ALTERNATIVAS

Miguel Ángel Rodríguez E.

Dr. Miguel Angel Rodriguez EcheverriaHace dos meses publiqué un llamado respetuoso, pero vehemente, para que las autoridades preparasen el inicio de lecciones presenciales para el año entrante. Hoy lo reitero

A mediano y a largo plazo el mayor costo de la pandemia que sufrimos es la pérdida de formación de habilidades en nuestros estudiantes. Esa pérdida los afectará a ellos y a sus familias por muchos años, robándoles oportunidades para su superación y bienestar, y causará grave costo a la nación por la menor productividad de sus trabajadores.

Bien lo sabemos porque todavía -y por al menos por otra década más- sufrimos el costo de la disminución de la matrícula en secundaria a causa de la crisis de hace 40 años.

Andrés Fernández, en colaboración con el Banco Mundial, ha estimado que la falta de clases presenciales de este año equivale a la pérdida de casi dos tercios del ciclo lectivo.

Con un simple cálculo de regla de tres, la pérdida de clases en 2018 y 2019 significa la pérdida adicional de una quinta parte de año lectivo. Además, en otros lares se ha determinado que la suspensión de cursos presenciales agranda la deserción escolar, generando otro gran costo social y económico.

El impacto de la pandemia y la falta de conectividad han afectado muy severamente a las familias más pobres. El efecto es mucho mayor en las familias más pobres pues el impacto negativo es 3 veces mayor en los estudiantes del quintil de menores ingresos comparado con el efecto en los alumnos del quintil de mayores ingresos.

La menor conectividad lo mismo que las condiciones de sus familias causan esta dolorosa circunstancia. Esto hace aún más costosa esta pérdida porque elimina oportunidades a las personas que más las necesitan

El covid-19 mermó la furia de su ataque en nuestra contra en los últimos dos meses y nos libramos de la saturación y colapso de nuestros servicios hospitalarios. La tasa de contagio bajó, y ello nos permitió continuar con el maravilloso resultado curativo que ha generado nuestro sistema de salud.

Somos el cuarto país con la tasa de letalidad más baja de América, incluso menor a la del milagroso Uruguay, pues solo se han sufrido 1,26 muertes por cada 100 personas contagiadas. Solo tres pequeñas islas caribeñas nos superan.

Pero en contagios por millón de personas no hemos sido tan eficientes, ha operado mejor la medicina curativa que las medidas preventivas.

Por la alta tasa de contagio en relación con habitantes (ocupamos la posición 31 entre los 40 países de América de menor a mayor por contagios por millón de habitantes) tampoco tenemos una situación más que mediocre en cuanto a muertes por millón de habitantes (somos el país 21 entre los cuarenta con menos muertes con relación a habitantes).

Pero desdichadamente la tasa de contagio ha vuelto a ser mayor a 1 lo que de mantenerse acelerará la diseminación de la enfermedad y ya las unidades de cuidados intensivos están al 90% de su capacidad.

Esto podría inclinar a no tener de nuevo clases presenciales al menos al inicio del curso lectivo de 2021.

Sería un inmenso y muy costoso error. No tiene sentido abrir bares y restaurantes y cerrar las escuelas.

Los estudios que se han venido realizando indican que, aunque los niños si se pueden enfermar y contagiar, lo hacen en proporciones muy bajas, al menos los que asisten a primaria. Un estudio de 10 distinguidos investigadores (COVID-19 Transmission in US Child Care Programs) publicado en Pediatrics concluye: “En el contexto de importantes esfuerzos para mitigar la infección en los centros que atienden niños en los EEUU, no se aprecia que las personas expuestas por cuidar niños en los meses iniciales de la pandemia tuvieran un riesgo mayor de contraer Covid-19”

La magnitud del riesgo de contagio en colegios de secundaria está menos determinada.  Pero muchos expertos de EE.UU. y el Reino Unido consideran que en esos centros docentes se puede contener el contagio siempre que la tasa de expansión del virus en la comunidad sea baja y que se tomen las precauciones necesarias: clases aireadas ( se pueden usar corredores externos y otras facilidades de la comunidad); distancia entre estudiantes y entre ellos y los docentes (alternar turnos, ampliar las jornadas de trabajo  y usar otros espacios además de las aulas) proveer de mascarillas a estudiantes y maestros; impedir a terceros el ingreso a las instalaciones; lavado frecuente de manos.

Pero claro que ello demanda una importante labor preparatoria de las autoridades de educación y de salud y muy probablemente será necesario un enfoque diferenciado por regiones y condiciones de las escuelas y colegios.

Miguel Angel Rodríguez

Ex Presidente de la República

Fecha de publicación: 24-Noviembre-2020

Fuente: diarioextra.com


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