone poner en ejecuci?n, realizar lo que ya se sabe, sino hacer aquella realidad que en juego de praxis y teor?a se muestra como verdadera. (Ellacur?a, Ignacio. La filosof?a de la realidad hist?rica. UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 1994). Algo semejante aconsejaba ya el Fundador a los Hermanos: No se preocupen tanto de saber c?mo puedan ejecutar con perfecci?n lo que tienen que hacer, cuanto de hacerlo con toda la perfecci?n que sepan; pues, obrando con la perfecci?n que saben, merecer?n aprender y saber lo que todav?a ignoran. (Colecci?n, Consideraciones que deben hacer los Hermanos de vez en cuando y sobre todo durante el Retiro, IX). Se trata de aprender haciendo, de hacer la verdad uniendo teor?a y praxis, memoria y esperanza. Las Universidades lasallistas, comunidades de memoria y esperanza. Creo que ya lo est?n siendo pero que todav?a podemos hacer m?s. El profetismo que debe animarnos es la fuerza que impide a la memoria de estancarse en el pasado y al mismo tiempo, impide a la esperanza diluirse en un futuro lejano e ilusorio. Un proyecto universitario que fuese solamente la promoci?n de un desarrollo tecnol?gico, que fuese solamente un pragmatismo pr?ctico para desarrollar una carrera, o que se contentara con disfrutar de un humanismo cl?sico, tendr?a poco que ver con la memoria y la esperanza. Pero por el contrario, un proyecto que no se contenta con la repetici?n de un curr?culo de ayer, sino que por la investigaci?n y el descubrimiento de nuevos conocimientos compromete a los j?venes a transformar el mundo y la sociedad con miras al bien com?n, es un proyecto que vive en tensi?n creadora y fecunda el ser memoria y esperanza. Hermano ?lvaro Rodr?guez Echeverr?a Superior General

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